
La inflación mayorista saltó al 3,4% y complica la apuesta oficial a un abril más calmo
Actualidad16/04/2026
REDACCIÓNEl índice que sigue de cerca el mundo empresario pegó un salto fuerte en marzo, quedó al nivel del IPC y volvió a tensionar la discusión sobre los precios que vienen.

La señal que dejó marzo no salió esta vez de la góndola ni del mostrador, sino de un indicador que suele mirar primero el sector empresario. La inflación mayorista subió 3,4%, aceleró 2,4 puntos porcentuales respecto de febrero y quedó exactamente en el mismo nivel que el IPC del mes. Ese cruce entre ambos índices volvió a meter ruido en una discusión sensible para el Gobierno: si el freno de precios que espera para abril realmente tiene base firme o si todavía hay costos que siguen empujando hacia arriba.
El dato no fue menor tampoco por su acumulado. En los últimos doce meses, la variación mayorista llegó a 27,9%, mientras que en el primer trimestre acumuló 6,1%. Esa trayectoria muestra que, aun con una dinámica más baja que la de otros momentos recientes, marzo cortó una inercia más tranquila y volvió a plantar una suba de magnitud en un índice que el propio oficialismo venía usando como referencia para anticipar el comportamiento de la inflación minorista.


La aceleración tuvo un motor bastante visible dentro de la estructura del índice. El avance del IPIM respondió sobre todo a una suba de 3,5% en los productos de origen nacional, mientras que los bienes importados aumentaron 1,1%. Pero el verdadero salto apareció en los productos primarios, que subieron 7,8%, muy por encima de los manufacturados, que crecieron 2,3%, y de la energía eléctrica, que avanzó 2,1%.
OTRAS NOTICIAS:
Dentro de ese grupo primario hubo un rubro que desordenó bastante el cuadro general: petróleo y gas, con una suba del 27,3%. El texto vincula ese movimiento con el aumento del precio internacional generado por el conflicto en Oriente Medio, y a eso se sumó un alza de 6,6% en refinados del petróleo dentro de los manufacturados. Esa combinación ayudó a explicar por qué el índice mayorista tuvo un comportamiento más tenso justo en un mes donde también se encarecieron componentes sensibles para el costo de transporte y para buena parte de la economía.
El Gobierno intentó leer ese salto como un fenómeno transitorio más que como un desvío estructural. Durante el evento de AmCham, Javier Milei dijo que marzo tiene una estacionalidad muy negativa y sostuvo que en el dato impactaron “Educación”, “todo lo que tiene que ver con la guerra y cómo eso afectó a todo lo vinculado al transporte” y también la carne por razones estacionales. En esa línea, insistió en que la política monetaria no cambió y defendió que lo ocurrido no debía leerse como inflación de fondo, sino como un ajuste de precios relativos.
El Presidente además volvió a usar la inflación mayorista como argumento para sostener que la nominalidad debería seguir bajando más adelante. Ya el mes pasado había dicho: “la inflación está bajando y los Precios Mayoristas anticipan lo que viene a futuro en Minoristas”, y en esta ocasión reforzó esa idea al señalar que, una vez superados ciertos factores, “la tasa de inflación va a caer”. El problema para esa lectura es que el dato de marzo no entregó una confirmación limpia de ese sendero, sino más bien un recordatorio de que los shocks sobre energía, alimentos y educación todavía pueden contaminar la trayectoria esperada.
OTRAS NOTICIAS:
Ahí es donde empiezan los matices de los economistas, que no descartan valor analítico en el índice pero sí relativizan su capacidad para anticipar mecánicamente lo que va a pasar con el bolsillo. Claudio Caprarulo, de Analytica, sostuvo que la inflación mayorista “es un buen indicador para entender la dinámica de los precios”, aunque aclaró que trabaja con una metodología distinta a la del índice minorista. El punto clave de esa diferencia es que los mayoristas no miden servicios, justo un componente que en marzo mostró presión propia y donde Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles tuvo una variación de 3,7%, por encima del nivel general.
Aun así, el panorama de abril no llega completamente cargado de malas señales. Los relevamientos privados que siguieron alimentos y bebidas en supermercados durante las primeras semanas del mes mostraron una desaceleración en el ritmo de aumentos, aunque sin una línea completamente uniforme. LCG registró una caída de 0,4% en la primera semana respecto de la anterior y ubicó el promedio mensual de las últimas cuatro semanas en 1,6%, mientras EconViews relevó una variación promedio de 0% para la canasta de alimentos y bebidas en ese mismo período.
Pero esa foto de alivio parcial tampoco quedó completamente consolidada. En la segunda semana de abril, Analyticavolvió a detectar una suba de 0,3% en alimentos y bebidas en cadenas de supermercados. El mismo informe mostró diferencias regionales, con aumentos de 0,2% en NEA y Patagonia, y de 0,5% en Cuyo, además de rubros que siguieron bastante inquietos como pescados y mariscos (3,6%) y azúcar, dulces y chocolates (2,5%), mientras las frutas mostraron una baja de 1,1%.
Lo que deja marzo, entonces, es menos una certeza que una tensión. El mayorista pegó un salto, quedó al mismo nivel que el IPC y obligó al Gobierno a defender otra vez la idea de que la desaceleración sigue en pie aunque tarde un poco más en aparecer. La discusión para abril no pasa sólo por si bajan algunos alimentos, sino por algo más amplio: si el sistema de precios puede absorber golpes externos y ajustes internos sin volver a convertir cada mes en una prueba de estrés para la promesa oficial de desinflación.














