La familia del anestesista muerto por sobredosis pide revisar a fondo la escena

Policiales03/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Mientras la Justicia intenta abrir el celular de Alejandro Zalazar, su entorno sostiene que no fue un caso simple y pone el foco en cámaras y movimientos previos.

Alejandro Zalazar anestesista fallecido
Alejandro Zalazar anestesista fallecido

El caso por la muerte de Alejandro Zalazar sumó en las últimas horas un dato que cambia el tono de la investigación: su familia dejó trascender que no lo ve solamente como un médico fallecido por una sobredosis, sino como “una víctima”. Esa definición introduce otra lectura sobre un expediente que ya venía rodeado por sospechas, versiones cruzadas y un contexto delicado por el robo de drogas en el Hospital Italiano y por las fiestas donde, según se investiga, circulaban sustancias como propofol y fentanilo.

La muerte del anestesista residente ocurrió el 20 de febrero, cuando fue hallado sin vida en su departamento del tercer piso de Juncal al 2600, en el barrio porteño de Palermo. Quienes lo encontraron fueron su hermana Julieta y su amigo Federico, dos personas cercanas que luego hablaron a través del portero eléctrico, aunque dejaron en claro que la familia no dará declaraciones públicas por ahora. La decisión, según explicaron, es guardar silencio hasta que sean convocados formalmente a declarar.


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Ese repliegue público no implicó indiferencia frente a la causa, sino todo lo contrario. Desde el entorno de Zalazar dejaron planteado que una parte central del expediente pasa por reconstruir qué ocurrió dentro del edificio y, especialmente, en las horas previas al hallazgo. Por eso, el seguimiento de las cámaras de seguridad aparece como una de las piezas que más interés despierta dentro de la pesquisa. 

La referencia concreta que trascendió refuerza esa línea. Según se informó en Telenoche, “Pidieron las cámaras del 20 de febrero, el fiscal miró, aparentemente no encontró nada raro y pidió las del 19 de febrero”. Esa secuencia no solo confirma que la fiscalía amplió la revisión del material, sino que además deja abierta la hipótesis de que el anestesista quizá no estuvo solo antes de morir, una sospecha que empuja a mirar la escena con más profundidad.


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En paralelo, la investigación avanza sobre otro elemento que podría resultar decisivo: el teléfono celular del médico. La Justicia busca desbloquear ese dispositivo para obtener información que ayude a establecer las circunstancias que rodearon la muerte de Zalazar. La importancia del aparato no es menor, porque fue encontrado al lado del cuerpo cuando la Policía ingresó al departamento, luego del aviso hecho por sus familiares.

Ese dato activó un pedido técnico específico dentro del expediente. Para intentar acceder al contenido del teléfono se solicitó la colaboración de la Dirección General de Investigaciones y Apoyo Tecnológico a la Investigación Penal, que depende de la oficina del Ministerio Público Fiscal. Las autoridades indicaron que el celular está bloqueado y que se necesitan especialistas para lograr la apertura y extraer información útil para la causa.


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La insistencia sobre el teléfono y las cámaras no aparece aislada del resto del contexto. La muerte de Zalazar sigue bajo análisis mientras la investigación también roza el circuito del propofol y el fentanilo, dos drogas sensibles que quedaron en el centro del expediente por el robo en el Hospital Italiano y por las fiestas en las que, según el texto fuente, había circulación y consumo de esas sustancias. Esa superposición vuelve más delicada cada medida de prueba y amplía el alcance de lo que se intenta reconstruir.

En ese marco, la palabra de la familia adquiere peso aun cuando haya sido transmitida de manera acotada. Al sostener que el joven médico “es una víctima”, su entorno se distancia de cualquier lectura cerrada sobre una muerte estrictamente individual y sin terceros alrededor. No se trata todavía de una acusación formal ni de una reconstrucción completa, pero sí de una posición clara frente a una causa que, para sus allegados, merece una revisión más fina de todo lo ocurrido alrededor del departamento y del círculo inmediato del anestesista.

La investigación, por eso, quedó parada sobre dos planos que se cruzan. Por un lado, la necesidad de reconstruir la escena puntual donde apareció muerto Zalazar; por otro, la obligación de entender si esa muerte tuvo vínculos con un entramado más amplio alrededor de drogas hospitalarias, consumos y eventuales responsabilidades de terceros. Con la familia en silencio público, las cámaras bajo revisión y el celular todavía cerrado, la causa sigue buscando respuestas en los detalles que podrían cambiar por completo el sentido del caso. 

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