
Un grupo de estudiantes de Ingeniería de la UNLP quedó entre los 40 mejores equipos del mundo en un certamen de la NASA y busca fondos para competir en Estados Unidos.

El mayor desafío del equipo de la UNLP ya no pasa solo por diseñar un dispositivo capaz de soportar un lanzamiento, transmitir datos y descender de forma autónoma. Ahora la carrera también se juega fuera del laboratorio, en una cuenta regresiva marcada por pasajes, estadía y recursos que todavía no están garantizados. Después de meterse entre los 40 mejores equipos del mundo en una competencia vinculada a la NASA, los estudiantes necesitan convertir un logro académico en un viaje real.
La final será en junio, en el estado de Virginia, y hasta allí quiere llegar un grupo de diez estudiantes que desde fines del año pasado trabaja en un proyecto de alto nivel técnico. El equipo combina perfiles de ingeniería aeroespacial, electrónica y en computación, una mezcla que explica parte de la complejidad del desafío. El problema es que el reconocimiento internacional ya está asegurado, pero la presencia en la instancia decisiva todavía depende de conseguir financiamiento.


El proyecto se llama CANSAT y consiste en construir un “satélite enlatado” que no llega a orbitar, pero sí reproduce condiciones y exigencias de una misión real. Según explicaron Bautista Herrera y Santino Spassarini, se trata de “un aparato pequeño que se lanza en un cohete, soporta fuerzas muy altas y luego desciende de manera autónoma cumpliendo una serie de objetivos”. Esa definición sintetiza una tarea que, en la práctica, obliga a integrar diseño, electrónica, programación y resistencia estructural en un solo sistema.
OTRAS NOTICIAS:
El certamen está organizado por la American Astronautical Society y exige poner a prueba ese dispositivo en condiciones controladas, pero muy exigentes. Entre otros puntos, el CANSAT debe transmitir información en tiempo real y lograr que una cápsula con un huevo llegue intacta al suelo. Esa parte, que puede sonar curiosa, funciona como una manera concreta de medir precisión, estabilidad y calidad del descenso.
Los estudiantes ya dejaron atrás la etapa de diseño y ahora trabajan en la fase de construcción y pruebas. Para eso usan materiales como fibra de carbono y componentes electrónicos importados, lo que empuja los costos y vuelve todavía más difícil sostener el proyecto sin respaldo económico suficiente. En ese contexto, el nivel técnico del trabajo convive con una limitación bien terrenal: cómo pagar todo lo necesario para competir.
La Universidad Nacional de La Plata acompaña al grupo con infraestructura y acceso a laboratorios, un apoyo que resulta clave para sostener el proceso. Pero el viaje a Estados Unidos, con todo lo que implica en traslados, logística, alojamiento y materiales, excede por mucho las posibilidades inmediatas de varios de los integrantes. Por eso los propios estudiantes empezaron una campaña para buscar sponsors, sumar visibilidad y recibir aportes directos.
En esa búsqueda, el equipo decidió salir a contar lo que está haciendo y mostrar que detrás del sueño hay trabajo concreto, horas de ensayo y una preparación seria. “Es un proyecto muy completo, que integra electrónica, programación y diseño aeroespacial. Es una experiencia única para nuestra formación”, resumieron los estudiantes. La frase también deja ver que no se trata solo de viajar a una competencia, sino de defender una experiencia académica y profesional de enorme valor.
OTRAS NOTICIAS:
La dimensión de lo conseguido empieza a tomar forma cuando se mira el mapa completo del certamen. Solo 40 equipos llegaron a esta instancia y la presencia latinoamericana es limitada, lo que vuelve la clasificación de la UNLPtodavía más significativa. En ese escenario, representar al país no es una consigna vacía, sino una posibilidad concreta de mostrar capacidad técnica argentina en un ámbito de altísima exigencia.
Mientras tanto, el grupo sigue trabajando a contrarreloj para llegar con el dispositivo listo y, al mismo tiempo, reunir el dinero necesario para estar presente. En sus redes sociales difunden avances del proyecto y formas de colaborar, con la expectativa de encontrar patrocinadores o aportes que les permitan cerrar el presupuesto. “No es fácil llevar a todo el equipo. Estamos buscando sponsors y cualquier tipo de ayuda suma”, remarcaron, en una definición que resume con claridad el momento que atraviesan.
La ilusión está intacta, pero ahora necesita un empujón que no sale del taller ni del aula. Si consiguen viajar, los estudiantes pondrán a prueba meses de trabajo en una de las vitrinas más importantes que puede tener hoy un proyecto universitario de este tipo. Y si lo logran, no solo llevarán un CANSAT a Virginia: también llevarán una muestra concreta de lo que puede producir la universidad pública cuando el talento encuentra una oportunidad.















