
La mayor avícola del país perdió más de 100 productores y su faena cayó a un tercio
Actualidad28/03/2026
REDACCIÓNLa mayor avícola del país quedó con apenas el 40% de sus granjas integradas, entre pagos demorados, menor actividad y una cadena que ya busca salida.

Granja Tres Arroyos atraviesa una contracción que ya no se mide sólo en balances o en cheques rechazados, sino en granjas que se van, pollos que ya no entran al circuito y productores que buscan refugio en otros frigoríficos. La empresa, que supo faenar 700.000 pollos diarios, hoy apenas llega a 200.000, según datos mencionados por referentes del sector. En paralelo, alrededor de 120 productores dejaron de operar bajo el esquema integrado que sostenían con la firma y el impacto ya se expandió sobre buena parte de la avicultura entrerriana.
La salida de productores modificó de manera directa la estructura con la que trabajaba la compañía en Entre Ríos. De acuerdo con la información expuesta en el sector, el éxodo ya alcanzó al 60% de las granjas que operaban con la firma, por lo que la empresa quedó con apenas el 40% de las integradas que tenía inicialmente. Ese retroceso no expresa solamente un recorte numérico, sino la pérdida de una red productiva que resultaba central para sostener el volumen histórico de la principal procesadora de pollos del país.


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La crisis se volvió más áspera porque combina varios frentes al mismo tiempo. Por un lado, productores y dirigentes describen atrasos en pagos, problemas operativos y falta de definiciones sobre lo que puede venir. Por otro, hasta mediados de febrero la empresa acumulaba 224 cheques rechazados por más de $7000 millones, en medio de tensiones comerciales y demoras en obligaciones previsionales, un telón de fondo que agrandó la desconfianza dentro de la cadena.
Desde la compañía, sin embargo, transmitieron una lectura menos dramática del presente. “Seguimos avanzando en el ordenamiento de nuestros compromisos con los granjeros, lo cual constituye nuestra principal prioridad. Al mismo tiempo, mantenemos el suministro de pollos a las granjas con normalidad. A su vez, sostenemos un diálogo fluido con todos los actores involucrados y el abastecimiento de alimento se encuentra plenamente normalizado”, informaron. Esa postura intenta mostrar estabilidad en el abastecimiento y en la relación con los productores, aunque en el terreno la percepción que circula entre los integrados es bastante más incierta.
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Uno de los que describió esa otra cara fue Ricardo Unrein, de la Cámara Argentina de Productores Integrados de Pollos (Capit) e integrante de la comisión de avicultura de CRA. Según planteó, la situación no ofreció cambios relevantes y la operatoria sigue arrastrando dificultades que pegan de lleno sobre la producción. “No ha cambiado nada, siguen en la misma temática”, sostuvo, antes de detallar que la empresa continúa retirando animales con bajo peso y mantiene irregularidades en la provisión de alimento.
La alimentación aparece, de hecho, como uno de los puntos más delicados de la crisis porque incide directamente sobre el resultado productivo. “Siguen mandando una tanda de alimentos, se termina ese alimento que le aguantan dos días al pollo y después suelen estar otra vez dos días sin comer”, señaló Unrein. Ese funcionamiento irregular no sólo afecta el crecimiento de los animales, sino que también deteriora la previsibilidad mínima que necesita cualquier productor integrado para ordenar su trabajo y sostener su relación con la empresa.
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En ese marco, los que todavía siguen dentro del esquema no necesariamente lo hacen por confianza en una recuperación. Muchos permanecen porque tienen acreencias pendientes y sienten que cortar el vínculo ahora podría alejarlos de la posibilidad de cobrar. “Hay gente que se ha quedado solo porque le están debiendo hasta tres crianzas, entonces se queda con la esperanza de cobrar eso y le sigue criando”, explicó Unrein, mientras otros tomaron el camino opuesto y se integraron a frigoríficos de la región para tratar de asegurar continuidad.
El problema no termina en la falta de pagos o en la baja de actividad, porque también empieza a cerrarse el margen operativo para sostener la integración. Según Unrein, la empresa ya no cuenta con suficientes pollitos para abastecer a todas las granjas que podrían seguir trabajando, dado que el stock disponible ya estaría programado. A eso se suma la reprogramación de cheques rechazados para mayo, una fecha que quedó instalada como próxima referencia para medir si la firma consigue aliviar parte de la tensión financiera o si el deterioro sigue escalando.
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La permanencia de ese cuadro obliga a muchos productores a sostenerse con actividades paralelas de escala reducida. En general, explicó el dirigente, se trata de chacras de 30 o 40 hectáreas donde la avicultura convive con algo de ganadería o con producción porcina menor. Esa combinación les permite resistir, pero también muestra que la integración con la empresa dejó de ser un sostén firme y pasó a convivir con estrategias de supervivencia cada vez más precarias.
La crisis de Granja Tres Arroyos ya desbordó a la empresa y alcanzó a toda la red regional que dependía de su funcionamiento. El retroceso de la faena, la migración de productores, la espera por cobros reprogramados y la falta de un horizonte claro dejaron a la cadena avícola entrerriana sin capacidad de planificar inversiones o mejoras mínimas. Por ahora, el núcleo del problema sigue intacto: una firma que intenta ordenar compromisos, una base productiva que se achica y un sistema integrado que perdió escala mucho más rápido de lo que encuentra respuestas.
Fuente: LA NACION.
















