Villarruel faltó a Río Grande, fue a Chivilcoy y usó Malvinas para marcar una frontera política

Actualidad02/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La vicepresidenta eligió un acto en Chivilcoy para homenajear a los excombatientes y justificó su ausencia en Tierra del Fuego con un mensaje directo al peronismo.

Villarruel en Chivilcoy
Villarruel en Chivilcoy

La vicepresidenta Victoria Villarruel cambió este año el escenario habitual del 2 de abril y convirtió esa decisión en el núcleo de su mensaje político. En lugar de participar de la tradicional vigilia en Tierra del Fuego, optó por encabezar un homenaje en Chivilcoy, donde explicó que no quiso exponerse a una foto que, según sostuvo, iba a ser usada para resolver disputas ajenas a la causa Malvinas. La elección del lugar no quedó presentada como una cuestión de agenda, sino como una forma de diferenciar el homenaje a los veteranos del juego partidario.

El tono de esa intervención apareció desde el inicio de su discurso en la plaza 25 de Mayo, invitada por el intendente Guillermo Britos. Allí, la titular del Senado apuntó contra la utilización política de la fecha y dejó una frase que funcionó como eje de toda su aparición pública: “Malvinas no es una excusa para que se diriman internas de un partido político”. Con esa definición, la ausencia en Río Grande dejó de ser un dato logístico y pasó a convertirse en una toma de posición.

La vicepresidenta profundizó esa línea con una segunda advertencia que amplió el sentido de su decisión. “Malvinas no puede ser la excusa de encuentros partidarios ni el punto de inicio de una campaña”, afirmó frente a los presentes. El mensaje quedó claramente orientado a quienes participaron de la vigilia fueguina, donde confluyeron dirigentes del peronismo de distintos sectores en medio de sus propias tensiones internas.


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En ese marco, Villarruel buscó pararse sobre un terreno más amplio que el de una disputa puntual. Dijo que Malvinases “la única causa nacional que une a los argentinos sin diferencias de ideología, religión u origen social”, y usó esa idea para sostener que el homenaje a los excombatientes no puede quedar absorbido por una foto de coyuntura. La apelación a la unidad nacional funcionó así como contraste con la fragmentación política que le adjudicó a la jornada fueguina.

La carga política del discurso no se agotó en el presente. Al repasar el período posterior a la guerra, la vicepresidenta habló de una “campaña desmalvinizadora” y cuestionó el modo en que, según su visión, el país trató a los veteranos después de la rendición. En esa reconstrucción, denunció que hubo una operación de “invisibilización”, subestimación y degradación de quienes combatieron en las islas.

Frente a esa lectura, ensayó una reivindicación enfática del lugar que deben ocupar los excombatientes en la memoria colectiva. “Fueron hombres, fueron argentinos que defendieron lo nuestro y fueron inmensos en su juventud”, sostuvo al rechazar la caracterización que los redujo a simples “chicos de la guerra”. Esa parte del mensaje buscó reponer una épica de reconocimiento, pero también reordenar el sentido de la conmemoración en un registro más combativo que ceremonial.

La vicepresidenta también enlazó la posguerra con un deterioro más profundo del Estado en materia de defensa. Señaló que, después del conflicto, comenzó el desarme de las Fuerzas Armadas y sostuvo que durante años la causa Malvinas fue utilizada para golpear políticamente mientras se debilitaba la estructura militar. Esa afirmación reforzó una mirada que no se limita al homenaje, sino que convierte a la guerra en una clave para discutir decisiones estratégicas de largo plazo.


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La elección de Chivilcoy tampoco quedó desligada de su propio recorrido político reciente. La vicepresidenta ya había estado en ese municipio junto a Claudia Rucci en mayo del año pasado, y el intendente local la visitó en el Senado en varias oportunidades. Ese antecedente le da a la jornada un espesor adicional: el homenaje a los caídos convivió con una construcción territorial y de vínculos que excede la fecha patriótica.

La escena terminó de completarse con la imagen paralela del presidente Javier Milei, que encabezó otro acto conmemorativo en el cenotafio de la plaza San Martín. Así, el 2 de abril dejó dos postales oficiales diferentes y un mensaje nítido de Villarruel: la causa Malvinas sigue siendo un lugar de unanimidad emocional para buena parte de la sociedad, pero también un territorio donde cada gesto político busca fijar sentido, marcar diferencias y ordenar alianzas.

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