El fuego se apagó, pero dejó una marca enorme en la cordillera

Actualidad31/03/2026Sergio BustosSergio Bustos

El incendio forestal que mantuvo en vilo a la cordillera chubutense durante semanas finalmente llegó a su cierre. Las autoridades confirmaron que el foco en Puerto Patriada, en la zona de El Hoyo, fue declarado extinguido luego de un proceso largo, complejo y sostenido en condiciones extremas. La noticia pone fin a uno de los episodios más devastadores registrados en la región en los últimos años.

extinguio incendio
El lago rodeado de bosques quemados.

El fuego, que comenzó el 5 de enero, avanzó con una intensidad poco habitual y afectó amplias áreas cercanas a Epuyén, extendiéndose incluso hacia los alrededores de Cholila. En total, el área dañada supera las 30.000 hectáreas, incluyendo bosque nativo, forestaciones implantadas y sectores de matorral. La magnitud del evento obligó a desplegar un operativo de gran escala que se sostuvo durante meses.

Las condiciones climáticas jugaron un papel determinante en el desarrollo del incendio. Desde el Gobierno provincial señalaron que la sequía y los factores meteorológicos adversos generaron un comportamiento extremo del fuego, con una propagación rápida que complicó las tareas de control en cada jornada. Ese escenario exigió un esfuerzo constante por parte de brigadistas y bomberos voluntarios que trabajaron sin pausa.


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El incendio logró ser controlado hacia el 19 de febrero, pero el proceso no terminó allí. Durante más de 40 días se desarrollaron tareas de guardia de cenizas, una etapa clave para evitar rebrotes en zonas donde el calor permanece oculto en el suelo, raíces o troncos. Recién después de ese trabajo minucioso se pudo declarar oficialmente extinguido el foco.

“Este cierre marca el final de un proceso largo y complejo, atravesado por semanas de trabajo intenso”, indicaron desde la Secretaría de Bosques. La definición resume el esfuerzo que implicó sostener operativos diarios en terrenos de difícil acceso, donde cada foco residual debía ser detectado y enfriado para evitar nuevas activaciones.

Las lluvias de mediados de febrero marcaron un punto de inflexión en el combate. A partir de ese momento, las condiciones comenzaron a jugar a favor y permitieron consolidar las líneas de control. Sin embargo, el trabajo continuó con monitoreos permanentes, recorridas y tareas específicas sobre puntos calientes detectados dentro del área afectada.


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El operativo implicó desplegar equipos en sectores como El Coihue, la estancia Las Golondrinas y la laguna Las Mercedes, además de otras zonas de difícil acceso. Allí, los brigadistas debieron revisar troncos, áreas de turba y raíces, elementos que pueden conservar temperatura durante semanas y reactivar focos si no se intervienen a tiempo.

Más allá del cierre operativo, el impacto ambiental deja una huella profunda. En los primeros días del incendio, solo en 48 horas, el fuego arrasó más de 2.000 hectáreas en áreas sensibles como el cerro Pirque, una zona que albergaba bosques nativos de alto valor ecológico. Ese sector había logrado mantenerse intacto desde un incendio anterior ocurrido en 1987, lo que lo convertía en un espacio de especial interés para la conservación.

Especialistas habían advertido desde el inicio sobre la importancia de ese ecosistema. Se trataba de un bosque maduro con especies como ciprés, coihue y lenga, además de una diversidad biológica significativa en sectores húmedos. La pérdida de ese ambiente representa un retroceso difícil de revertir en el corto plazo, tanto por su valor natural como por su complejidad ecológica.


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Otro de los factores que influyó en la intensidad del incendio fue la presencia de forestaciones implantadas, especialmente pinares de rápido crecimiento. Estas especies, introducidas en distintas zonas de la Patagonia andina, tienden a expandirse y a modificar las condiciones del entorno, lo que puede favorecer la propagación del fuego y afectar la regeneración de los bosques nativos.

La zona de Puerto Patriada y el cerro Pirque ya atravesó varios incendios en las últimas décadas. Desde 1987, se registraron al menos cuatro eventos de magnitud en ese mismo sector, lo que evidencia una recurrencia que preocupa tanto a autoridades como a especialistas. La combinación de factores naturales y antrópicos vuelve a poner en discusión las condiciones de manejo y conservación de estos ambientes.

Mientras tanto, la investigación judicial sobre el origen del incendio sigue en curso. Con el foco ya extinguido, la atención empieza a desplazarse hacia las consecuencias, la recuperación de las áreas afectadas y las medidas necesarias para prevenir nuevos episodios en una región donde el fuego vuelve a aparecer como una amenaza recurrente.

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