
El ruido de una pista de atletismo, el ritmo de las zancadas y una cuerda corta que lo une a su guía son hoy parte de la rutina de Rodrigo Rosales. A los 35 años, corre como si siempre hubiera estado ahí, pero su historia empezó mucho antes, en un lugar completamente distinto. Lo que hoy parece una carrera en ascenso, nació de un golpe seco y de una decisión que no tuvo vuelta atrás.

Rodrigo perdió su primer ojo a los 10 años, después de una caída mientras jugaba. La operación no logró sostener la visión y desde entonces convivió con limitaciones que no siempre respetó. Durante años hizo una vida normal, sin dimensionar que el otro ojo también estaba en riesgo. “No me cuidé”, admite, recordando una etapa en la que el deporte era solo juego y no un camino.
OTRAS NOTICIAS


A los 28, la situación cambió para siempre. El segundo ojo comenzó a fallar y en poco tiempo llegaron las cirugías, las complicaciones y el diagnóstico definitivo. La oscuridad apareció de golpe. “O me quedaba tirado en mi cama o había que seguir, no quedaba otra”, resume sobre ese momento que marcó un quiebre total. Y eligió levantarse.
El atletismo no apareció como una promesa inmediata, sino como una forma de sostenerse. Primero fue volver a correr, después entender que ahí había algo más. “Es lo que me gustaba y lo que me gusta hacer”, dice sin vueltas. Con el tiempo, ese gusto se transformó en disciplina, y la disciplina en resultados que empezaron a llamar la atención.
OTRAS NOTICIAS
Entrena acompañado por su guía, Francisco Kraguic en @krrunning, con quien mantiene una coordinación precisa a través de una soga corta. No corre solo. No puede. Pero eso no le impide avanzar a la par de cualquiera. “Vamos agarrados… y siempre me dicen que vamos los dos parejitos”, cuenta. Esa sincronización, que parece simple, es una construcción diaria.
El salto llegó cuando empezó a competir con regularidad. Pasó de distancias cortas a carreras de 5 y 10 kilómetros, donde encontró su mejor versión. “Me gusta más disfrutar la carrera, todo lo que significa la preparación”, explica. En ese proceso, el acompañamiento de su entrenador fue y es clave, no solo en lo técnico, sino también en la confianza para proyectar más lejos. en redes sociales lo podemos seguir como @elpibedelasgafas
OTRAS NOTICIAS
En una reciente competencia en Neuquén, los tiempos marcaron un antes y un después. Bajó segundos importantes en pruebas exigentes y eso lo puso en el radar nacional. “Le bajamos 9 segundos a los 1500 m y 30 a los 5000 m”, detalla. No fue solo una mejora: fue una señal. "Sí bien sabíamos que teníamos que dar los mejor cada uno porque estaban los seleccionadores nacionales, jamás imaginamos hacerlo de ésa manera".
Ese rendimiento lo acercó a un escenario que hasta hace poco parecía lejano. Desde la estructura del atletismo adaptado empezaron a observarlo con otra mirada. La propuesta no fue menor: dejar atrás las distancias cortas y empezar a pensar en el maratón. El objetivo, a largo plazo, son los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028.
OTRAS NOTICIAS
El cambio implica todo. Más kilómetros, otra preparación y una exigencia física, una dieta específica y sobre todo un cambio mental, completamente distinto. Rodrigo lo sabe. Nunca corrió 42 kilómetros en competencia. Apenas llegó a 15 en entrenamientos. Pero la idea ya está en marcha. “Hay que empezar a preparar esa distancia, tiene que dejar de ser un sueño y convertirse en realidad, quiero representar a mí Rawson, mí Chubut y mí Argentina”, dice, con la naturalidad de quien ya atravesó desafíos más duros.
Lejos de los tiempos y las marcas, hay algo que sostiene todo el proceso. Rodrigo corre porque en ese momento se desconecta del resto. “Cuando lo hago me olvido de todo”, asegura. Ese presente, ese instante donde solo importa avanzar, es lo que lo mantiene enfocado.
OTRAS NOTICIAS
No se define por lo que perdió, sino por lo que hace. “Soy una persona no vidente, que corre, ni más ni menos”, dice al presentarse. En esa frase corta hay una forma de pararse frente a la vida. Sin épica, sin dramatismo, pero con una claridad que se refleja en cada paso que da.
Mientras proyecta el salto al maratón, Rodrigo insiste en sostener lo básico: entrenar, mejorar y no perder el eje. “Poner los pies sobre la tierra y vivir el día a día”, repite. El objetivo es grande, pero el camino sigue siendo el mismo: salir a correr.


















