
El gas de Vaca Muerta se perfila como el nuevo motor industrial de San Pablo
Actualidad14/05/2026
REDACCIÓNLa caída de la producción en Bolivia deja un vacío energético que Argentina busca cubrir. Para desplazar a la competencia, el país debe ejecutar un plan de infraestructura de 18.000 millones de dólares.

La geografía energética de América del Sur está sufriendo un vuelco irreversible que coloca a la Cuenca Neuquina en el centro del tablero. Mientras los históricos pozos de Bolivia entran en una fase de agotamiento que reducirá su capacidad a solo 18 millones de metros cúbicos para 2030, el gas no convencional argentino se prepara para abastecer al polo manufacturero más grande de la región. El mercado brasileño, especialmente el estado de San Pablo, enfrenta una urgencia de suministro que la producción propia del Presal no logra mitigar debido a sus complejidades de inyección.
El gigante brasileño cuenta con reservas propias, pero los costos y la técnica de su gas offshore presentan dificultades que el recurso neuquino podría resolver de forma más eficiente. Si se logran concretar los tendidos necesarios, la industria paulista podría pagar entre 1 y 3 dólares menos por cada millón de BTU. Esta diferencia tarifaria no es menor cuando se habla de una demanda a gran escala, donde cada centavo de ahorro se traduce automáticamente en una mejora de la competitividad manufacturera del Mercosur.


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Para que esta transformación sea efectiva, Argentina enfrenta el desafío de superar su propio cuello de botella: la infraestructura de transporte. El listado de obras pendientes es extenso y requiere de una inversión que, en su visión más ambiciosa, alcanza los 18.000 millones de dólares. Entre las prioridades inmediatas figuran la reversión "plus" del Gasoducto Norte por 700 millones de dólares y el tramo entre Tratayén y La Carlota, presupuestado en 2200 millones, piezas fundamentales para canalizar el fluido hacia las fronteras.
En este nuevo esquema, Bolivia intenta no quedar totalmente marginada y busca reposicionarse como un territorio de tránsito estratégico. El gobierno del país vecino redefinió el rol de YPFB para que funcione como un "agregador" del gas que viaja desde Argentina hacia Brasil, utilizando los ductos ya existentes que hoy están subutilizados por su propia falta de producción. Sin embargo, el deterioro de sus cuencas tradicionales limita considerablemente su poder de negociación frente a la prepotencia productiva de Vaca Muerta.
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Las proyecciones de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE) son contundentes respecto al cambio de mando energético. Hacia el final de esta década, la Cuenca Austral argentina producirá 22 millones de metros cúbicos, superando por primera vez a la totalidad de la producción boliviana. Esta realidad técnica será presentada formalmente a fin de mes en San Pablo, en un trabajo que busca coordinar la integración regional para reducir los costos energéticos de todos los países vecinos.
Chile aparece hoy como el socio más pragmático y alineado con la estrategia argentina, dejando atrás las tensiones que marcaron la relación bilateral en décadas pasadas. Santiago realizó adecuaciones regulatorias para que sus sistemas sean compatibles con las especificaciones técnicas del gas neuquino, garantizando un flujo constante hacia la Región Metropolitana. El gasoducto GasAndes recuperó un protagonismo central, mientras se evalúa ampliar los envíos hacia el norte chileno para alimentar la demanda del sector minero.
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A nivel interno, la administración nacional aceleró la implementación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) como herramienta para atraer los capitales que requiere la infraestructura. La intención es "saltear" la legislación impositiva actual para dar previsibilidad a los proyectos de plantas de licuefacción y exportación de GNL. Hacia 2030, se estima que Vaca Muerta podrá generar hasta 300 millones de metros cúbicos diarios, de los cuales una parte sustancial se volcará exclusivamente al mercado externo.
Además de los ductos hacia el norte, el plan de obras incluye la potenciación del gasoducto Perito Moreno por 780 millones de dólares y el refuerzo de la Transportadora de Gas del Mercosur. Una de las iniciativas más costosas es el tendido entre San Gerónimo y Porto Alegre, que demandará unos 2700 millones de dólares. El objetivo final es crear una red interconectada que incluya también a Uruguay y Paraguay, países cuya demanda energética irá en aumento sostenido hacia el año 2035.















