
El Patriarca latino de Jerusalén celebró la Misa de Pascuas a puertas cerradas
Actualidad05/04/2026
REDACCIÓNEl Patriarca latino pudo volver al templo después del veto del Domingo de Ramos, pero la misa de Pascua se hizo con acceso mínimo y sin fieles.

La Basílica del Santo Sepulcro abrió este Domingo de Pascua para una liturgia mínima, sin peregrinos y con presencia reducida a religiosos y frailes residentes. En ese marco, el cardenal Pierbattista Pizzaballa volvió a oficiar en Jerusalén, aunque la celebración quedó lejos de la escena habitual del lugar más sagrado del cristianismo para la tradición de la resurrección. La postal no fue la de una Pascua multitudinaria, sino la de una ceremonia casi vacía en una ciudad atravesada por restricciones de guerra.
La autorización llegó una semana después de uno de los episodios más delicados de la Semana Santa en Tierra Santa. El Domingo de Ramos, la policía israelí impidió que Pizzaballa y el custodio franciscano Francesco Ielpo ingresaran al Santo Sepulcro para celebrar misa, una decisión que el Patriarcado describió como la primera de ese tipo “en siglos” y que desató protestas diplomáticas y eclesiales. Tras ese rechazo internacional, el gobierno de Benjamín Netanyahu revirtió la prohibición y habilitó que continuaran los oficios de Semana Santa, aunque bajo restricciones severas para el acceso del público.


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La misa de este domingo mostró con claridad ese nuevo esquema. El rito se desarrolló dentro del templo, en la Ciudad Vieja de Jerusalén Este ocupado, con alrededor de una veintena de personas entre religiosos y frailes del complejo, mientras afuera la policía mantuvo cerrado el ingreso a los fieles que se acercaron con palmas, cruces y velas. La Pascua pudo celebrarse, pero no recuperar la normalidad litúrgica que la Iglesia esperaba después del retroceso israelí sobre el veto anterior.
Al entrar a la basílica, Pizzaballa eligió una frase breve para marcar el tono de la jornada: “¡Felices Pascuas!”. Después, en la homilía pronunciada dentro del Santo Sepulcro, dejó una imagen más profunda del momento al afirmar: “no nos encontramos ante un símbolo, nos enfrentamos a un vacío real”. La expresión quedó asociada tanto al núcleo espiritual de la Pascua como a la extraña escena de una iglesia abierta para el rito, pero casi cerrada para el pueblo creyente.
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La misma homilía volvió a insistir sobre esa idea de ruptura y desorientación. Pizzaballa dijo: “La Pascua comienza así: no con una explicación, sino con una ruptura. No con emoción, sino con una pregunta desorientadora”. En una Jerusalén marcada por la guerra entre Israel e Irán, la frase tuvo además un peso político inevitable, porque la celebración cristiana más importante del calendario quedó condicionada por un dispositivo de seguridad que vació los templos y alteró todas las liturgias de la Semana Santa.
El conflicto no empezó este domingo, sino que venía escalando desde el cierre de los lugares santos decidido por las autoridades israelíes al inicio de la guerra. Reuters consignó que la policía había clausurado al culto sitios sagrados de cristianos, musulmanes y judíos en la Ciudad Vieja, con el argumento de que eran espacios difíciles de evacuar ante un ataque y carecían de refugios adecuados. Esa política afectó el Ramadán, la Pascua judía y la Semana Santa cristiana, y dejó a la vista una administración desigual del acceso religioso en uno de los puntos más sensibles del mundo.
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El Patriarcado latino había reaccionado con dureza cuando se produjo el bloqueo del Domingo de Ramos. En el comunicado oficial difundido ese día, calificó lo ocurrido como “un desprecio hacia la sensibilidad de miles de millones de personas en todo el mundo” y sostuvo que impedir el ingreso de la máxima autoridad católica de Jerusalén constituía una medida desproporcionada y contraria a la libertad de culto. Esa denuncia no quedó aislada: hubo cuestionamientos desde Italia, Francia, Estados Unidos y desde distintos sectores de la propia Iglesia.
La solución que se alcanzó después tampoco implicó una reapertura plena. Según el acuerdo informado por el Patriarcado Latino de Jerusalén y la Custodia de Tierra Santa, las liturgias de Pascua podrían realizarse con acceso asegurado para los representantes de las Iglesias, pero manteniendo las restricciones vigentes sobre reuniones públicas. Por eso se resolvió transmitir las ceremonias por streaming a los fieles de Tierra Santa y del resto del mundo, una salida excepcional que permitió sostener la celebración, aunque sin restituir la presencia comunitaria dentro del templo.
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La Pascua de 2026 en Jerusalén terminó así con una escena doble. Por un lado, Pizzaballa logró volver al Santo Sepulcro y oficiar la misa que una semana antes le habían prohibido; por otro, la celebración quedó encerrada entre muros, con el templo semivacío y los fieles retenidos afuera. El símbolo que queda abierto no es sólo religioso: incluso después de la rectificación israelí, la guerra siguió marcando hasta dónde puede llegar, hoy, el derecho a rezar en el corazón mismo del cristianismo.
Fuente: NA, Reuters, Patriarca Latino de Jerusalén, Vatican News.
















