
Jorge García Cuerva pidió no abandonar los barrios más vulnerables, alertó por el avance del narcotráfico y dejó un mensaje directo al Gobierno.

La advertencia de la Iglesia volvió a poner en el centro una discusión incómoda para el Gobierno y para toda la dirigencia. Esta vez, el foco no estuvo solo en la crisis social, sino en lo que puede ocurrir cuando el Estado pierde presencia en los barrios más postergados. Para Jorge García Cuerva, ese retroceso no deja un vacío neutral, sino un terreno disponible para que crezcan el narcotráfico, la violencia y otras redes ilegales.
El arzobispo de Buenos Aires eligió hablar de una ausencia con consecuencias concretas. Sostuvo que en los sectores más vulnerables la retirada estatal no implica simplemente menos administración o menos recursos, sino una pérdida de contención frente a problemas que ya avanzan sobre la vida cotidiana. En ese marco, lanzó una frase que funcionó como señal política y social: “Cuidado que el Estado se retire de los barrios”.


La definición no apareció aislada ni como una crítica puntual desligada del contexto. García Cuerva describió un país atravesado por una crisis prolongada y remarcó que la preocupación de la Iglesia viene de hace tiempo. “No estamos pasando un buen momento hace muchísimo tiempo”, señaló, antes de remarcar que la institución viene alertando sobre la situación de los jubilados, las personas con discapacidad y los sectores más castigados.
En ese planteo, el arzobispo buscó despegar su mensaje de una lectura partidaria inmediata. Dijo que la postura eclesial no cambia según el color político de cada administración y que el criterio siempre fue acompañar a quienes más sufren. Por eso insistió en que la preocupación social no apunta solo al gobierno de turno, sino a una lógica más profunda de deterioro y exclusión que atraviesa distintas etapas del país.
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Cuando le preguntaron si considera que la gestión de Javier Milei muestra un menor compromiso con las causas sociales, evitó una definición cerrada. Aun así, dejó una advertencia nítida sobre la función estatal en los sectores populares. “Me reservo la opinión, pero sí alertamos: cuidado con que el Estado se retire de acompañar a los más vulnerables porque justamente para muchos la presencia del Estado es todavía garantía de acceder a derechos sociales”, afirmó.
La idea de fondo quedó todavía más clara cuando vinculó esa presencia con la prevención de fenómenos delictivos y estructuras de captación sobre los jóvenes. Para García Cuerva, allí donde el Estado retrocede no se produce un simple corrimiento burocrático, sino una ocupación concreta por parte de actores violentos. “Cuando hablamos en los barrios más pobres del retiro del Estado, es necesario saber que eso no significa que no pase nada sino que representa que avance el narcotráfico, que avance la violencia, el tráfico de armas, que avancen propuestas facilistas para los jóvenes”, remarcó.
Ese diagnóstico estuvo acompañado por una propuesta de intervención. El arzobispo no reclamó solo un aparato estatal más grande, sino una presencia más eficaz y mejor articulada con las organizaciones intermedias. “Es necesario que el Estado esté, no solo un Estado presente sino inteligente que trabaje con las organizaciones intermedias y fundamentalmente cerca de los vulnerables”, sostuvo.
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Las declaraciones también quedaron atravesadas por la memoria de Francisco, a un año de su muerte. En ese contexto, la voz de García Cuerva buscó recuperar una línea pastoral muy ligada al pontífice argentino, especialmente en lo referido a la cercanía con los descartados y a la denuncia de las economías criminales en los barrios. La referencia al legado del Papa no apareció como un gesto ceremonial, sino como una forma de sostener una mirada social que la Iglesia intenta mantener viva.
Sobre el final, el arzobispo también se refirió a la posibilidad de una visita del papa León XIV a la Argentina, aunque evitó dar certezas. Señaló que la chance existe, pero aclaró que no hay información más precisa que la ya conocida públicamente. Aun así, dejó en claro su deseo con una definición breve: “Ojalá que así sea”.
Entre la preocupación por los barrios, el mensaje al poder político y la evocación de Francisco, la intervención de García Cuerva dejó una posición clara. La Iglesia volvió a marcar que la discusión social no puede separarse de la seguridad, del acceso a derechos ni del lugar que ocupa el Estado en los territorios más frágiles. En esa lectura, el avance del narcotráfico no aparece como un fenómeno aislado, sino como una señal de lo que ocurre cuando la vulnerabilidad queda librada a su propia suerte.















