
3I/ATLAS: Un cometa interestelar reveló pistas sobre un sistema distinto al nuestro
Actualidad03/05/2026
REDACCIÓNEl 3I/ATLAS fue analizado con radiotelescopios en Chile y mostró una composición inusual, con niveles muy altos de agua deuterada.

El cometa interestelar 3I/ATLAS volvió a despertar el interés de la comunidad científica internacional después de que nuevas observaciones permitieran obtener pistas sobre su origen. Se trata apenas del tercer objeto conocido proveniente de fuera del sistema solar que fue detectado mientras atravesaba nuestra región del universo, una condición que lo convierte en una pieza excepcional para estudiar materiales formados alrededor de otras estrellas.
El objeto fue identificado por primera vez en julio, cuando los astrónomos advirtieron que se desplazaba por el sistema solar con una trayectoria compatible con un origen interestelar. Después de su paso cercano al Sol, inició su salida en diciembre, pero dejó información valiosa para los investigadores que lograron observarlo durante esa ventana limitada.


Un estudio publicado el 23 de abril en la revista Nature Astronomy indicó que el cometa se habría formado en un ambiente muy diferente al que dio origen al sistema solar. Las observaciones fueron realizadas a comienzos de noviembre con el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array, conocido como ALMA, un conjunto de radiotelescopios ubicado en Chile.
El hallazgo más llamativo fue la detección de deuterio en el agua del cometa. Según los investigadores, es la primera vez que este isótopo de hidrógeno se identifica en un objeto interestelar. Ese dato es clave porque la presencia de agua deuterada puede funcionar como una huella química del lugar y las condiciones en las que se formó el cuerpo celeste.
El autor principal del estudio, Luis Eduardo Salazar Manzano, doctorando del Departamento de Astronomía de la Universidad de Michigan, explicó que el deuterio suele encontrarse en el agua de los cometas del sistema solar y también en los océanos de la Tierra en forma de agua deuterada. Pero en el caso del 3I/ATLAS, la proporción detectada fue extraordinariamente alta.
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De acuerdo con Salazar Manzano, “nuestras observaciones con ALMA indican que la abundancia de deuterio en el agua de 3I/ATLAS es más de 40 veces superior a la de los océanos de la Tierra y más de 30 veces superior a la de los cometas del sistema solar”. Esa diferencia llevó a los científicos a considerar que el cometa se originó en un entorno extremadamente frío.
Los investigadores estiman que el sistema planetario del que provino el 3I/ATLAS tuvo condiciones muy distintas a las del nuestro durante su formación. La temperatura del ambiente donde nació el cometa habría sido inferior a 30 Kelvin, equivalente a unos 243 grados bajo cero, lo que favorece el enriquecimiento de deuterio en el agua formada en nubes moleculares frías del espacio interestelar.
El objeto también podría ser mucho más antiguo que el Sol y los planetas que lo rodean. Investigaciones previas sugieren que el 3I/ATLAS tendría hasta 11.000 millones de años, frente a los aproximadamente 4.500 millones de años del sistema solar. Esa diferencia temporal lo convierte en una posible cápsula de información sobre etapas muy tempranas de la Vía Láctea.
Salazar Manzano lo resumió con una imagen potente: “Los objetos interestelares son cápsulas del tiempo que traen material de los entornos donde se formaron otros sistemas planetarios, y nuestras mediciones finalmente nos permiten abrir esas cápsulas y observar las condiciones físicas en las que se originaron”. La frase refleja por qué cada nuevo dato sobre este tipo de cuerpos tiene valor para la astronomía.
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El estudio también señaló que el cometa probablemente se formó en las regiones externas de un disco protoplanetario, es decir, en una zona fría y alejada de la estrella alrededor de la cual nació. Esa hipótesis coincide con observaciones previas que detectaron una elevada presencia de dióxido de carbono, otro rasgo asociado a objetos originados lejos de fuentes intensas de calor.
ALMA fue fundamental para obtener estos datos porque puede observar cerca del Sol con una sensibilidad distinta a la de otros telescopios. Los radiotelescopios detectan ondas de radio de baja energía, lo que permite estudiar moléculas liberadas por el cometa cuando el hielo se sublima y pasa a estado gaseoso por efecto del calor solar.
Los científicos esperaban detectar agua común, pero no lograron identificarla en las mediciones. Sin embargo, sí detectaron agua deuterada, lo que sorprendió al equipo. Salazar Manzano aclaró: “Esto no significa que 3I/ATLAS no tuviera agua común; solo indica que estaba por debajo de la sensibilidad de nuestras observaciones”. La presencia de agua deuterada, aun sin una detección clara de agua normal, reforzó la idea de que se trata de un objeto inusual.
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Aunque es poco probable que pueda determinarse de qué sistema planetario provino exactamente, el 3I/ATLAS ofrece una oportunidad única para estudiar cómo eran otros entornos de formación planetaria. Su composición permite inferir condiciones físicas y químicas de una región de la galaxia que pudo existir miles de millones de años antes del nacimiento del Sol.
El astrónomo planetario Theodore Kareta, de la Universidad de Villanova, sostuvo que el estudio de estos cuerpos recién comienza. “Estamos apenas viendo la punta del iceberg en el estudio de estos cometas interestelares”, afirmó. Para los especialistas, cada nuevo objeto de este tipo puede ayudar a comparar la historia del sistema solar con la de otros sistemas formados en la galaxia.
En los próximos años, el Observatorio Vera C. Rubin, también ubicado en Chile, podría detectar más objetos interestelares y permitir una comparación más amplia. Si aparecen otros cometas con características similares, los científicos podrán saber si el 3I/ATLAS es una rareza o si representa una población más común de cuerpos antiguos formados en regiones frías y lejanas.
El paso del 3I/ATLAS dejó una certeza: los objetos interestelares no solo son visitantes fugaces, sino archivos naturales de la historia galáctica. Su composición puede revelar cómo se formaron otros sistemas planetarios, qué materiales contenían y de qué manera cambió la Vía Láctea a lo largo de miles de millones de años.















