
Irán cruzó a la Argentina por declarar terrorista a su Guardia Revolucionaria
Actualidad02/04/2026
REDACCIÓNTeherán acusó a la Argentina de actuar bajo presión de Estados Unidos e Israel y advirtió que la decisión puede dañar el vínculo bilateral.

La relación entre Buenos Aires y Teherán sumó este jueves otro foco de choque diplomático. El gobierno iraní condenó “en los términos más enérgicos” la decisión argentina de declarar como organización terrorista al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, una medida que la administración de Javier Milei había oficializado dos días antes. La reacción no quedó en un rechazo formal: llegó acompañada por una acusación directa contra el alineamiento exterior del Gobierno.
En su comunicado, la cancillería iraní sostuvo que la decisión fue tomada bajo presión del “régimen” israelí y de Washington, y la presentó como una vulneración del derecho internacional. Según la posición difundida por medios estatales iraníes, la designación argentina quebranta principios ligados al respeto por la soberanía de los Estados y a la no injerencia en asuntos internos. Desde esa lectura, la medida no fue tratada como un gesto simbólico, sino como un acto con consecuencias políticas concretas.


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El tono de la respuesta dejó ver que Teherán eligió escalar verbalmente el conflicto. El texto calificó la medida como un “error estratégico” y un “insulto imperdonable” al pueblo iraní, y además advirtió que la decisión puede sentar un “precedente peligroso” en las relaciones entre Estados. La señal es clara: Irán no leyó la resolución argentina como un episodio aislado, sino como un paso más dentro de una confrontación diplomática de mayor amplitud.
Del lado argentino, la resolución fue comunicada por la Oficina del Presidente el 31 de marzo. Allí se informó que el CGRI quedó incorporado al Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento (RePET), una herramienta que habilita sanciones financieras y restricciones operativas en el país. El Gobierno fundamentó esa decisión en informes oficiales, antecedentes judiciales y en la atribución de respaldo de la Guardia Revolucionaria a Hezbolá, a la que Argentina responsabiliza por los atentados contra la Embajada de Israel en 1992 y la AMIA en 1994.
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Ese punto explica por qué la Casa Rosada buscó inscribir la medida dentro de la historia reciente argentina y no solo en la coyuntura de Medio Oriente. El comunicado oficial sostuvo que las investigaciones judiciales y los trabajos de inteligencia determinaron participación de altos funcionarios iraníes y de operativos de la Guardia Revolucionaria en los ataques cometidos en Buenos Aires durante los años noventa. Con esa base, el Gobierno presentó la designación como una deuda histórica vinculada a las víctimas y como una decisión de seguridad, no como un simple gesto diplomático.
La reacción de Teherán, sin embargo, fue en la dirección opuesta. El Ministerio de Exteriores iraní vinculó la resolución con lo que describió como una alineación de Milei con la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán, y colocó a la Argentina dentro de una estrategia de presión más amplia promovida por la Casa Blanca. Esa lectura coincide parcialmente con el contexto señalado por Reuters, que reportó que la medida argentina llegó después de una presión de la administración de Donald Trump para que sus aliados avanzaran en el mismo sentido.
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El episodio, además, no nació de cero. En enero de 2026, la Argentina ya había declarado como organización terrorista a la Fuerza Quds y a trece personas vinculadas a esa estructura, también dentro del universo de la Guardia Revolucionaria iraní. En aquel momento, Irán ya había rechazado la decisión y la había calificado como políticamente peligrosa, de modo que el choque actual funciona como una segunda estación dentro de una secuencia que viene endureciendo el vínculo bilateral.
La novedad ahora es que el salto de tensión alcanza a una estructura mayor, con peso militar, político y económico central dentro del sistema iraní. No se trata ya de una unidad específica como la Fuerza Quds, sino del conjunto de la Guardia Revolucionaria, algo que profundiza el alcance simbólico y práctico de la decisión argentina. Por eso la respuesta iraní habló no solo de un agravio, sino también de una posible afectación seria del vínculo entre ambos países.
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Lo que queda abierto, entonces, no es la dureza del intercambio, que ya quedó expuesta, sino el costo real que puede tener este nuevo escalón. La Argentina consolidó una política exterior más alineada con Washington e Israel en materia de seguridad y terrorismo, e Irán respondió con una condena de máxima intensidad y con advertencias sobre el futuro de la relación bilateral. El choque ya está planteado; lo pendiente es medir hasta dónde esa confrontación verbal se traduce en consecuencias diplomáticas concretas.
Fuente: NA, PressTV, Argentina.gob.ar, Reuters.






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