Costumbres que desaparecieron con la era digital: videoclubes, teléfonos públicos, disquetes y casetes

Enfoques03/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un video viral volvió a poner en primer plano objetos y rutinas que marcaron a varias generaciones y hoy resultan extraños para chicos y adolescentes.

Tecnología del pasado
Tecnología del pasado

Un teléfono de disco que un nene no logra usar alcanzó para abrir algo más grande que una escena simpática en redes. El video reactivó un archivo entero de costumbres que durante años formaron parte de la vida cotidiana y que hoy quedaron fuera del radar de los más jóvenes. Lo que aparece en ese desconcierto no es solo una rareza tecnológica, sino la velocidad con la que cambió la relación con los objetos, con la comunicación y hasta con la espera.

Entre las décadas del 70 y los 2000, muchas de esas herramientas eran tan comunes que nadie imaginaba que un día iban a necesitar explicación. El teléfono de disco, el cospel, la guía Filcar, el disquete o los cartuchos de videojuegos estaban integrados a la rutina doméstica y escolar. Hoy, en cambio, su funcionamiento ya no se transmite por uso sino por relato, como si se tratara de piezas de un mundo que quedó demasiado lejos pese a haber desaparecido hace relativamente poco

Tecnología del pasado-2

La transformación se vuelve más visible cuando se piensa en cómo era comunicarse antes de la digitalización total. Hacer una llamada implicaba muchas veces ir a un locutorio, esperar turno o depender de un teléfono público, y hasta tener línea fija en casa podía demandar meses. La periodista Tatiana Schapiro recordó además que para llamar al exterior hacía falta una operadora y que encontrar un número suponía recurrir a las páginas amarillas, una lógica completamente distinta a la inmediatez actual.


OTRAS NOTICIAS:

Paella solidaria en Trelew Cocinaron la paella solidaria en la plaza para sostener servicios del hospital y NICADPI


Ese mismo corrimiento se dio dentro de las casas. El televisor color fue entrando entre fines de los 70 y comienzos de los 80, y con él convivieron la antena, las perillas y la necesidad de ajustar manualmente la imagen cuando algo fallaba. La escena de subir al techo para mover la antena no era una extravagancia, sino parte de una rutina familiar que la tecnología posterior volvió impensable.

La vida digital temprana también tuvo sus propios espacios físicos, algo que hoy casi desapareció. Antes de que la computadora personal y el wifi se volvieran habituales, el acceso a internet pasaba por el cibercafé o el locutorio, lugares donde se imprimían trabajos, se mandaban mails y se navegaba por tiempo medido. La conexión, además, ocupaba la línea telefónica y traía con ella ese sonido característico que convirtió el ingreso a internet en una experiencia tan reconocible como incómoda.

El entretenimiento tampoco escapó a esa mutación. Los videoclubes imponían tiempos, reglas y pequeños rituales que hoy resultan casi arqueológicos, como devolver un casete rebobinado para evitar un recargo. En el mundo de los videojuegos pasaba algo parecido: el cartucho era una pieza física que se soplaba para intentar hacerlo funcionar, y el alquiler de juegos abría incluso la puerta a maniobras caseras para intercambiar contenidos.


En el plano del trabajo y la escuela, la desaparición fue igual de silenciosa. El disquete era indispensable antes del USB y cargar información en él implicaba convivir con el miedo a perder todo por tocar mal una pestaña. A eso se sumaban la pluma con tinta, el papel carbónico y otros elementos que fueron cayendo en desuso a medida que la escritura, la impresión y el archivo se desplazaron hacia formatos digitales.


OTRAS NOTICIAS:

Turismo en Mar del PlataHoteles llenos y vuelos completos marcan un fin de semana largo con turismo masivo


Las formas de pago muestran otro cambio igual de profundo. Durante años, pagar con tarjeta requería una máquina manual que copiaba los datos al pasar una lengüeta, y el efectivo seguía siendo la regla para casi cualquier compra en la calle. Hoy, con QR, Posnet y pagos desde el celular incluso para montos mínimos, esa escena parece de otro tiempo, aunque en realidad pertenece a una transición bastante reciente.

Lo mismo ocurrió con la orientación en la ciudad. Antes de los mapas en el teléfono, la guía Filcar o la guía T eran herramientas imprescindibles para moverse, planificar recorridos o encontrar una dirección. La geolocalización permanente borró no solo esos objetos, sino también una manera distinta de vincularse con el espacio, basada en la búsqueda previa, la memoria y cierta incertidumbre.

Lo que el video volvió visible no es solo nostalgia por objetos viejos, sino un cambio cultural más amplio. La era digital no reemplazó unas pocas herramientas: reorganizó la forma de comunicarse, entretenerse, estudiar, pagar y moverse. Por eso, cuando un chico no sabe cómo usar un teléfono de disco, lo que aparece no es una falla individual, sino la prueba más clara de que una parte entera de la vida cotidiana ya cambió de idioma.

Te puede interesar
Suscribite al newsletter de #LA17