Sturzenegger dijo que el Gobierno busca salarios como los de Japón, no de Haití

Política03/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El ministro afirmó que la Argentina necesita romper la falta de dólares, aumentar exportaciones y cambiar reglas para elevar productividad.

Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado
Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado

Federico Sturzenegger planteó que el nivel de los salarios argentinos depende de una batalla económica más profunda: la capacidad del país para producir, exportar y conseguir dólares sin volver a chocar contra crisis recurrentes. El ministro de Desregulación y Transformación del Estado sostuvo que el Gobierno busca dejar atrás la llamada restricción externa, un problema que durante décadas limitó el crecimiento argentino. En ese marco, afirmó que la meta oficial no es una economía de bajos ingresos, sino una estructura capaz de acercarse a estándares de productividad más altos.

El funcionario expresó su postura a través de redes sociales, donde vinculó el atraso salarial con la escasa capacidad exportadora del país. Según su análisis, la Argentina enfrentó históricamente una barrera que condicionó sus ciclos económicos. “Argentina enfrentaba una pared en su capacidad exportadora que condicionaba todo: le impedía crecer y la llevaba a crisis recurrentes”, señaló.


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La definición más fuerte llegó cuando el ministro comparó el modelo que rechaza con el horizonte que, según dijo, persigue el oficialismo. “No queremos salarios de Haití, sino que queremos la productividad y los salarios de Japón y Polonia. Y como la restricción externa es de factura propia, apuntamos los cañones a destruirla. Es un trabajo difícil, tedioso, pero imprescindible”, afirmó Sturzenegger. La frase instaló una discusión directa sobre qué tipo de economía pretende construir el Gobierno.

El eje de su planteo es que la falta de divisas no aparece como una fatalidad externa, sino como una consecuencia de reglas internas que, según el ministro, traban la expansión productiva. Desde esa mirada, la restricción externa no se resuelve solo con financiamiento o administración de importaciones, sino con reformas que permitan vender más al mundo. El argumento oficial conecta salarios, exportaciones y productividad en una misma cadena económica.


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Sturzenegger también habló de una “Argentina poderosa y próspera”, en contraste con un modelo que crece hasta encontrar un límite cambiario. Esa contraposición resume el enfoque del Gobierno, que intenta presentar sus reformas como una vía para reducir la vulnerabilidad macroeconómica. El mensaje apunta a instalar que el salario alto requiere una economía competitiva, con mayor generación genuina de dólares.

Dentro de las iniciativas mencionadas, el ministro incluyó la revisión de marcos regulatorios considerados sensibles. Entre ellos nombró la Ley de Glaciares, la Ley de Tierras y la Ley de Cabotaje, normas que el Gobierno evalúa dentro de su agenda de desregulación. La inclusión de esas leyes muestra que la estrategia oficial no se limita a medidas fiscales o monetarias, sino que pretende modificar condiciones legales vinculadas con inversión, transporte y explotación de recursos.


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El funcionario también incorporó al debate la búsqueda de acuerdos comerciales con Estados Unidos y la Unión Europea. Esos entendimientos aparecen dentro de una política orientada a ampliar mercados, mejorar competitividad y abrir nuevos canales para las exportaciones argentinas. En la lectura del ministro, esa inserción externa resulta necesaria para sostener una economía menos dependiente de ciclos de escasez de dólares.

La discusión sobre la restricción externa ocupa un lugar central en la historia económica argentina. El concepto refiere al momento en que el país necesita más divisas de las que puede generar y, por eso, el crecimiento termina condicionado por crisis cambiarias, inflación, endeudamiento o frenos a la actividad. Sturzenegger retomó esa idea para justificar una agenda de cambios estructurales que el Gobierno presenta como condición para elevar ingresos.


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El planteo, sin embargo, abre una tensión política inmediata porque las reformas mencionadas involucran áreas con impactos ambientales, productivos, territoriales y laborales. Revisar leyes como Glaciares, Tierras o Cabotaje supone entrar en debates que exceden el plano técnico. La promesa de salarios más altos queda asociada a una transformación regulatoria amplia, cuyo alcance concreto todavía dependerá de decisiones legislativas, administrativas y comerciales.

El mensaje de Sturzenegger buscó ordenar la discusión económica alrededor de una idea: sin más exportaciones, no habrá salto sostenido en productividad ni mejora salarial duradera. La consecuencia pendiente será comprobar si la agenda oficial logra aumentar la generación de divisas sin profundizar conflictos sectoriales. El Gobierno apuesta a que esa ruptura de la restricción externa se convierta en la base de un crecimiento distinto, aunque el camino aparece atravesado por reformas de alto costo político.

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