
CONICET desarrolla un filtro doméstico para sacar microplásticos del agua
Actualidad12/05/2026
REDACCIÓNEl equipo trabaja en un prototipo nacional que busca remover micro y nanoplásticos del agua potable. El proyecto avanza con financiamiento privado y apunta a una futura aplicación comercial.



Un equipo del CONICET trabaja en el desarrollo del primer filtro doméstico nacional pensado para eliminar microplásticos y nanoplásticos del agua. El proyecto se encuentra en una etapa inicial de laboratorio y busca crear un dispositivo que pueda utilizarse en hogares, con un funcionamiento similar al de los filtros de agua convencionales.
La investigación está encabezada por la científica Carla Di Luca, quien explicó que el desarrollo cuenta con financiamiento de la distinción Franco-Argentina en Innovación, otorgada el año pasado. “Estamos en la fase inicial, desarrollando un prototipo que pueda usarse en el hogar para eliminar micro y nanoplásticos del agua”, señaló.


El objetivo es responder a una preocupación creciente: la presencia de partículas plásticas diminutas en el agua, los alimentos y el aire. Estos contaminantes son cada vez más estudiados por sus posibles efectos sobre la salud y por la dificultad técnica que representa detectarlos y eliminarlos de manera eficiente.
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Di Luca explicó que el equipo trabaja sobre un proceso combinado capaz de remover partículas extremadamente pequeñas. “Ahora estamos estandarizando condiciones porque los nanoplásticos son muy difíciles de medir, son partículas de menos de una micra. El desafío analítico es importante”, indicó.
La meta del grupo es contar hacia fin de año con un prototipo funcional y poder determinar con precisión qué porcentaje de micro y nanoplásticos logra remover. Esa etapa será clave para evaluar la eficacia real del dispositivo y definir si puede avanzar hacia una instancia de desarrollo comercial.
El proyecto también despierta interés fuera del ámbito académico. Según la investigadora, existen empresas interesadas en conocer los posibles usos del filtro. “Nos interesa saber los usos comerciales y cuánto remueve realmente. Esperamos aportar una solución innovadora a un problema concreto”, sostuvo.
El avance científico se da en un contexto complejo para la investigación argentina. Di Luca advirtió que el financiamiento público para ciencia viene en retroceso desde hace años y que programas que antes sostenían este tipo de desarrollos dejaron de estar disponibles. “Antes, proyectos como este tenían financiamiento público, 100%. Nos sostenía el sistema científico”, expresó.
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En este caso, el aporte económico proviene del sector privado. La distinción que financia el trabajo otorga 12.000 euros, una cifra que la investigadora considera baja frente a los estándares internacionales, donde subsidios similares pueden alcanzar entre 100.000 y 200.000 dólares. Aun así, el equipo decidió avanzar y buscar alianzas para sostener el desarrollo.
La investigadora remarcó que la falta de fondos obliga a muchos grupos científicos a buscar nuevas formas de apoyo. “Tuvimos que salir a tocar puertas del sector privado y buscar colaboraciones internacionales. Estas tecnologías son costosas y requieren insumos difíciles de costear sin subsidios”, afirmó.
Si las pruebas resultan positivas, el filtro podría convertirse en una herramienta concreta para mejorar la calidad del agua en los hogares. El desafío será demostrar su eficacia, garantizar la seguridad del proceso y conseguir nuevos recursos para escalar la tecnología.
El proyecto muestra una tensión central de la ciencia argentina: mientras los investigadores generan soluciones aplicadas a problemas cotidianos, muchas veces deben hacerlo con recursos limitados. En este caso, la innovación apunta a un tema global, pero con desarrollo local: convertir conocimiento científico en una respuesta doméstica frente a la contaminación plástica.














