Desde Malvinas, una radio patagónica cuenta lo que allá no se ve

Actualidad14/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Soledad Herrera relató la emoción de transmitir desde las islas, los controles de ingreso y las restricciones que pesan sobre los símbolos argentinos.

Malvinas foto Radio del Mar
Malvinas foto Radio del Mar

Hablar por radio desde las islas Malvinas ya encierra una carga política, histórica y emocional que excede cualquier cobertura habitual. En ese punto quedó parada Soledad Herrera, periodista de Radio del Mar, que desde el archipiélago describió no sólo el impacto de haber llegado, sino también el marco concreto en el que le toca trabajar: controles estrictos, recorridos guiados y una regla que atraviesa todo el viaje. En su relato, uno de los datos más fuertes apareció sin rodeos cuando explicó que “la bandera argentina es la única que no se puede flamear”.

La llegada, según contó en #MODO17 por #LA17, combinó emoción con un protocolo severo desde el primer minuto. Dijo que el avión aterrizó en una base de la OTAN y que allí les pidieron acreditar alojamiento, fondos para sostener la estadía y un pasaje de regreso con fecha confirmada, requisitos que revisan con rigor antes de permitir el ingreso. Esa escena inicial marcó el tono de una experiencia que, para los periodistas argentinos, tiene tanto de cobertura profesional como de vivencia sensible.


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El recorrido arrancó temprano y de la manera más áspera posible, con una visita al Monte Kent, donde todavía se conservan restos de las primeras avionetas atacadas por fuerzas británicas. Herrera contó que ese primer contacto con el paisaje tuvo una densidad histórica inmediata y que desde ahí siguieron avanzando hacia otros puntos vinculados al desembarco de tropas inglesas. La fuente no se detiene en una crónica militar detallada, pero sí deja en claro que el viaje se organiza alrededor de marcas materiales de la guerra que siguen visibles sobre el terreno.

La tarea periodística, además, se mueve con limitaciones muy concretas. Herrera explicó que en las islas no cuentan con líneas telefónicas como las que se usan en el continente y que la conectividad depende de internet, con apoyo de Starlink en hoteles o vehículos, una herramienta que recién se habilitó de manera más amplia en los últimos meses. Esa condición obliga a pensar cada salida al aire casi como una maniobra técnica, entre traslados, señal disponible y tiempos de recorrido.

La vida cotidiana que encontró en las islas también le mostró una composición social distinta de la que muchas veces imagina el público argentino. Contó que se cruzaron con un guía chileno que habla español, mencionó presencia de personas de Chile, Perú y Filipinas, y también habló de otro guía perteneciente a una familia kelper de quinta generación. En ese mapa humano, dijo, todavía no se había cruzado con argentinos residentes, aunque sí le habían comentado antes del viaje que algunos viven y trabajan allí.


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La travesía no nació de un impulso repentino ni de una simple ocurrencia radial. Según relató, la idea de transmitir desde Malvinas surgió hace alrededor de un año por iniciativa de Víctor Amigorena, y ella se sumó unos meses después, empujada por el peso simbólico del destino y por el deseo de contar desde adentro una experiencia excepcional. En esa dimensión más íntima, una de las frases que mejor retrata el tono del viaje llegó cuando recordó la despedida que les hicieron excombatientes en la puerta de la radio, un gesto que definió como “un abrazo al alma”.

La condición argentina, sin embargo, no puede exhibirse allí de cualquier manera. Herrera dijo que no se puede andar con una camiseta con colores nacionales, ni con una insignia visible, y que incluso un tatuaje vinculado a la Argentina debe taparse para evitar problemas. En esa enumeración apareció otro de los pasajes más reveladores de la entrevista, porque mostró que la disputa por Malvinas no queda reducida al discurso diplomático o escolar, sino que también baja a gestos mínimos de la vida cotidiana y del propio cuerpo.


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Lejos de ese costado más rígido, el viaje también deja escenas pequeñas que ayudan a medir el clima del lugar. Durante uno de los traslados, el chofer chileno que vive entre Inglaterra y las islas les puso Soda Stereo en el vehículo, un detalle que la periodista contó casi como una rareza afectiva en medio de un territorio donde las marcas argentinas visibles exigen cautela. La anécdota vale porque expone una convivencia menos lineal de lo que suele suponerse desde el continente: conviven restricciones simbólicas muy claras con momentos cotidianos de cercanía cultural inesperada.

La primera transmisión salió casi a las apuradas, apenas después del arribo y del acomodo en el hotel, pero el plan de cobertura seguirá durante los próximos días con nuevas salidas al aire y publicaciones en redes. Herrera contó que el grupo se hospeda en Malvinas House, que por ahora se mueve en vehículo desde Stanley hacia distintos puntos de las islas y que todavía resta uno de los momentos más fuertes del viaje: la visita al cementerio argentino. Esa próxima parada deja planteado el verdadero espesor de esta experiencia periodística, porque no se trata sólo de contar desde lejos un territorio disputado, sino de poner la voz argentina en un espacio donde cada símbolo, cada palabra y cada imagen cargan un peso distinto. 

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