
Cinco futbolistas de la Selección le pusieron nombre a la denuncia por abuso sexual contra Guacci
Policiales31/03/2026
REDACCIÓNDespués de años bajo anonimato procesal, cuatro jugadoras hablaron en público sobre la denuncia ante FIFA y sobre la exposición que siguió.

Cinco futbolistas vinculadas a la selección argentina femenina denunciaron ante la FIFA al entrenador Diego Guacci por presunto acoso y abuso sexual, y ahora cuatro de ellas resolvieron hablar con nombre propio después de años de resguardo. La investigación publicada por LA NACION sostiene que la presentación se hizo en mayo de 2021 a través de FIFPRO, cuando Guacci trabajaba en el área de selecciones juveniles femeninas de la AFA. El caso volvió a quedar bajo luz pública no por una sanción, sino por el paso que dieron las futbolistas al exponer lo que describen como un ciclo de hostigamiento, manipulación y represalias.
La novedad más fuerte del expediente no está en el origen de la denuncia, sino en el quiebre del silencio. Luana Muñoz, Gabriela Garton, Aldana Cometti y Camila Gómez Ares aceptaron ser identificadas públicamente después de que, según la investigación, sus nombres dejaran de estar resguardados. El texto sostiene que ellas decidieron hablar porque la exposición ya se había producido y porque, además de los hechos denunciados, hubo un costo posterior que describen como persecución.


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El recorrido en FIFA dejó una resolución ambigua y decisiva al mismo tiempo. La Cámara de Investigación concluyó, según la nota, que había incumplimientos al código disciplinario y de ética en los cinco casos y recomendó sancionar al entrenador. Pero la Sala de Adjudicación llamó a audiencia sólo a Guacci, no convocó a las denunciantes y cerró luego la investigación al considerar que “las pruebas en el expediente son insuficientes para corroborar los hechos relatados por las jugadoras”, aunque aclaró que esa conclusión “no debe considerarse como un reconocimiento de que los hechos denunciados no ocurrieron”. FIFPRO cuestionó entonces la decisión y remarcó que las jugadoras no tenían derecho de apelación.
La reconstrucción periodística agrega un punto especialmente sensible: durante su audiencia ante la FIFA, Guacci habría identificado por nombre y apellido a las denunciantes pese a que su identidad estaba resguardada. A partir de allí, el conflicto dejó de ser sólo una controversia disciplinaria y pasó a involucrar la protección concreta de quienes habían recurrido al sistema internacional. La investigación también señala que la AFA reaccionó con una promesa pública de ir “hasta las últimas consecuencias”, pero luego emitió un comunicado deslindando responsabilidad y no volvió a dar explicaciones de fondo sobre el caso.
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Los testimonios citados en la publicación exponen un patrón de violencia verbal, sexualización y presión psicológica. Gabriela Garton recordó una frase atribuida al entrenador después de una derrota: “¿Qué tengo que hacer para que jueguen bien? ¿Meterlas en la ducha y cogerlas por el orto?”. La exarquera también dijo que, cuando fue citada a la selección, escuchó delante de otras compañeras: “Sos como todas las demás, capaz de bajarte los pantalones y hacerte violar para estar en la Selección”.
En el caso de Luana Muñoz, la nota describe una situación ocurrida cuando era menor de edad. Su relato sostiene que, tras una práctica, quedó sola con el entrenador en un auto y recibió preguntas sobre su vida sexual, su orientación y hasta su primera relación. La frase con la que resumió ese momento fue directa: “Yo tenía 15 años y eran demasiadas preguntas juntas de temas muy privados en donde un entrenador no tiene nada que hacer”.
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La quinta denunciante, identificada en el expediente como Jugadora E, también habló con el diario y ubicó su experiencia en 2014. Su relato incluyó un contacto por Skype en horario inapropiado, la exhibición del entrenador en ropa interior y el pedido de imágenes íntimas. Según esa versión, ante la negativa, escuchó: “Esto nunca me pasó antes, vos sos la primera” y luego un pedido de silencio para que el episodio no trascendiera.
El caso no quedó congelado en la decisión de FIFA. La investigación señala que Diego Guacci presentó en la Argentina una “acción declarativa autosatisfactiva de certeza de inocencia probada”, con el argumento de que la entidad internacional había confirmado su inocencia. A la vez, las futbolistas sostienen que fueron demandadas por 25 millones de pesos cada una por daños y perjuicios, y que existe además una causa penal abierta contra Guacci y su esposa por “calumnias e injurias en una campaña permanente de desprestigio y persecución”.
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La dimensión del caso excede así la denuncia original y se mete en una zona más incómoda para el fútbol femenino argentino. Por un lado, hay una investigación disciplinaria cerrada sin sanción, pero con una aclaración expresa de FIFA sobre el alcance limitado de esa decisión; por el otro, quedan testimonios públicos, litigios cruzados y nuevas personas que, según FIFPRO, siguieron acercando relatos para apuntalar la acusación. Lo que hoy reaparece no es sólo una denuncia contra un entrenador, sino la discusión sobre cuánta protección real encuentra una futbolista cuando decide hablar.
Fuente: LA NACION.
















