La marea roja no solo mata ballenas, las toxinas viajan por la red marina hasta los fetos de lobos

Chubut05/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un estudio del CENPAT revela cómo el veneno microscópico pasó del plancton a los grandes mamíferos. El hallazgo confirma que las crías se intoxican en la gestación.

Laboratio CENPAT
Laboratio CENPAT

El agua cristalina del Golfo Nuevo escondía una trampa invisible que la ciencia local acaba de desarmar pieza por pieza. Científicas del CENPAT-CONICET lograron documentar la ruta exacta que siguen las toxinas de la marea roja hasta voltear a los ejemplares más grandes del océano. Los resultados confirman que el veneno no se queda en la superficie, sino que penetra en la red alimentaria hasta niveles que antes no se habían registrado.

La revelación más impactante del estudio tiene que ver con la exposición fetal en lobos marinos, un fenómeno inédito para la región de Chubut. El equipo del CESIMAR detectó la presencia de saxitoxinas en los fetos de hembras preñadas que murieron durante la primavera de 2022. Esta transferencia materna implica que las crías reciben el impacto de la neurotoxina paralizante antes de nacer, sumando un nuevo riesgo a la supervivencia de la especie.


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El nexo perdido en esta cadena de contagio resultó ser el mesozooplancton, que funciona como un puente de transporte para el veneno. Estos organismos microscópicos consumen el fitoplancton tóxico y lo almacenan para luego ser ingeridos por peces y grandes cetáceos. Según el informe técnico, este segundo eslabón fue la pieza decisiva para que la mortandad escalara de forma tan violenta en el ecosistema del golfo.

Aquella primavera quedó marcada por la aparición de 30 ballenas francas australes fallecidas en un lapso de apenas dieciocho días. La investigadora Valeria D’Agostino recordó que “justo un día antes de que se reportara la primera ballena muerta, el 23 de septiembre de 2022, observamos varias ballenas francas australes alimentándose activamente en la superficie”. Al día siguiente, la postal cambió drásticamente con los primeros cadáveres encallando en las playas cercanas a Puerto Madryn.


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No todos los animales que entraron en contacto con el complejo Alexandrium catenella terminaron muertos en la orilla. Los análisis en muestras fecales de ballenas vivas mostraron niveles de toxinas que prueban una exposición subletal en los ejemplares que sobrevivieron al pico de la floración. Este dato es vital porque demuestra que la marea roja afecta de manera silenciosa a una población mucho mayor de la que el ojo humano llega a contabilizar.

La floración estuvo dominada por un microorganismo capaz de generar toxinas paralizantes de moluscos, afectando tanto a la fauna como a la seguridad alimentaria humana. El estudio del Instituto Argentino de Oceanografía analizó muestras de cholgas y peces pelágicos para entender el alcance del veneno. Las Floraciones Algales Nocivas son procesos naturales, pero su intensidad en 2022 rompió con todos los registros previos de la zona por su capacidad de daño.


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La crisis ambiental también tuvo su eco en el sistema de salud de Puerto Pirámides, donde se registró un pico de consultas llamativo. Cerca del 10% de la población local buscó asistencia médica por síntomas gastrointestinales durante los días más críticos de la mortandad marina. Aunque la ciencia todavía no establece un vínculo causal directo, la coincidencia temporal obliga a mirar con lupa el impacto de estas toxinas naturales en la vida cotidiana de las villas costeras.

Pocas veces se logra capturar un proceso biológico tan complejo mientras está sucediendo en el mar abierto. Para Valeria D’Agostino, “este estudio proporciona evidencia de campo, poco común, sobre cómo las toxinas se mueven a través de un ecosistema marino casi en tiempo real”. La recolección de muestras incluyó fitoplancton y mamíferos marinos, permitiendo una reconstrucción integrada de la crisis ambiental que sacudió a Chubut.


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El trabajo deja sobre la mesa la necesidad de blindar los sistemas de control costero con una mirada mucho más amplia y colaborativa. En sus conclusiones, la especialista remarcó que “eventos como este resaltan la necesidad de un monitoreo continuo e interdisciplinario que integre oceanografía, ecología, toxicología y salud pública”. La fragilidad del Golfo Nuevo ante estos fenómenos microscópicos exige que la ciencia y la gestión política caminen a la misma velocidad para prevenir futuros desastres.

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