
De Sierra Grande a Brasil, el lugar donde el invierno no existe y el turismo no para
Turismo25/03/2026
REDACCIÓNLa postal no es la de una turista ocasional. Es la de alguien que cambió la Patagonia por el calor constante y que hoy describe, desde adentro, cómo se vive en uno de los destinos más buscados de Brasil. Desde Praia do Forte, en Bahía, Florencia Bacciadone en "Patagónicos por el Mundo", cuenta cómo es la vida cotidiana en un lugar donde la temperatura rara vez baja de los 28 grados.

Instalada hace años en el nordeste brasileño, la mujer nacida en Sierra Grande y que estudiando Turismo conoció a su esposo nacido en Brasil, trabaja en una posada y combina su rutina laboral con momentos que, en muchos casos, se parecen más a unas vacaciones que a una jornada tradicional. “De remerita y ojotas todo el año”, resume, al explicar cómo se vive en un clima que no conoce el abrigo.
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El contraste con la Patagonia aparece inevitablemente. Mientras en ciudades como Puerto Madryn o Sierra Grande el viento puede cambiar todo en cuestión de minutos, en esa región de Brasil el clima es estable y previsible. “Acá en el nordeste hace más calor... es muy agradable la temperatura”, describe.
Esa constancia climática es uno de los factores que explican el crecimiento sostenido del turismo. Sin embargo, Bacciadone pone el foco en un dato que suele pasar desapercibido: los mejores momentos para viajar no coinciden con la temporada alta. “La mejor época es cuando es fuera de temporada... marzo, abril, agosto, septiembre y octubre”, recomienda.
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El motivo no es solo económico. También tiene que ver con la experiencia. “Es más barato, hay menos gente, entonces podés disfrutar”, asegura, marcando una diferencia clara con enero, cuando la demanda se dispara. El flujo de argentinos en todo Brasil es constante y, según su mirada, nunca se interrumpió. Aunque reconoce variaciones en el nivel de gasto, destaca un cambio reciente. “Este año se sintió como que estaban más haciendo paseos, gastando, quedándose más días”, explica.
En paralelo, el destino también recibe visitantes de otras partes del mundo. Europeos e israelíes aparecen entre los grupos que crecieron en cantidad. Para Bacciadone, hay un motivo que va más allá del turismo tradicional. “Son lugares tranquilos, lejos de cualquier problema”, señala, en referencia al contexto internacional.
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La vida laboral en ese entorno turístico tiene sus propias reglas. Jornadas organizadas en turnos, seis días de trabajo por uno de descanso y horarios que permiten aprovechar el día. “A la mañana tranquilamente puedo ir a la playa”, cuenta, describiendo una rutina que mezcla trabajo con ocio.
En ese escenario, la gastronomía también forma parte de la experiencia. Platos típicos como la muqueca, elaborada con pescado, leche de coco y especias, forman parte del día a día. “La verdad que es muy rico, no me costó acostumbrarme a las comidas típicas del lugar”, dice al referirse a uno de los platos más representativos de Bahía.
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Pero más allá del paisaje y la comida, hay un aspecto que pesa en lo personal. La distancia no borra los vínculos. “Extraño mucho a la gente, los amigos, la familia”, enumera cuando habla de lo que extraña de la Patagonia. Y reconoce que los viajes frecuentes de sus seres queridos ayudan a acortar esa distancia.
En esa mezcla de arraigo y adaptación, también aparece una valoración sobre el cambio de vida. “Calidad de vida... la vida del día a día acá es más completa”, afirma, al comparar su presente con la rutina que llevaba en Argentina. Desde su lugar en Brasil, Florencia Bacciadone, junto a su esposo y su hijo, no solo observa el movimiento turístico, también invita a experimentarlo. Sostiene que el país ofrece opciones diversas, desde playas hasta selva y ciudades. Y, sobre todo, insiste en una idea: viajar en un momento del año que no sea la época tradicional, puede cambiar completamente la experiencia.
















