
Directivos de Esquel y fiscales definen qué hacer ante las amenazas en las escuelas
Chubut07/05/2026
REDACCIÓNLa justicia penal instruye a las autoridades educativas para separar los problemas de convivencia de los delitos. Buscan protocolos rígidos para evitar la desprotección legal.

Los directivos de las escuelas de Esquel ya no pueden resolver los conflictos internos con una simple amonestación o un llamado a los padres. La aparición recurrente de amenazas, muchas de ellas anónimas o digitales, forzó un desembarco de la justicia dentro del sistema educativo local. La incertidumbre sobre la responsabilidad legal de los docentes ante delitos cometidos por menores aceleró una cumbre de urgencia en el Centro de Encuentro.
La fiscal jefa María Bottini encabezó una comitiva que incluyó a los fiscales Rafaella Riccono y Martín Robertson para marcar la cancha sobre la Ley Penal Juvenil. Durante la reunión, se dejó en claro que ciertos episodios de violencia ya no pertenecen al ámbito de la convivencia, sino que exigen una respuesta penal inmediata. Los directivos plantearon sus dudas sobre cómo intervenir sin quedar expuestos a denuncias por mal desempeño o exceso de autoridad frente a los padres.
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El equipo del Ministerio Público Fiscal fue enfático en la necesidad de que los colegios cuenten con una hoja de ruta rígida frente a las intimidaciones. "Es fundamental que los directivos sepan que no están solos y que existen protocolos para actuar ante una amenaza o un hecho de violencia", aseguraron desde la fiscalía durante el intercambio técnico. Esta declaración busca bajar la presión sobre los hombros de quienes deben decidir, en segundos, si llaman a la policía o manejan la situación de forma interna.
Los directivos advirtieron que los problemas de las aulas son apenas la punta del iceberg de lo que sucede en el terreno digital. Los talleres que dictará la justicia no se limitarán a la agresión física, sino que abordarán el ciberdelito y los noviazgos violentos como focos de riesgo inminente. El compromiso institucional es que los alumnos comprendan que una conducta en redes sociales tiene consecuencias legales reales fuera de la pantalla.
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La intervención no se agota en la investigación del hecho, sino que requiere un abordaje posterior para contener a la comunidad educativa afectada. Romina Percivale, responsable del Servicio de Asistencia a la Víctima del Delito (SAVD), explicó que los testigos y las familias quedan marcados después de un episodio de intimidación escolar. El acompañamiento psicológico y social se incluyó como un eslabón necesario en la cadena de respuesta que las escuelas deben activar de ahora en más para no colapsar.
El procedimiento penal exige que la escuela no improvise ante la aparición de una amenaza escrita o verbal. La funcionaria Paula Bestene y la referente de capacitación Susana Ponce trabajaron sobre la importancia de preservar las pruebas y realizar los informes correspondientes sin demoras. Este ordenamiento administrativo busca evitar que las causas judiciales se caigan por errores en la cadena de custodia de la información inicial recolectada en los pasillos escolares.
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Los supervisores escolares presentes en el Centro de Encuentro coincidieron en que el aislamiento institucional es el principal obstáculo para frenar la violencia. El pedido de los docentes fue unánime: necesitan canales de consulta directa con los fiscales para evacuar dudas sobre hechos que bordean el delito. Esta demanda derivó en el acuerdo de realizar encuentros periódicos para actualizar los criterios de actuación según la evolución de la conflictividad social en Esquel.
La agenda de capacitaciones comenzará en las próximas semanas y estará centrada en la distinción entre faltas de conducta y tipos penales específicos. Los fiscales explicaron que muchas situaciones de hostigamiento escalan hasta convertirse en amenazas coactivas, un terreno donde la mediación escolar ya no tiene jurisdicción. Los equipos directivos recibieron pautas sobre la tramitación legal de estos expedientes para asegurar que la intervención judicial sea efectiva y no una simple formalidad de papel.
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El éxito de este esquema de coordinación se verá puesto a prueba ante el próximo conflicto real que surja en un establecimiento secundario o primario. Aunque los protocolos estén escritos, la capacidad de respuesta rápida sigue dependiendo de la fluidez del vínculo entre el Ministerio Público Fiscal y el Ministerio de Educación. La frontera entre la disciplina pedagógica y el código penal es cada vez más delgada, dejando a las escuelas en un territorio de vigilancia permanente y responsabilidad compartida.
















