
El ex ministro sostuvo que la liquidación del agro y el petróleo abre una ventana para sumar reservas y aliviar el costo de las empresas fuera del RIGI.

Para la mayoría de las empresas argentinas, el problema no pasa solo por conseguir dólares sino por el precio que pagan para financiarse y administrar sus excedentes. Domingo Cavallo volvió sobre ese punto y planteó que el actual esquema cambiario castiga a las firmas que quedan fuera de los beneficios especiales para grandes inversores. Su argumento central es que la llegada de divisas del agro y el petróleo ofrece una “excelente oportunidad” para levantar todos los controles de cambio y mejorar la posición externa del país.
La propuesta no se agota en una consigna de apertura cambiaria. Cavallo la ata a una meta concreta para el Banco Central: cerrar el año con 10 mil millones de reservas netas adicionales, aprovechando la mayor liquidación esperada en los próximos meses. En su planteo, la salida del cepo no aparece como un gesto de liberalización abstracta, sino como una forma de usar un momento de mayor oferta de divisas para fortalecer reservas y dar otra señal al mercado.


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El punto más filoso de su columna está en la diferencia que marca entre quienes entran al RIGI y el resto del sistema productivo. Cavallo sostiene que ese régimen ya garantiza a los grandes inversores que “no existirán controles de cambio”, pero deja al resto de las empresas sometidas a restricciones que les encarecen el capital. Para el ex ministro, esa dualidad no solo desalienta inversiones en activos fijos, sino que también complica algo más inmediato y menos vistoso: el financiamiento del capital de trabajo.
Esa lectura se conecta con otra advertencia que atraviesa todo el texto: el riesgo país no logra perforar el piso de los 600 puntos porque persisten dos señales de fragilidad. Una es la continuidad de los controles para las compañías que no acceden al RIGI; la otra, el bajo nivel de reservas externas netas del Banco Central y su lentitud para recomponerlas. Cavallo entiende que esa combinación alimenta la sospecha de una estabilidad cambiaria precaria y deja latente la posibilidad de una depreciación brusca que vuelva a mover las expectativas inflacionarias.
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Sobre ese riesgo, el economista no esquiva el costo inicial de un cambio de régimen. Acepta que una modificación de esta magnitud puede provocar un overshooting del tipo de cambio, pero cree que la abundancia de divisas de los próximos meses podría amortiguar ese salto. Su advertencia política va por otro lado: postergar la decisión empujaría esa corrección hacia una zona mucho más sensible del calendario, demasiado cerca de las elecciones del año próximo.
La salida que imagina no depende solo de abrir el mercado cambiario. Cavallo insiste con que el Gobierno debería legislar de inmediato una reforma monetaria, cambiaria y financiera para que la expectativa sobre el dólar funcione, junto con el equilibrio fiscal, como pivote de un plan de estabilización. En esa lógica, el objetivo no sería apenas bajar la inflación, sino combinar tasas muy bajas con una reactivación temprana de la demanda interna.
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Otro tramo de su planteo apunta al circuito informal de divisas y a la escasez de dólares disponibles para pagos dentro de la economía. Cavallo sostiene que los controles actuales empujan a parte de esos fondos fuera del circuito formal y restringen servicios monetarios y financieros que podrían prestarse con esos recursos. Por eso afirma que, sin cepo, la disponibilidad de dólares blancos para pagos y financiamiento internos sería mayor que bajo el régimen actual.
Ese razonamiento no lo lleva, sin embargo, a avalar cualquier expansión del crédito en moneda extranjera bajo las reglas vigentes. Por el contrario, advierte que prestar más en dólares con inestabilidad cambiaria todavía presente resulta peligroso, porque el endeudamiento en esa moneda queda expuesto al mismo tipo de deterioro que hoy produce una tasa real muy alta en pesos. Recién con menor volatilidad y sin controles, señala, podría ampliarse de manera más sana el uso de depósitos en dólares para financiar inversiones privadas.
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El cierre de su argumento va más allá de la discusión sobre el cepo de hoy y apunta al tipo de sistema que imagina para adelante. Cavallo sostiene que una competencia de monedas necesita un mercado cambiario sin controles y sin intermediación obligatoria del Banco Central, porque de otro modo siguen mandando decisiones discrecionales. Ahí ubica el límite de fondo de la estrategia oficial: para avanzar hacia una economía menos politizada, dice, no puede seguir mandando la “discreción por arriba de las reglas”.
Fuente: NA.

















