Tía Maruca cierra su planta histórica en San Juan y deja decenas de despidos

Actualidad20/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El cierre definitivo en Albardón golpea a una marca instalada en todo el país y expone el derrumbe de una empresa que intentó sostenerse con nuevos socios.

Tía Maruca
Tía Maruca

La planta principal de Tía Maruca cerró de manera definitiva en Albardón, San Juan, y con esa decisión se terminó una historia industrial de más de dos décadas que había logrado meter a la marca en góndolas de todo el país. El cierre dejó sin trabajo a decenas de empleados y le puso punto final a la actividad fabril más importante de la empresa. La noticia también impacta porque no se trata de una firma marginal, sino de una marca popular que durante años compitió en un segmento masivo del consumo argentino.

El golpe no queda reducido al cierre de una fábrica. La caída alcanza a una empresa nacida en 1998, de capitales locales, que había construido una identidad reconocible dentro del rubro alimenticio y había sostenido una presencia constante frente a competidores de mucho mayor escala. En San Juan, además, la planta ocupaba un lugar relevante dentro del empleo industrial de la zona.


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La salida final llega después de un intento de reordenamiento que no alcanzó para torcer el rumbo. En 2024, el 50% de Tía Maruca pasó a manos de Argensun Foods, firma de la familia Díaz Colodrero conducida por Pablo Tamburo, con un plan de producción de 20.000 toneladas de galletitas por año que incluía, además, a las marcas Dale y Argentitas. Ese ingreso empresario buscaba darle escala, volumen y una red comercial más amplia a una compañía que ya venía muy golpeada.

La operación aparecía respaldada por una estructura comercial fuerte. La fuente señala que el portafolio de Argensun Foods se comercializa a través de Pro Novelties, con presencia en más de 20.000 puntos de venta a nivel nacional, y que sus productos llegan a 400.000 consumidores en el segmento de semillas de girasol. Sin embargo, ni esa espalda comercial ni la incorporación de un nuevo socio alcanzaron para sostener la planta sanjuanina.


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El otro 50% quedó en manos del fundador, Alejandro Ripani, que siguió como accionista y continuó dentro de la firma. Ese dato marca que la empresa no quedó desarmada por una retirada de sus dueños originales, sino por un deterioro económico que ya venía de antes y que había llevado a Tía Maruca a un concurso de acreedores, homologado justamente con el ingreso de Argensun Foods. El cierre actual termina de mostrar que aquella reestructuración no logró recomponer la operación productiva.

La planta ya había dado señales de fragilidad el año pasado, cuando la producción se frenó. Ahora ese antecedente adquiere otro valor, porque deja de ser leído como una pausa y pasa a verse como la antesala de un desenlace definitivo. La fábrica de Albardón quedó así convertida en el punto más visible de un proceso de desgaste que venía acumulando presión desde hacía tiempo.


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Entre las causas que empujaron esta decisión aparece primero la caída del consumo interno, un dato decisivo en un negocio que depende del movimiento diario en productos de compra masiva. A eso se sumó el aumento sostenido de costos en insumos centrales como harina y azúcar, que encarecieron la producción y achicaron los márgenes en un mercado cada vez más agresivo. Cuando ese combo se instala durante meses, la ecuación empieza a romperse incluso para las marcas con trayectoria.

El cuadro se agravó con las dificultades para acceder a financiamiento y con una presión impositiva que, según la fuente, complicó la posibilidad de modernizar la producción. En ese contexto, competir con marcas más baratas dentro del mercado de galletitas dulces “se volvió cada vez más difícil”, una definición que resume el deterioro con bastante precisión. La empresa quedó atrapada entre costos en alza, ventas debilitadas y menos herramientas para invertir o reconvertirse.

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