
La tregua frágil entre Estados Unidos e Irán volvió a mover al crudo: en tres ruedas pasó de un piso cercano a US$86 a la zona de US$95.

El petróleo arrancó la semana con otro envión fuerte y volvió a instalar el temor de un barril cerca de los US$100. El Brent trepó este lunes hasta la zona de US$94,75 a US$96,85, según distintos tramos de la rueda, después de haber tocado el viernes un mínimo intradiario de US$86,09. Ese recorrido comprimido en apenas tres jornadas muestra hasta qué punto el mercado dejó de moverse por fundamentos estables y empezó a reaccionar a cada novedad militar o diplomática en Medio Oriente.
El disparador de la suba fue el deterioro del frente entre Estados Unidos e Irán. El mercado volvió a temer por una ruptura del cese del fuego luego de que Washington capturara un carguero iraní y de que se registraran nuevos ataques a buques en la zona. A eso se sumó que el tránsito comercial por el Estrecho de Ormuz siguió muy dañado, con un nivel de circulación muy por debajo del habitual.


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La magnitud del rebote se entiende mejor cuando se la compara con lo ocurrido apenas unas horas antes. El viernes, el Brent había cerrado con una caída del 9% y había terminado en US$90,38, empujado por las señales de distensión después de que Donald Trump asegurara que el paso por Ormuz volvería a abrirse. Esa mejora duró poco porque el mercado encontró rápidamente datos en sentido contrario y volvió a cargar prima de guerra sobre el precio del crudo.
El barril todavía no regresó a los máximos que mostró en marzo, pero volvió a ubicarse en una zona que incomoda a toda la economía global. La semana pasada el Brent llegó a tocar un pico de US$118 durante la escalada bélica y que luego había retrocedido hacia US$95 tras el alto el fuego del 7 de abril. El salto de este lunes, por lo tanto, no abre una crisis nueva: reactiva una crisis que nunca terminó de cerrarse.
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La razón por la que cada sobresalto en esa región golpea tan rápido al petróleo está en la geografía del comercio mundial. El Estrecho de Ormuz era la vía de salida de alrededor del 20% del crudo y de los combustibles refinados que se movían por mar antes de esta guerra, un volumen demasiado grande como para que el mercado lo absorba sin tensión. Por eso cada amenaza de cierre, cada ataque a tanqueros y cada bloqueo parcial se traduce casi de inmediato en precios más altos y en costos logísticos más pesados.
El impacto ya empezó a sentirse fuera del mercado petrolero. Este lunes la presión sobre la energía alimentó temores de inflación en Asia, donde los bonos sufrieron en marzo la mayor salida de capitales extranjeros en cuatro años. También en Canadá, el alza de la gasolina empujada por la guerra con Irán explicó una parte importante del repunte reciente de los precios al consumidor.
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La discusión ahora ya no gira sólo alrededor de si el Brent tocará o no los US$100, sino cuánto tiempo puede quedarse orbitando esa franja. El mercado empieza a mirar un escenario de precios cerca de ese umbral si la tregua se deteriora y Ormuz sigue virtualmente bloqueado. A eso se agrega que la EIA había proyectado en marzo que el Brent podía sostenerse por encima de US$95 durante dos meses por el efecto de la guerra sobre la oferta.
La volatilidad reciente también dejó otra señal más dura para quienes siguen el mercado día a día. El precio del crudo ya no responde con claridad a un patrón clásico porque las versiones políticas, las amenazas militares y la evidencia física sobre los embarques se contradicen entre sí con mucha velocidad. Ese desacople hace que una frase presidencial hunda al barril un día y que un nuevo ataque a buques lo empuje otra vez al borde de los US$100 al día siguiente.
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El dato más firme de este lunes, entonces, no es un número cerrado sino una dirección. El petróleo volvió a subir con fuerza, el mercado dejó atrás la ilusión de calma que había mostrado el viernes y el barril internacional quedó otra vez a distancia corta de los tres dígitos. Si la tregua se resquebraja y Ormuz sigue trabado, el precio del crudo tendrá todavía más margen para seguir escalando que para desinflarse.
Fuente: NA, Reuters.

















