Jugadoras denunciaron presuntos abusos de rugbiers con bebidas adulteradas en sus vasos

Policiales03/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Jugadoras de hockey denunciaron presuntos abusos después del tercer tiempo, en un caso rodeado de silencio institucional y reclamos de familias.

Escándalo con jugadoras
Escándalo con jugadoras

Lo que empezó como un tercer tiempo terminó convertido en una denuncia de enorme gravedad que ahora compromete a dos instituciones deportivas bonaerenses. Jugadoras de hockey aseguraron haber sido víctimas de presuntos abusos sexuales después de consumir bebidas que, según relataron, habrían estado adulteradas durante un encuentro social posterior al partido entre Club de Regatas Bella Vista y Club Los Tilos. La acusación cambió por completo el sentido de una práctica asociada históricamente a la camaradería y la dejó bajo una sospecha que ya no puede leerse como un episodio menor.

La denuncia impacta más allá de lo ocurrido esa noche porque toca uno de los rituales más instalados dentro del ambiente del rugby. El tercer tiempo suele presentarse como una extensión del partido en clave social, con códigos compartidos y una lógica de encuentro entre clubes. Esta vez, en cambio, ese espacio aparece ligado a una escena de vulnerabilidad extrema denunciada por jóvenes que, de acuerdo con los testimonios que circularon, habrían perdido la voluntad tras ingerir alcohol.


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El caso también quedó atravesado por otro dato que empuja la inquietud hacia afuera de los vestuarios y de las canchas. Hasta el momento, no hubo un pronunciamiento oficial detallado de las instituciones involucradas ni de la Unión de Rugby de Buenos Aires, una ausencia que alimentó críticas, malestar y una lectura inevitable sobre la reacción dirigencial frente a una acusación de este peso. Cuando una denuncia de este tipo irrumpe en el corazón de la vida social de un club, el silencio no funciona como resguardo: amplifica la presión.

Esa falta de explicación pública convive con un clima descrito como espeso por fuentes cercanas a las presuntas víctimas. La información difundida habla de tensión y angustia, pero también de familias que empezaron a exigir respuestas concretas sobre lo ocurrido y sobre la manera en que se manejó la situación desde el primer momento. El impacto, por eso, no queda limitado al hecho denunciado sino que se derrama sobre la vida institucional de los clubes y sobre el modo en que cada actor decidió pararse ante la crisis.


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Entre los testimonios y chats que comenzaron a circular apareció una frase que concentra buena parte de la alarma alrededor del caso: “Les pincharon los vasos”. Esa referencia, incluida entre las versiones que tomaron estado público, quedó asociada a la sospecha de una posible adulteración de bebidas, un punto que ahora se vuelve central para cualquier reconstrucción seria de la secuencia. No es un detalle accesorio, porque de su verificación depende parte sustancial de la explicación sobre cómo las jóvenes habrían quedado expuestas a una situación de sometimiento.

La Justicia ya habría tomado intervención, aunque por ahora no trascendieron detalles procesales finos ni imputaciones confirmadas. Lo que sí aparece como probable en el corto plazo es un avance sobre declaraciones, pericias y recolección de pruebas destinadas a ordenar una escena que, hasta acá, se conoció a partir de denuncias, testimonios y mensajes difundidos. Esa etapa, además de definir responsabilidades individuales, pondrá a prueba la consistencia de los controles que existieron alrededor del encuentro social posterior al partido.

En ese punto el expediente no mira solamente lo que pudo haber hecho una o más personas, sino también el contexto que lo hizo posible o que no logró impedirlo. El foco de la investigación, según el material difundido, está puesto en establecer si efectivamente hubo adulteración de bebidas y qué tipo de responsabilidades pudieron existir, tanto en el plano individual como en el institucional. Eso coloca a los clubes ante una pregunta más incómoda que la del daño reputacional: qué capacidad real tienen para garantizar ámbitos seguros cuando la actividad deportiva se corre hacia el terreno social.


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La repercusión que tomó el caso en el ambiente deportivo bonaerense explica por qué ya no alcanza con esperar en silencio el avance del expediente. La ausencia de una respuesta pública detallada convive con una denuncia que toca fibras muy sensibles: la confianza dentro de los clubes, el cuidado de las deportistas y los protocolos frente a situaciones de abuso. Cuando esa trama queda desordenada, lo que entra en crisis no es solo una noche puntual, sino la forma en que una comunidad deportiva administra su propia responsabilidad frente a hechos graves. 

La investigación deberá determinar si hubo bebidas adulteradas y quiénes cargan con las consecuencias penales que correspondan, pero en paralelo los clubes quedaron frente a un límite operativo y moral que no pueden esquivar. Lo que era una tradición de camaradería quedó desplazado por una denuncia que obliga a revisar controles, conductas y la capacidad institucional de reaccionar cuando el daño ya fue denunciado. 

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