Gaiman toma el GIRSU con una celda al 60% y una planta que quedó chica

Chubut31/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Darío James describió un sistema que cerró basurales a cielo abierto, pero arrastra baja separación, mal uso de puntos limpios y obras urgentes.

Dario James
Dario James

La gestión regional de residuos en el valle arranca una nueva etapa con un dato que no admite demasiada espera: la celda número 2 ya está utilizada en un 60% y la planta de separación de Trelew empieza a quedar chica para la demanda actual. Desde ese frente concreto, y no desde una descripción institucional del consorcio, quedó planteado uno de los ejes más delicados de la entrevista que Darío James brindó en “El Quinto Poder” por #LA17. El intendente de Gaiman asumió otra vez la presidencia del GIRSU y dejó una radiografía con resultados visibles, pero también con límites operativos cada vez más marcados.

James explicó que esta es su segunda oportunidad al frente del esquema, dentro de un sistema rotativo que integran Dolavon, Gaiman, Trelew, Rawson y Puerto Madryn. En esa estructura, la planta de separación ubicada en Trelew recibe residuos de Rawson, Dolavon y Gaiman, mientras que Puerto Madryn trabaja con su propio circuito. La disposición final, agregó, está tercerizada desde hace años con la empresa Urbaser, en el marco de un contrato previo que sigue vigente.


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Esa arquitectura regional, según el propio intendente, resolvió un problema que durante años resultó muy difícil de manejar para varios municipios. James sostuvo que en el caso puntual de Gaiman el sistema permitió dejar atrás un panorama muy deteriorado y reducir de manera fuerte el volumen de residuos dispersos. Incluso afirmó que el viejo basural abierto quedó prácticamente desactivado y que ahora lo que resta en superficie son principalmente podas y escombros, una mejora concreta frente a una postal que durante mucho tiempo marcó a la comarca.

Ahí aparece una de las tensiones más claras de su diagnóstico. Por un lado, el intendente defendió el resultado del sistema porque permitió cerrar o reducir basurales a cielo abierto y ordenar una parte crítica de la gestión urbana; por el otro, admitió que la herramienta actual está lejos de ser la mejor disponible. “No es lo ideal, pero es lo que se puede hacer”, resumió, al comparar la experiencia local con alternativas que en otras partes del mundo ya aprovechan residuos para generar energía o sostener otros circuitos productivos.


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La limitación económica cruza todo ese razonamiento y James la planteó sin vueltas. Dijo que existen tecnologías más avanzadas, pero que hoy los costos no permiten aplicarlas en la región, sobre todo porque cualquier salto de escala termina recayendo sobre el bolsillo del contribuyente. En ese punto, la gestión de residuos queda atravesada por una lógica que excede el ambiente y pega también sobre las finanzas municipales y el margen real de inversión. 

Otro de los núcleos más problemáticos de la entrevista tuvo que ver con la separación en origen y el rendimiento del sistema. James advirtió que del total de basura que llega al circuito solo se recupera “un 4%, nada más”, una cifra muy baja para un esquema que hace años intenta instalar hábitos de clasificación domiciliaria. A su criterio, el problema no está solo en la falta de campañas, porque aseguró que hubo inversión en difusión y concientización, sino en la persistencia de conductas que mezclan materiales, contaminan la carga y vuelven casi inútil parte del trabajo previo.


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Ese mismo déficit se ve, según relató, en el uso de los puntos limpios, donde la intención original termina desvirtuada por prácticas ajenas a cualquier criterio ambiental. James contó que en sectores rurales incluso debieron retirar contenedores porque llegaba gente desde la ciudad a arrojar residuos que no correspondían. “Ponen basura que no corresponde”, dijo, antes de enumerar escenas extremas como el descarte de animales muertos, vísceras, colchones, sillones e incluso perros atados con cachorros, un retrato que expone el costado social más crudo del problema.

Frente a ese panorama, el intendente insistió con una idea que viene repitiendo desde hace tiempo y que volvió a poner sobre la mesa durante la charla. Sostuvo que la conciencia ambiental no se construye solo con campañas ocasionales, sino desde edades tempranas y con participación del sistema educativo. “Los únicos que nos pueden cambiar la cabeza son nuestros hijos, nuestros chicos”, afirmó, al reclamar un trabajo más sostenido desde el jardín de infantes y la escuela sobre la relación entre residuos, ambiente y hábitos cotidianos.

La parte más urgente de la agenda, de todos modos, aparece en las obras y definiciones que el consorcio ya no puede seguir pateando demasiado. James confirmó que habrá que proyectar una celda número 3, avanzar con un proyecto de ingeniería para esa nueva disposición final y ampliar la planta de separación de Trelew, porque el crecimiento de los volúmenes ya presiona sobre la infraestructura existente. Con una celda habilitada, según recordó, en 2023, con uso también por parte de privados y con costos millonarios para cada ampliación, el GIRSU entra en una etapa donde el orden conseguido ya no alcanza por sí solo: ahora necesita escala, inversión y capacidad de respuesta para no volver a quedar atrás. 

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