
Crean una boya que elimina algas tóxicas y promete proteger el agua por meses
Actualidad06/04/2026
Sergio BustosUn desarrollo científico busca cambiar la forma en que se combate uno de los problemas más persistentes en la calidad del agua. Se trata de una boya diseñada para frenar la proliferación de cianobacterias antes de que se conviertan en una amenaza para el consumo humano y la vida acuática.

El dispositivo funciona con un sistema de liberación controlada de un alguicida basado en peróxido de hidrógeno. La clave del avance está en que no actúa de forma inmediata y breve, sino que distribuye el compuesto de manera sostenida en el tiempo, lo que permite intervenir de forma más eficiente sobre el problema.
Según los ensayos realizados, la tecnología logró eliminar casi por completo las cianobacterias en apenas una semana. Ese resultado, combinado con un efecto prolongado, posiciona a este sistema como una alternativa frente a métodos tradicionales que requieren aplicaciones frecuentes y más costosas.


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El diseño de la boya también aporta una innovación práctica. Está construida con una estructura flotante que se ancla en zonas críticas y contiene discos de hidrogel que regulan la liberación del producto. De ese modo, se evita una descarga abrupta y se mantiene una acción constante sobre el agua.
Otro aspecto distintivo es su capacidad de funcionamiento prolongado. Los investigadores estiman que puede operar durante al menos cuatro ciclos de 35 días, lo que representa cerca de 140 días de actividad continua sin necesidad de intervención. Esa autonomía permite cubrir gran parte de la temporada en la que suelen aparecer estas floraciones.
El sistema además incorpora una señal visual simple para indicar cuándo el producto se agota. Cuando la boya pierde su carga, cambia de posición y queda inclinada, lo que facilita su mantenimiento sin necesidad de monitoreos complejos.
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Uno de los puntos más valorados por los científicos es la selectividad del tratamiento. A diferencia de otras soluciones, este método apunta específicamente a las cianobacterias y evita afectar de manera significativa a otros microorganismos presentes en el ecosistema.
Las pruebas se realizaron con agua del lago Erie, un cuerpo de agua que ya enfrentó episodios críticos de contaminación. En uno de los casos más recordados, una floración tóxica dejó sin agua potable a cientos de miles de personas, lo que evidencia la magnitud del problema.
Más allá de los resultados iniciales, los investigadores reconocen que aún quedan desafíos por resolver. Entre ellos, la posible formación de biopelículas sobre la superficie del dispositivo y su comportamiento en entornos más complejos, con variaciones de temperatura y corrientes.
Aun así, el desarrollo abre una nueva posibilidad en la gestión ambiental. La apuesta no es reaccionar cuando el daño ya está hecho, sino anticiparse. Si logra escalarse, esta tecnología podría convertirse en una herramienta clave para prevenir crisis sanitarias y proteger recursos hídricos en distintos puntos del mundo.




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