Las petroleras ven USD 41.000 millones en exportaciones, pero con tres exigencias

Actualidad16/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un informe del sector traza un salto fuerte para la energía argentina hacia 2035, pero lo ata a más inversión, reglas estables y precios internos sin distorsión.

Sube el petroleo
Petroleo

La industria petrolera ya no discute si la Argentina puede exportar más energía, sino bajo qué condiciones podría convertir ese potencial en dólares concretos. Un informe de la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos puso sobre la mesa una cifra que cambia la escala de la conversación: USD 41.758 millones anuales en exportaciones para 2035. Pero esa proyección no aparece como una promesa lineal ni automática, sino como una meta atada a decisiones difíciles y a una velocidad de inversión que hoy todavía no está garantizada.

La expectativa nace de una combinación que la industria considera excepcional. Por un lado, el país tiene recursos para abastecer durante más de un siglo la demanda local de petróleo y por más de dos siglos la de gas natural. Por otro, el mundo sigue necesitando energía en un contexto donde la guerra en Medio Oriente volvió a poner en primer plano la seguridad de abastecimiento y la diversificación de proveedores.

Ese cruce entre abundancia local y demanda global es el que la CEPH presenta como una ventana histórica. El estudio sostiene: “Por primera vez en la historia disponemos de recursos para abastecer la demanda local y, a la vez, conformar una plataforma de exportación a gran escala destinada a abastecer la demanda mundial”. La afirmación no se apoya sólo en Vaca Muerta, sino también en la idea de que el país puede pasar de usar su energía para tapar déficits a usarla para acumular divisas.

El problema es que ese salto no depende únicamente de tener gas y petróleo bajo el suelo. El propio informe fija tres condiciones centrales para que el escenario más ambicioso no quede reducido a una presentación empresaria: un fuerte incremento de la inversión, precios internos alineados con los valores internacionales y un marco regulatorio estable que empuje nuevos desembolsos. Ahí es donde la industria deja de hablar de potencial y empieza a marcarle exigencias concretas al Estado.


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La primera exigencia es financiera y de volumen. Para que el sector alcance las metas más altas, necesitaría entre USD 12.000 millones y USD 21.000 millones anuales entre 2026 y 2035 en el escenario expansivo, y entre USD 13.000 millones y USD 27.000 millones en el acelerado. Sin ese flujo, la curva de producción, licuefacción y transporte no consigue la escala necesaria para sostener exportaciones de esa magnitud.

La segunda condición tiene que ver con los incentivos que recibe producir en la Argentina. El texto remarca que el pleno desarrollo de los recursos necesita sostener precios internos en línea con los internacionales, algo que rompe con años de desacople, congelamientos y tarifas comprimidas que afectaron inversión y producción. En ese punto, el estudio también recuerda que durante mucho tiempo los subsidios energéticos explicaron parte del deterioro fiscal y que recién desde 2022 comenzaron a perder peso dentro del PBI.

La tercera exigencia es regulatoria y fiscal. La CEPH plantea extender los beneficios del RIGI a toda la producción hidrocarburífera, eliminar retenciones a las exportaciones y reducir la carga fiscal en las cuencas productoras. Esa batería de pedidos muestra que, para las petroleras, no alcanza con celebrar el cambio de clima macroeconómico: quieren una arquitectura legal y tributaria que haga rentable sostener inversiones intensivas durante una década.

El informe también ordena esas aspiraciones en tres escenarios posibles. El primero, el moderado, proyecta exportaciones por USD 22.382 millones en 2035, con importaciones por USD 3.847 millones y un saldo de USD 18.535 millones. Ese camino requeriría inversiones de entre USD 11.000 millones y USD 15.000 millones anuales y es el que la propia industria ve como el más realista.

El segundo, el expansivo, es el que entrega la cifra más impactante del informe para 2035. Allí las exportaciones saltan a USD 41.758 millones, las importaciones quedarían en USD 4.080 millones y el saldo sería de USD 37.678 millones. Ese escenario supone una expansión más acelerada del shale oil, más capacidad de licuefacción y nuevas obras de oleoductos y gasoductos para acompañar el aumento de la producción y de los embarques.


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El tercer escenario, el acelerado, adelanta buena parte del salto productivo hacia 2030. Proyecta exportaciones por USD 40.074 millones en ese año y por USD 41.351 millones en 2035, con un saldo comercial que se mantendría por encima de los USD 37.000 millones. Sin embargo, aun cuando aparece como el más deseado por volumen y velocidad, la propia cámara lo considera menos probable por la escala extraordinaria de inversión que exigiría.

Hay otro punto que el informe no deja afuera: el impacto de esta discusión sobre las cuencas convencionales. La madurez de esos yacimientos obliga, según la cámara, a diseñar reglas específicas para frenar la declinación, sostener actividad y proteger empleo en provincias productoras. En esa misma línea, el texto recuerda que esa producción sigue siendo necesaria para garantizar el crudo pesado que demanda el parque refinador local, de modo que la apuesta exportadora no puede pensarse sólo desde el no convencional.

El argumento empresario se completa con una promesa macroeconómica más amplia. Carlos Ormachea, presidente de la CEPH, resumió el cambio de época con una frase que busca marcar ruptura con la historia reciente: “Históricamente el aumento de precios internacionales se transformaba en un déficit creciente para la Argentina. Hoy, sin embargo, potencia el superávit de la balanza comercial”. Y el estudio agrega que “un sector energético con mayor desarrollo permitiría reducir el déficit fiscal, bajar los costos de abastecimiento y consolidar una balanza comercial superavitaria”.

La discusión que deja el informe, entonces, no pasa por si la energía puede convertirse en uno de los grandes motores exportadores del país. Pasa por otra cosa mucho más concreta: si la Argentina podrá sostener durante años las reglas, el financiamiento y la infraestructura que hacen falta para que esa ventana no se cierre antes de tiempo. En ese margen entre el potencial y la ejecución se juega una parte importante del futuro energético que las petroleras proyectan para 2035.

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