Trabajadores pesqueros hacia Álvarez Castellano: “vamos a salir por la mitad de lo que ganábamos el año anterior”

Chubut25/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La apertura en aguas nacionales asoma sin acuerdo salarial, con acusaciones cruzadas, temor a contratos por afuera y una pelea que amenaza otra temporada rota.

Juan Navarro SOMU
Juan Navarro SOMU

La temporada de langostino en aguas nacionales se acerca con una escena que el sector ya conoce demasiado y que nadie puede mirar con liviandad. A pocos días de una posible apertura en el 41 Norte, el SOMU sostiene que las cámaras empresarias buscan imponer una rebaja que llevaría el ingreso de los marineros a casi la mitad del año pasado y advierte que detrás de esa discusión salarial también aparece otra disputa, más profunda, sobre quién fija las reglas de salida a pescar. Lo que hoy se discute no es sólo un número en una mesa paritaria, sino la posibilidad de que el arranque de la zafra vuelva a quedar atrapado entre presión empresaria, conflictividad gremial y maniobras para romper la negociación colectiva.

Juan Navarro, secretario de Pesca del sindicato, describió ese punto con una dureza que expone hasta qué nivel se tensó el vínculo con un sector empresario identificado en la entrevista con Fernando Álvarez Castellano. Para el dirigente, la intención de imponer acuerdos individuales no nació ahora, sino que forma parte de una estrategia anterior que reaparece cuando la negociación formal no entrega el resultado que las empresas pretenden. En ese marco, sostuvo que “si este señor quiere hacer desde el año pasado firmar contratos individuales eso ya lo intentó”, y remarcó que ni siquiera trabajadores vinculados a ese mismo espacio aceptaron salir por los valores pretendidos.


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La cuenta que hace el sindicato es la que hoy empuja el conflicto hacia una zona de máximo riesgo. Navarro aseguró que la propuesta empresarial replica la del año pasado y plantea una baja del 22% en el precio del langostino, a la que se suma otro 22% ligado al valor dólar previsto por convenio, lo que en la práctica, según la lectura gremial, implica una poda del 44% sobre el ingreso. El dirigente lo resumió de forma brutal al afirmar que “vamos a salir por la mitad de lo que ganábamos el año anterior”, una frase que deja ver por qué el desacuerdo ya no aparece como una diferencia técnica sino como un punto de quiebre.

Esa discusión salarial no queda aislada del resto del negocio, porque el sindicato la conecta con decisiones empresarias que, a su entender, contradicen el discurso de crisis permanente. Navarro cuestionó que se hable de falta de rentabilidad mientras al mismo tiempo se anuncian nuevas inversiones, plantas e intentos de expansión sobre el negocio langostinero. En esa línea, planteó que “si yo tengo un negocio y no me da ganancia no voy a seguir invirtiendo”, y usó esa contradicción para rechazar la idea de que la única salida posible sea descargar el ajuste sobre los tripulantes.


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El otro punto que el sindicalista puso sobre la mesa es todavía más sensible, porque corre la discusión desde el salario hacia la estructura futura del mercado. Navarro sostuvo que el interés por el langostino cotizado no responde sólo a una búsqueda de orden comercial, sino a una avanzada para concentrar permisos, absorber microemprendimientos y consolidar una posición dominante en la actividad. Por eso afirmó que “quieren hacer un monopolio del langostino”, una definición política y económica que amplía el conflicto y lo saca del carril exclusivo de la paritaria.

En el medio de esa pulseada aparece también la interna del propio sindicato, que lejos de quedar afuera, suma ruido en un momento especialmente delicado. Navarro minimizó que la judicialización de la elección entorpezca de manera decisiva las tratativas con las cámaras, pero cargó con fuerza sobre la lista opositora y denunció que para oficializarla hubo falsificación de firmas y presentaciones penales de compañeros que no habían dado su aval. Además, vinculó a ese armado con el universo político y sindical de Omar “Caballo” Suárez, al señalar que esa corriente propone un regreso a una etapa que, según su visión, sólo beneficiaba a sectores patronales acostumbrados a negociar con dirigencias más dóciles.

Esa mezcla entre interna gremial, presión patronal y cercanía de la apertura vuelve más incómodo cada movimiento. Según contó el dirigente, las conversaciones con las cámaras existen desde enero y responden al compromiso asumido ante el Ministerio de Trabajo cuando se cerró la salida laboral del año pasado, aunque afirmó que hasta ahora no apareció ninguna propuesta nueva y que ni siquiera hubo un traslado formal distinto al esquema que las empresas ya habían intentado imponer. En otras palabras, el sindicato sostiene que discute desde hace meses, pero sobre una base que considera inaceptable desde el primer día.


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La preocupación central pasa por evitar que esa falta de acuerdo desemboque en otro parate prolongado cuando la ventana de pesca ya está encima. Navarro dijo que para el 10 de abril podría abrirse la pesca al norte del paralelo 41, aunque advirtió que algunas voces empresarias ya dejaron trascender que no saldrán a operar si antes no consiguen el acuerdo en los términos que impulsan. Esa amenaza altera toda la cadena, porque la pesca no se agota en el barco: compromete estiba, plantas, servicios, transporte y cada uno de los empleos que se activan cuando el primer eslabón trae la especie a tierra.

En ese punto, el recuerdo del año pasado funciona menos como antecedente histórico que como advertencia concreta. Navarro sostuvo que el paro sindical duró apenas dos días y que luego fue la propia patronal la que empujó cinco meses de bloqueo, con pérdidas para los trabajadores, las empresas, el sindicato, el Estado y toda la trama de servicios que depende de la actividad. Por eso rechazó que se intente cargar toda la responsabilidad sobre el gremio y remarcó que el daño anterior no salió de una negativa cerrada a trabajar, sino de una decisión empresarial de sostener el conflicto hasta quebrar condiciones salariales.


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La nota más áspera de la entrevista quedó, de todos modos, en la desconfianza sobre el verdadero objetivo de algunos actores de peso dentro del negocio. Navarro acusó a Álvarez Castellano de buscar desde hace tiempo una vía de negociación por fuera del sindicato y de intentar desgastar la unidad de los trabajadores cuando no obtiene interlocutores funcionales. Lo dijo sin rodeos al señalar que “él no negocia con el sindicato” y que, aun así, intentó influir por otras ventanillas cuando la conducción gremial no abrió esa puerta.

La temporada todavía no empezó, pero el conflicto ya muestra un límite operativo claro y difícil de disimular. Sin acuerdo sobre el valor del langostino, con sospechas de contratos individuales, con una interna sindical judicializada y con empresas que amenazan no mover los barcos, la pesca nacional vuelve a quedar frente a una zona de fragilidad que excede la pelea del día. Lo que se defina en estas horas no sólo ordenará cuánto cobrará un marinero, sino también bajo qué reglas saldrá a trabajar una de las actividades más sensibles del litoral marítimo argentino. 

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