
El matadero Municipal de 28 de Julio probó su planta con burros y revisa qué cambios necesita
Chubut17/04/2026
REDACCIÓNLa experiencia piloto puso la observación en la capacidad operativa del matadero, los controles sanitarios y las condiciones necesarias para sumar otra especie al servicio.

La novedad sobre la carne de burro llegó al trabajo del matadero municipal de 28 de Julio. Allí se realizó una prueba piloto experimental para determinar si la planta está en condiciones de trabajar con esa especie y bajo qué exigencias sanitarias, operativas y edilicias podría hacerlo de manera regular. El dato central, según explicó el intendente Luka Jones, es que el municipio se movió como prestador de un servicio de faena y no como actor comercial del negocio.
Jones precisó en #LA17 que la experiencia se hizo el viernes pasado y que tuvo un objetivo muy concreto: “verificar qué estándares y qué calidad y qué infraestructura debe tener nuestra planta de faena en el matadero de 28 de julio, pero para este tipo de especie como es la especie de los burros”. Esa definición cambia el eje de lectura del tema, porque ubica la discusión en la aptitud técnica del establecimiento y no en la venta del producto. En ese marco, la prueba funcionó como una evaluación preliminar para medir hasta dónde llega hoy la planta y qué ajustes serían necesarios.


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El caso tomó repercusión más allá de la provincia y convirtió a 28 de Julio en parte de una conversación mucho más amplia. El propio intendente reconoció que el tema escaló con rapidez y dijo: “la verdad que fue noticia nacional, lo vi por muchos medios”. Esa visibilidad hizo que un procedimiento técnico y acotado, pensado para revisar capacidades de faena, quedara envuelto en una discusión pública de mayor alcance.

La propuesta no nació dentro del municipio, sino a partir del acercamiento de un productor de la zona costera. Jones indicó que todo comenzó con el pedido de Julio Citadini, de la firma Burros Patagones, vinculado al sector comprendido entre Cabo Raso y Punta Tombo. Según relató, el planteo fue acercado hace alrededor de un año o un año y medio, y desde entonces se empezó a trabajar para que el matadero pudiera quedar a disposición bajo las condiciones exigidas por los organismos competentes.
En ese punto, el intendente insistió varias veces sobre una aclaración que para el municipio resulta central. 28 de Julio no tiene hacienda propia, no vende carne y no toma decisiones comerciales sobre el destino del producto, sino que presta un servicio de faena para especies autorizadas. Jones lo resumió de manera directa al señalar: “nosotros simplemente somos prestadores de servicios en el rubro de la carne, no tenemos hacienda propia, no hacemos venta de carne, nada por el estilo”, una precisión que busca separar el rol municipal del circuito comercial posterior.
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La prueba, por eso, estuvo orientada a revisar si el establecimiento cumple con todo lo que exige una operatoria de este tipo. Jones explicó que el trabajo apuntó a verificar “los estándares sanitarios, operativos y de seguridad alimentaria que debe tener” la planta para poder intervenir con esa especie. La evaluación incluyó observaciones, mediciones y apuntes sobre el comportamiento de la faena, con la idea de dejar asentado qué aspectos resisten el procedimiento actual y cuáles podrían requerir adecuaciones.
El intendente sostuvo que el matadero cumple con las condiciones generales, pero al mismo tiempo admitió que quedaron cuestiones a revisar si el objetivo fuera avanzar hacia una continuidad del servicio con burros. En la entrevista señaló que detectaron necesidades operativas y edilicias que “serían más sencillas si tuvieran algunos cambios” a la hora de trabajar con ese animal. Esa observación abre una instancia de análisis mucho más fina, donde ya no alcanza con la habilitación general de la planta y aparece la discusión sobre inversiones específicas.
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La continuidad de la actividad dependerá, entonces, de varios factores combinados. Jones dijo que el municipio deberá evaluar si la planta puede ser modificada sin afectar su funcionamiento general. No dejó una definición cerrada, pero sí marcó el criterio con el que se moverá la gestión: “si logramos conseguir las inversiones que se llegan a necesitar o no, digamos, para modificar la planta, lo analizaremos y tomaremos la decisión”.
Con ese trabajo, 28 de Julio dejó planteada una posición más técnica que ideológica frente al tema. El matadero quedó disponible para prestar un servicio, siempre que la especie pueda ser trabajada bajo parámetros sanitarios, operativos y de seguridad alimentaria verificables, y siempre que las condiciones materiales de la planta acompañen esa posibilidad. La experiencia piloto ya se hizo, los apuntes quedaron tomados y la próxima definición dependerá menos del ruido público que de la capacidad real para sostener un procedimiento de faena controlado y seguro.















