
Los yuanes activados bajaron a USD 679 millones, mientras el acuerdo total por USD 19.000 millones entra en sus últimos tres meses de vigencia.

La deuda efectiva por el uso del swap con China quedó reducida a USD 679 millones, según los datos contables del Banco Central. El monto representa una caída fuerte frente al máximo utilizado durante el gobierno de Alberto Fernández, cuando el tramo activado llegó a equivaler a USD 5.000 millones. El dato llega en la antesala de una definición sensible, porque el acuerdo bilateral vence el 6 de agosto de 2026.
El instrumento total sigue siendo mucho más grande que el monto efectivamente usado. El convenio entre el BCRA y el Banco Popular de China tiene un techo de 130.000 millones de yuanes, equivalentes a unos USD 19.174 millones al tipo de cambio informado. Ese total integra las reservas brutas que el Banco Central comunica diariamente, aunque no todo ese dinero se encuentra activado ni disponible sin condiciones.


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La diferencia central está entre el swap como acuerdo vigente y los yuanes realmente utilizados. Al cierre de 2024, los fondos en uso ascendían a 21.000 millones de yuanes, alrededor de USD 3.097 millones. Para el 31 de diciembre de 2025, esa cifra había bajado a 7.000 millones de yuanes, equivalentes a unos USD 1.032 millones.
La reducción continuó en los primeros días de este año. Según información posterior incluida en los estados contables del BCRA, al 14 de enero de 2026 el tramo activado descendió a 4.600 millones de yuanes. Ese monto equivale a los USD 679 millones que ahora aparecen como saldo pendiente, con vencimientos graduales durante el año.
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Con esa dinámica, la deuda por el uso del swap cayó 78% durante 2025. Si se compara contra el inicio de la actual gestión, la baja alcanza el 87%. El Gobierno presenta esa reducción como parte de la normalización de las reservas internacionales y de una menor dependencia de liquidez aportada por el acuerdo chino.
El swap tiene una historia que comenzó en 2009, con el primer convenio entre ambos bancos centrales. Luego fue complementado en 2014 y 2015, mientras que el marco vigente fue renovado el 6 de agosto de 2023 por un plazo de tres años. Los próximos vencimientos operarán en julio de 2026, antes de la fecha límite para decidir una eventual renovación.
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El balance del BCRA también explica cómo funciona técnicamente el mecanismo. El documento señala que “el banco que requiera una transacción de swap debe depositar en una cuenta en sus libros a nombre de la otra parte el monto equivalente en su moneda local”. Luego agrega que “el banco requerido deposita en una cuenta en sus libros a nombre de la otra parte el monto equivalente en su moneda local”.
Esa operatoria permite que Argentina use yuanes para finalidades autorizadas, como el pago de importaciones, sin desprenderse de reservas propias en el momento de la operación. El costo financiero aparece recién cuando esos fondos se aplican. El reporte oficial aclara que “ambas cuentas son no remuneradas en tanto no se apliquen efectivamente los fondos requeridos” y que “al vencimiento de cada transacción de swap cada banco debita el mismo monto depositado originalmente”.
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Durante los años de mayor tensión cambiaria, el país recurrió al swap como una fuente de liquidez en moneda extranjera ante la escasez de reservas netas. La baja del tramo activado indica que el Banco Central redujo su exposición a ese auxilio para cubrir necesidades de corto plazo. Sin embargo, el acuerdo marco sigue siendo relevante porque sostiene un respaldo potencial de gran magnitud dentro de las reservas brutas.
La decisión pendiente será política, financiera y diplomática. Antes de agosto, el BCRA deberá resolver junto al Banco Popular de China si extiende el convenio, lo deja vencer o negocia nuevas condiciones. El saldo usado ya quedó en un nivel mínimo frente al pico anterior, pero el valor estratégico del swap seguirá bajo análisis mientras se acerque el vencimiento del acuerdo.

















