Las pymes de Madryn sienten que ya se les cerraron todas las puertas por la situación nacional

Chubut20/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Santiago Arnoldi advirtió que la caída del consumo, el cierre del crédito y la falta de alivio fiscal ya empujan a muchas empresas a un límite difícil.

Santiago Arnoldi
Santiago Arnoldi

Las pymes de Puerto Madryn entraron en una zona de agotamiento donde ya no alcanza con aguantar. Según describió Santiago Arnoldi, presidente de la Cámara de Comercio local, el problema dejó de ser una dificultad aislada y pasó a transformarse en una suma de frentes que se cierran al mismo tiempo. Cuando faltan ventas, baja la producción, se restringe el crédito y además desaparecen herramientas para regularizar deudas, la estructura empresaria empieza a crujir por varios lados a la vez.

Arnoldi eligió una imagen muy directa para resumir ese proceso: “cuando ya empieza a cerrarse no una, sino se empiezan a cerrar varias puertas empieza a estar la situación cada vez más complicada”. En su lectura, el deterioro no pega solamente en el resultado mensual de un comercio o de una pyme industrial, sino en la posibilidad concreta de sostener salarios, cargas, proveedores y funcionamiento cotidiano. Esa acumulación es la que vuelve más frágil a un sector que, según remarcó, sigue siendo “el gran motor generador de trabajo en la Argentina”.


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Uno de los puntos que más inquietud le genera al empresariado tiene que ver con la deuda fiscal y con la falta de instrumentos para administrarla. Arnoldi señaló que históricamente existieron planes sostenidos para regularizar obligaciones en condiciones relativamente accesibles y que ese esquema permitía atravesar momentos malos sin que el problema escalara de inmediato. Ahora, en cambio, sostuvo que las empresas reciben avisos cada vez más rápidos y se encuentran con menos opciones para financiar esas obligaciones, incluso cuando ya aparecen compromisos ligados a los empleados y a las cargas sociales.

Ese cambio, dijo, ya no afecta solo a firmas que venían golpeadas desde hace meses. En la entrevista explicó que “cada vez empiezan a aparecer caras nuevas”, una frase que en boca de Arnoldi funciona como señal de alarma porque muestra que la crisis dejó de quedar concentrada en un grupo reducido. El dirigente describió una escena en la que compañías que hasta hace poco parecían ordenadas empiezan a caer en una situación límite al quedarse sin margen financiero para absorber nuevos costos o atrasos.


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La lectura que hace sobre el rol del Estado es especialmente crítica porque observa una presión creciente en el peor momento del ciclo. Arnoldi planteó que, en lugar de ofrecer herramientas para atravesar la baja, el sistema termina apretando sobre quienes ya están haciendo aportes y tratando de sobrevivir. Su definición más filosa fue esta: “En vez de tomar políticas que lo que incentiven es la producción y el consumo, seguimos presionando a los que constantemente están aportando al sistema”.

En ese razonamiento aparece otro elemento que excede a Madryn y conecta la entrevista con lo que está ocurriendo en otros puntos del país. Arnoldi mencionó cierres de locales y problemas visibles en distintas cadenas comerciales, pero además aclaró que el cuadro no se entiende mirando solo un promedio general. Su advertencia fue que hay rubros que lograron acomodarse y otros que directamente quedaron devastados, por eso insiste en que el problema no está tanto en el dato aislado como en la incapacidad de leer qué está pasando adentro de cada actividad.


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También rechazó una mirada simplista sobre las estadísticas y pidió una lectura más fina del consumo actual. Dijo que muchas mediciones no alcanzan a reflejar cómo cambiaron los hábitos de compra, sobre todo a partir del crecimiento del comercio electrónico, donde hoy se venden incluso productos de consumo cotidiano que antes no ingresaban en ese radar. En ese punto, su planteo no fue descalificar todos los números, sino advertir que una interpretación superficial puede terminar escondiendo la profundidad real del deterioro comercial.

Frente a ese panorama, la respuesta empresaria todavía se mueve en el terreno de las gestiones y de la búsqueda de interlocutores con más peso político. Arnoldi confirmó que esta semana viajará a Buenos Aires para seguir conversaciones con la Cámara Argentina de Comercio y con CAME, en la expectativa de que una acción coordinada logre torcer alguna de las decisiones que hoy complican al sector. A la vez, remarcó que ese esfuerzo también debería ser acompañado por la política provincial y por medidas que entiendan la gravedad del cuadro antes de que el deterioro sea irreversible.


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La frase que eligió para describir ese límite fue probablemente la más dura de toda la charla. Arnoldi sostuvo que “cuando la empresa cierra ya no tenemos nada que sacarle y el problema se agrava a nivel general”, una idea que condensa su crítica a una lógica recaudatoria que, según entiende, puede terminar vaciando la base misma sobre la que intenta cobrar. En esa discusión ya no aparece solamente la rentabilidad de una pyme, sino la supervivencia de un entramado económico que sostiene empleo, consumo y movimiento interno en ciudades como Madryn.

Por eso, más que una queja sectorial, el diagnóstico que dejó la entrevista expone una advertencia concreta sobre lo que puede venir. Si siguen cerrándose al mismo tiempo el crédito, las facilidades para regularizar deuda y las ventas que sostienen el día a día, la discusión dejará de pasar por cómo ayudar a las pymes a recuperarse y empezará a girar alrededor de cuántas logran seguir abiertas. Esa es la frontera que Arnoldi quiso marcar cuando pidió equilibrio antes de que, para muchas empresas, resulte más fácil cerrar que seguir.

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