
Milei reveló la frase que le dijo Francisco cuando fue a pedirle perdón
Actualidad21/04/2026
REDACCIÓNA un año de la muerte del Papa, el Presidente recordó desde Israel el diálogo que mantuvo con Francisco en el Vaticano después de sus viejas críticas.

A la distancia y fuera del país, Javier Milei eligió recordar a Francisco con una escena íntima que hasta ahora no había expuesto con ese nivel de detalle. Lo hizo en el primer aniversario de la muerte del pontífice argentino, en una jornada cargada de gestos políticos, religiosos y simbólicos. Mientras gran parte del Gobierno se preparaba para participar de una misa en Luján, el Presidente apeló a sus redes para poner el foco en una conversación que cambió el tono de su vínculo con el Papa.
El mensaje no giró alrededor de una ceremonia oficial ni de una actividad protocolar. Esta vez, Milei se detuvo en el momento en que decidió pedir disculpas por sus agravios públicos contra Francisco, a quien en otro tiempo había definido como “el representante del maligno en la tierra”. Desde esa admisión, reconstruyó un intercambio personal que hoy usa para destacar la figura del jefe de la Iglesia católica.


En su publicación, el mandatario buscó mostrar el contraste entre aquellas descalificaciones y la reacción que encontró cuando lo tuvo cara a cara en el Vaticano. Según relató, durante ese encuentro reconoció su error y recibió una respuesta que lo marcó. “En esa misma visita le pedí perdón por mi ERROR y su respuesta fue propia de un grande: "No te calentés, todos hacemos boludeces de chico". CIAO!”, escribió.
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La frase apareció en un día sensible para la política argentina y para el universo católico local. En Luján, la plana mayor del Gobierno tenía previsto participar por la tarde de la misa organizada por el Episcopado, una ceremonia atravesada por la memoria del Papa argentino. Milei, sin embargo, no pudo asistir porque permanecía en Israel, donde desarrollaba parte de su agenda internacional.
Ese detalle no resultó menor en la construcción del mensaje presidencial. Lejos del acto religioso que reuniría a funcionarios y referentes de la Iglesia, el Presidente optó por una evocación personal, breve y directa, desde su cuenta en X. Así, la conmemoración pública quedó partida en dos planos: el homenaje institucional en la Argentina y el recuerdo individual del jefe de Estado desde el exterior.
Antes de contar qué le respondió Francisco, Milei ya había fijado el tono de su homenaje con otra definición cargada de peso político. “Aquí con el argentino más importante de toda la historia... Abrazo a la distancia Santo Padre”, escribió al comienzo de su publicación. Con esa frase, no solo recordó su visita al Vaticano, sino que además volvió a ubicar al pontífice en una dimensión excepcional dentro de la historia argentina.
La secuencia también dejó ver un giro en el modo en que el Presidente narra hoy su relación con Francisco. Ya no aparece el dirigente que buscaba confrontar con dureza para marcar diferencias ideológicas, sino un mandatario que rescata un gesto de amplitud frente a una ofensa previa. En esa reconstrucción, el perdón ocupa un lugar central y desplaza la antigua pelea verbal hacia un terreno más humano.
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El recuerdo tomó volumen político porque no quedó encerrado en una anécdota privada. Al publicarlo en una fecha emblemática, Milei lo convirtió en parte de su mensaje oficial sobre la figura del Papa, aun sin hablar desde un atril ni en un acto formal. La elección de esa escena puntual también sirvió para ordenar el homenaje alrededor de una respuesta de Francisco que, según el Presidente, sintetizó grandeza y desdramatización.
En paralelo, la ausencia del mandatario en la misa de Luján terminó de darle a la jornada una forma singular. El Gobierno estuvo representado en la ceremonia religiosa, pero la voz del Presidente llegó desde otro punto del mapa y con otro registro. Esa combinación entre la liturgia local y el mensaje remoto reforzó la idea de un homenaje dividido entre la solemnidad institucional y la memoria personal.
Con ese movimiento, Milei volvió a inscribir a Francisco en el centro de una fecha cargada de sentido para la política argentina. No lo hizo a través de un discurso extenso ni de una reflexión doctrinaria, sino con la recuperación de un diálogo breve que resumió el cierre de una vieja confrontación. En un día de recordación, el Presidente eligió contar menos sobre sí mismo y más sobre el gesto que, según sostuvo, encontró del otro lado.














