
Un nuevo análisis genético reabre el debate sobre el origen de la Sábana Santa
Enfoques05/04/2026
REDACCIÓNUna investigación preliminar detectó en la reliquia rastros de ADN humano, microorganismos y huellas biológicas de distintas regiones, lo que volvió a poner en discusión su recorrido histórico.

La Sábana Santa de Turín volvió a quedar en el centro de la discusión científica y religiosa por un estudio genético que sumó nuevos indicios sobre su posible origen y sobre los lugares por los que habría pasado a lo largo del tiempo. El trabajo detectó no solo ADN humano, algo esperable en una tela manipulada durante siglos, sino también rastros genéticos de otras poblaciones, microorganismos y contaminantes biológicos que complejizan todavía más la historia de una de las reliquias más debatidas del cristianismo.
El dato que más llamó la atención de los investigadores fue la aparición de huellas asociadas a poblaciones del Oriente Medio y de la India. Según el artículo, uno de los hallazgos fue el haplogrupo H33, señalado como prevalente en Oriente Medio y frecuente entre los drusos. Para los autores, ese rastro genético podría ser compatible con una permanencia de la tela en esa región antes de su llegada a Europa.


A eso se sumó otro elemento que alimenta la hipótesis de un trayecto más amplio. El estudio también encontró hongos, mohos y arqueas halófilas, es decir, microorganismos que suelen desarrollarse en ambientes con alta salinidad. En la lectura de los investigadores, esa presencia “parece confirmar una estancia de la Sábana Santa en Oriente Medio y en un entorno salino, como el que se encuentra cerca del Mar Muerto”.
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El análisis no se quedó ahí. En la tela aparecieron rastros de coral rojo mediterráneo, plantas como zanahorias, trigo, maíz, plátanos y cacahuetes, y animales como vacunos, cerdos, pollos, perros y gatos. Esa diversidad fue interpretada por los autores como una señal de la fuerte contaminación ambiental acumulada por la reliquia a lo largo de los siglos, producto de su circulación, manipulación y exposición en distintos contextos históricos.
Uno de los puntos más sensibles del trabajo es que vuelve a darle aire a una vieja hipótesis sobre un posible vínculo con la India. El artículo recuerda que en 2015 el mismo autor principal, Gianni Barcaccia, ya había publicado un análisis que atribuía buena parte del ADN detectado en la tela a linajes de Oriente Próximo y otro porcentaje importante a la India. En este nuevo trabajo, esa línea reaparece bajo la idea de que la tela pudo haberse fabricado en suelo indio antes de pasar por Oriente Medio.
Sin embargo, el propio contexto científico obliga a tomar distancia de cualquier conclusión cerrada. El estudio fue publicado como versión preliminar en bioRxiv, es decir, todavía en revisión, y se suma a una larga historia de resultados contradictorios sobre la reliquia. De hecho, la datación por carbono 14 ubica la fabricación de la tela entre 1260 y 1390, muy cerca de su primera aparición documentada en Francia en 1354, un dato que para varios historiadores sigue siendo compatible con la hipótesis de una falsificación medieval.
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Esa tensión entre nuevas pistas biológicas y viejas dataciones es lo que mantiene viva la controversia. Para muchos creyentes, la Sábana Santa sigue siendo la tela que cubrió el cuerpo de Jesucristo. Para otros especialistas, en cambio, la evidencia disponible todavía no alcanza para desplazar la lectura histórica que la ubica como un objeto devocional de origen medieval. El nuevo estudio no resuelve esa discusión, pero sí agrega una capa más de complejidad sobre su recorrido y sobre las personas que interactuaron con ella en distintas épocas.
También aparece una explicación histórica alternativa sobre la presencia de ADN indio en la tela. La paleógrafa Ada Grossi, citada en el artículo, sugirió que ese rastro podría vincularse con el uso de valiosos tejidos de lino indio en el Templo de Jerusalén, dentro de los rituales del Yom Kipur. Esa interpretación no prueba el origen de la reliquia, pero muestra que los rastros genéticos pueden abrir lecturas múltiples sobre circulación comercial, intercambio cultural y contacto humano.
Hay incluso un detalle lingüístico que el estudio recupera para reforzar esa conexión. El término Sábana Santa deriva del griego sindôn, que significa lino fino, y los autores señalan una posible relación con Sindh, una región históricamente reconocida por sus tejidos de alta calidad. Ese vínculo tampoco cierra el debate, pero suma otro elemento a una investigación que, más que ofrecer certezas definitivas, vuelve a mostrar por qué esta reliquia sigue generando preguntas entre la ciencia, la historia y la fe.














