La Argentina ofrece $20 millones por Apablaza y reabre un frente sensible con Chile

Actualidad03/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El Gobierno activó una recompensa para localizar al exlíder del FPMR, reclamado por Chile por el crimen de Jaime Guzmán y el secuestro de Cristián Edwards.

Buscado recompensa de $20 millones
Buscado recompensa de $20 millones

La decisión de ofrecer $20 millones para encontrar a Galvarino Sergio Apablaza Guerra volvió a poner en primer plano una causa que mezcla extradición, refugio político, terrorismo y vínculo bilateral con Chile. El Gobierno argentino activó el mecanismo de recompensa después de que la Justicia ordenara detenerlo y no pudiera ubicarlo en su domicilio de Moreno. El movimiento no solo busca dar con su paradero, sino también mostrar una reacción rápida ante un expediente que ahora tiene una carga diplomática mucho mayor.

Apablaza es señalado por las autoridades chilenas como responsable de “graves delitos vinculados al terrorismo” y su nombre arrastra desde hace años un fuerte peso político en el país vecino. El exlíder del Frente Patriótico Manuel Rodríguez está acusado por el asesinato en 1991 del senador Jaime Guzmán y por haber participado del secuestro de Cristián Edwards, hijo del propietario de El Mercurio. Esa imputación es la que sostiene desde hace tiempo el pedido de extradición que Chile intenta ejecutar.

La recompensa oficial ya quedó vinculada a un canal concreto de denuncia. Quienes tengan información útil deberán comunicarse con la línea gratuita 134 del Programa Nacional de Recompensas, dependiente de la Dirección Nacional de Normativa y Relaciones con los Poderes Judiciales y los Ministerios Públicos. La medida busca ampliar el radio de búsqueda en un momento en el que el dato más importante es, justamente, que el prófugo ya no estaba donde se suponía que debía estar.


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El giro más delicado del caso se produjo esta semana, cuando la Justicia argentina ordenó su detención con fines de extradición y la Policía fue a buscarlo a su vivienda. Allí apareció la novedad que cambió el escenario: Apablaza no estaba. A partir de esa ausencia, el expediente dejó de ser solamente una causa judicial de larga duración y pasó a convertirse también en un problema operativo y político para el Gobierno nacional.

Desde Chile, la reacción fue inmediata y con tono de exigencia. El gobierno de José Antonio Kast, a través de su ministro del Interior y Seguridad Pública, Claudio Alvarado, reclamó a Javier Milei que se realicen los “mayores esfuerzos” para lograr su captura. La presión no es menor: el caso se activa justo cuando la nueva administración chilena intenta fortalecer su relación con la Argentina y, al mismo tiempo, dejar en claro que espera resultados concretos en una causa que considera prioritaria.

La orden de detención fue firmada por la jueza María Servini dentro de una causa abierta en 2010, a partir del pedido formal de extradición presentado por Chile. Desde entonces, el expediente quedó atravesado por decisiones políticas opuestas. Durante el gobierno de Cristina Kirchner, Apablaza obtuvo el estatus de refugiado político; más tarde, esa decisión fue revertida por Mauricio Macri, lo que volvió a habilitar el camino judicial para avanzar con su entrega.

La historia del exguerrillero en la Argentina no empezó ahora ni se limita a este intento fallido de captura. En 2004 ya había sido detenido, cuando utilizaba el nombre falso de “Héctor Daniel Mondaca”. Estuvo siete meses preso y en 2005 el juez Claudio Bonadio hizo lugar al pedido de extradición, aunque luego recuperó la libertad bajo fianza mientras apelaba esa resolución y más tarde presentó su pedido ante el CONARE.

El momento elegido para acelerar la búsqueda también potencia la dimensión diplomática del caso. La incertidumbre sobre el paradero de Apablaza se da a pocos días del viaje oficial de Kast a la Argentina y en medio de la reciente designación del nuevo embajador chileno, Gonzalo Uriarte Herrera. Esa coincidencia temporal vuelve más sensible cada paso del expediente, porque cualquier avance o demora impactará sobre una relación bilateral que hoy intenta mostrarse en fase de fortalecimiento.


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Esa intención de acercamiento ya había sido explicitada por funcionarios de ambos países. El nuevo embajador presentó credenciales ante el canciller argentino Pablo Quirno, quien habló de una etapa de “profundo fortalecimiento de nuestra relación bilateral” gracias al impulso de Milei y Kast. Al mismo tiempo, las cancillerías venían conversando sobre cooperación en seguridad, energía, minería, comercio e inversiones, un menú que ahora queda atravesado por la presión para encontrar a un hombre que Chile quiere sentar ante sus tribunales.

La voz política más tajante del oficialismo chileno sobre el fondo del caso fue la de la ministra vocera Mara Sedini, que buscó corregir una formulación previa y fijar con precisión la posición de su gobierno. “Es un prófugo de la justicia chilena, no está condenado, y es hora de que vuelva a Chile, enfrente a la justicia y se aplique todo el rigor de la ley”, escribió. Con esa frase, Santiago dejó marcado el objetivo central: no se trata solo de hallarlo, sino de cerrar un ciclo judicial y político que sigue abierto desde hace más de tres décadas.

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