Teherán perdió a Khademi: otro golpe al núcleo más sensible del CGRI

Actualidad06/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Irán confirmó la muerte del jefe de inteligencia de la Guardia Revolucionaria y sumó otra baja de peso en una cadena de mando ya dañada.

Majid Khademi. Foto Khamenei.ir/via Wikimedia Commons/The Jerusalem Post
Majid Khademi. Foto Khamenei.ir/via Wikimedia Commons/The Jerusalem Post

La jefatura de inteligencia del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica volvió a quedar vacía en menos de un año. Majid Khademi murió y su caída dejó otra vez expuesto uno de los sectores más delicados del aparato de seguridad iraní. La confirmación llegó este lunes desde Teherán y volvió a mostrar que la guerra ya no sólo erosiona infraestructura o posiciones militares, sino también el corazón de la conducción del régimen.

La versión iraní habló de una muerte causada por ataques lanzados por Estados Unidos e Israel, mientras que del lado israelí el Ejército sostuvo que lo abatió en un ataque aéreo en Teherán. Esa doble narración no cambia el dato principal: el jefe de inteligencia del CGRI ya no forma parte de la cadena activa de mando. En medio de una campaña de ataques selectivos contra figuras estratégicas, la pérdida de Khademi se inscribe en una ofensiva que apunta a descabezar áreas de decisión, coordinación y control interno.


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El comunicado difundido por la Guardia Revolucionaria buscó envolver esa muerte en el lenguaje simbólico del régimen. Allí sostuvo que Khademi “cayó mártir en el criminal ataque terrorista perpetrado por el enemigo estadounidense-sionista en la madrugada de hoy” y lo describió como un general “poderoso y culto” que protegió “con sinceridad y valentía” a Irán y a la Revolución Islámica de 1979. Esa caracterización no fue un detalle ceremonial: mostró que Teherán no presentó su muerte como una baja administrativa, sino como la pérdida de un cuadro central de confianza política e inteligencia.

Khademi había llegado a ese cargo en junio de 2025, después de la muerte de su antecesor, Mohammad Kazemi, durante la guerra de 12 días con Israel. Ese dato vuelve todavía más elocuente la secuencia que enfrenta la inteligencia del CGRI: dos jefes caídos en menos de un año dentro de un mismo ciclo de confrontación. La jefatura no sólo cambió de nombre dos veces; quedó convertida en una posición especialmente vulnerable dentro del organigrama iraní.


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La muerte de Khademi también tiene peso por el lugar que ocupaba dentro de una estructura que mezcla seguridad, represión interna y respuesta militar. AP y otros reportes de este lunes remarcaron que Israel lo ubicaba entre las figuras de mayor valor operativo dentro del sistema de inteligencia de la Guardia Revolucionaria. Cuando ese tipo de objetivo cae, el daño no se mide sólo por rango, sino por la cantidad de información, relaciones y mandos que esa persona concentraba.

Su caída no aparece aislada. Desde el 28 de febrero, los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel golpearon el vértice del poder iraní y dejaron entre los muertos al líder supremo Ali Khamenei, además de otros dirigentes políticos y militares de máxima jerarquía. En esa lista también figuran el comandante de la Guardia Revolucionaria Mohammad Pakpour y el jefe del Estado Mayor Abdolrahim Mousavi, lo que muestra que el vaciamiento no se concentra en un solo brazo del régimen, sino en varios niveles de mando al mismo tiempo.


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Ese telón de fondo explica por qué la muerte de Khademi pesa más que una baja táctica. La inteligencia del CGRI no opera en un carril separado del resto del sistema, sino que cruza información militar, seguridad interna y protección de la dirigencia. Con la cúpula golpeada desde fines de febrero, cada nombre que desaparece no sólo abre una vacante: agranda el problema de continuidad, reemplazo y control dentro de una estructura que ya perdió piezas de máxima jerarquía.

Israel, además, no presentó el episodio como un hecho aislado ni como una operación excepcional. En sus comunicaciones de este lunes sostuvo que Khademi era “uno de los comandantes de mayor rango del CGRI” y lo ubicó dentro de una campaña más amplia contra la infraestructura y las capacidades de Irán. Eso deja una señal política y militar al mismo tiempo: el objetivo no se limita a responder ataques, sino a seguir recortando capacidad de mando en el aparato iraní.


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La muerte del jefe de inteligencia llega, además, en un momento en que mediadores intentan instalar una tregua de 45 días entre Washington y Teherán. Esa negociación convive con una cadena de ataques que no afloja y con amenazas cruzadas sobre infraestructura crítica, el estrecho de Ormuz y objetivos energéticos. En ese marco, la desaparición de Khademi no cierra nada: suma otra pérdida sensible para Teherán justo cuando la guerra discute si entra en una pausa o profundiza la demolición de su núcleo de poder.

Fuente: NA, Reuters, AP News.

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