Gabi, el robot que se convirtió en monje budista para acercar jóvenes a los templos

Otros Temas10/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El humanoide participó de una ceremonia de iniciación en Seúl, recibió preceptos adaptados y abrió un debate sobre religión, inteligencia artificial y tradición.

El robot Gabi completó el ritual de iniciación budista sugye en el templo Jogyesa de Seúl.
El robot Gabi completó el ritual de iniciación budista sugye en el templo Jogyesa de Seúl.

Una escena inédita sorprendió en el templo Jogyesa, en pleno centro de Seúl. Entre cánticos, incienso, faroles y monjes budistas, un robot humanoide vestido con túnicas tradicionales participó de una ceremonia de iniciación y completó el ritual sugye, mediante el cual los practicantes prometen seguir las enseñanzas de Buda. Su nombre es Gabi y fue presentado como el primer participante no humano en atravesar este rito dentro del budismo surcoreano.

El robot mide 130 centímetros, pertenece al modelo G1 de la empresa china Unitree Robotics y fue incorporado por la Orden Jogye, la principal confesión budista de Corea del Sur. Durante la ceremonia, Gabi avanzó hasta el altar, juntó las palmas de las manos en señal de oración, se inclinó ante monjes y fieles, y respondió en voz alta cuando se le preguntó si se comprometía a seguir las enseñanzas budistas. “Sí, me dedicaré a ello”, dijo el humanoide.

El nombre Gabi fue elegido por su vínculo con la misericordia y la compasión budista. Según explicó el Venerable Seong Won a la agencia Yonhap, la intención era encontrar un nombre fácil de pronunciar y que representara “la difusión de la misericordia de Buda por todo el mundo”. La elección resume el objetivo simbólico de la iniciativa: unir una tradición espiritual milenaria con las nuevas tecnologías.

La ceremonia incluyó una versión adaptada de los Cinco Preceptos budistas para un participante no humano. Las reglas incorporaron principios como respetar la vida, no causar daño a otros robots u objetos, escuchar y respetar a los humanos y actuar sin engaños. El quinto precepto, que tradicionalmente se relaciona con abstenerse de intoxicantes que alteran la mente, fue reinterpretado para Gabi como una obligación de ahorrar energía y evitar la sobrecarga.


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Esa adaptación abrió una discusión filosófica dentro de la propia orden. “Los humanos beben alcohol y se exceden. ¿Cuál es el equivalente en los robots?”, planteó el Venerable Sungwon, director de asuntos culturales de la Orden Jogye. Luego aclaró que la norma no se refiere únicamente a las baterías, sino a una idea más profunda sobre el exceso.

El monje contó incluso que utilizó herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT y Gemini para ensayar versiones de los preceptos adaptados. Sin embargo, aseguró que las respuestas no lograban captar del todo el sentido de las normas budistas. “ChatGPT no entendió del todo qué son los preceptos”, afirmó, y explicó que no se trata solo de consejos generales, sino de prohibiciones espirituales y éticas.

También hubo cambios en otros momentos del ritual. En la ceremonia de purificación yeonbi, los aspirantes humanos reciben una marca simbólica mediante el contacto con incienso encendido. En el caso de Gabi, ese gesto fue reemplazado por una pegatina conmemorativa y por un collar de meditación de 108 cuentas colocado alrededor de su cuello. Además, recibió un certificado oficial donde, en lugar de fecha de nacimiento, figuró su fecha de fabricación: 3 de marzo de 2026.


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La incorporación del robot forma parte de una estrategia más amplia de la Orden Jogye para acercar el budismo a las nuevas generaciones. En Corea del Sur, la identificación religiosa viene en descenso: solo el 16% de la población se reconoce budista, frente al 23% registrado en 2005. Entre los jóvenes de 20 a 29 años, esa proporción cae al 8%, un dato que preocupa a las autoridades religiosas.

Frente a ese escenario, la orden viene impulsando campañas digitales, aplicaciones de meditación, productos de merchandising y eventos pensados para captar atención en redes sociales. El presidente de la Orden Jogye, el Venerable Jinwoo, había anticipado su intención de incorporar la inteligencia artificial a la tradición budista y orientar sus avances hacia la paz mental y la iluminación.

Los responsables del templo aclararon, sin embargo, que la presencia de Gabi no significa que un robot pueda alcanzar la iluminación espiritual ni que deba ser equiparado a un practicante humano. El objetivo, sostienen, es más pedagógico y cultural que doctrinal. “El objetivo importante es que los jóvenes visiten los templos al menos una vez”, explicó Sungwon. La esperanza es que lleguen por curiosidad tecnológica y luego encuentren una búsqueda más profunda.

La presencia de robots en rituales religiosos no es completamente nueva. En 2017, un humanoide llamado Pepperparticipó en ceremonias funerarias budistas en Japón, y ese mismo año una empresa india presentó un brazo robótico capaz de ejecutar el aarti, un ritual hindú con llamas frente a deidades. Una revisión publicada en 2024 identificó casi una docena de robots participando activamente en prácticas litúrgicas de distintas tradiciones.


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La novedad de Gabi vuelve a poner sobre la mesa una pregunta antigua: si en la religión importa más la creencia interior o la práctica visible. El debate se vuelve especialmente complejo cuando un robot puede repetir gestos rituales, inclinarse, responder y portar símbolos sagrados, pero no experimentar fe, conciencia o transformación espiritual como una persona.

Por ahora, la Orden Jogye apuesta a que el impacto cultural sirva como puente. A fines de mayo, Gabi volverá a aparecer en público durante el desfile anual de las Linternas de Loto, el festival que conmemora el nacimiento de Buda y que fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Allí estará acompañado por otros tres robots de temática budista: Seokja, Mohee y Nisa.

Entre tradición y tecnología, Gabi no busca reemplazar a los monjes ni resolver los dilemas espirituales de la inteligencia artificial. Su presencia funciona más bien como una provocación simbólica: un robot que obliga a mirar de nuevo prácticas milenarias, preguntas éticas y formas de transmitir una religión en un mundo cada vez más atravesado por la tecnología.

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