
En el Pro asumen el riesgo de competir con lista propia en las presidenciales para frenar el avance libertario
Política18/05/2026
REDACCIÓNLos estrategas macristas priorizan la retención de la Ciudad de Buenos Aires y asumen el riesgo de competir con lista propia en las presidenciales para frenar el avance libertario.

La supervivencia del partido fundado a principios de los dos mil se juega enteramente en el control de las calles de la Capital Federal. Las oficinas del gobierno porteño aceleraron los planes de gestión local ante la confirmación de que Patricia Bullrich pretende competir directamente por el control del distrito metropolitano. Perder la administración de la Ciudad, luego de dos décadas ininterrumpidas de hegemonía política, representaría un impacto terminal para la estructura partidaria que conduce los destinos de la autonomía desde el año 2007.
El temor a sufrir un nuevo revés electoral en su propia casa obliga a los armadores a recalcular los costos de una ruptura definitiva con el oficialismo nacional. El recuerdo del desembarco de los libertarios en la legislatura porteña funciona como el principal motor de la resistencia local. En aquellos comicios, la postulación de Manuel Adorni relegó al macrismo a un inédito tercer puesto, forzando un repliegue táctico que rompió la tradicional hegemonía de la fuerza en la centralidad del país.


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Ante el desgaste de la convivencia diaria, los técnicos que responden a la ex gobernadora María Eugenia Vidal aconsejan perder el miedo a una caída en el caudal general de sufragios con tal de mantener la identidad. Los operadores del espacio admiten la posibilidad de consolidarse como una fuerza de diez o quince puntos en los casilleros nacionales de la próxima contienda presidencial. La meta de mínima no apunta a un triunfo inmediato, sino a ensanchar los bloques de diputados y senadores nacionales que sufrieron mermas considerables.
El quiebre de la confianza política entre las máximas figuras de ambas fuerzas se remonta a un episodio específico de altísima tensión institucional ocurrido a finales de octubre en la quinta de Olivos. El diálogo directo entre los líderes se interrumpió de forma abrupta el día en que el Presidente decidió echar a Guillermo Francos de la jefatura de Gabinete en medio de una reunión de trabajo. Desde aquel desplante, las líneas de comunicación quedaron desactivadas y la distancia en la gestión parlamentaria comenzó a profundizarse de manera irreversible.
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La estrategia de diferenciación pública se ejecuta a través de un cronograma de intervenciones críticas que el ex mandatario nacional despliega de forma mensual en distintos auditorios del país. El raid comenzó formalmente con el discurso pronunciado en el relanzamiento partidario en Parque Norte, continuó durante la cena anual de la Fundación Pensar y se profundizó con actividades en Chaco y Corrientes. La escalada sumó volumen doctrinario con un duro pronunciamiento en Olivos donde se fustigaron los modos institucionales de la actual conducción de la Casa Rosada.
Esta acumulación de desmarques sistemáticos obligó al PRO a ensayar defensas corporativas ante las acusaciones del oficialismo de funcionar como un supuesto salvavidas del peronismo. El cruce dialéctico se originó cuando el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, tildó las ambiciones electorales de la fuerza vecina como un beneficio indirecto para la oposición dura. La réplica corrió por cuenta del propio Jorge Macri, quien salió a respaldar las recorridas de su primo para reposicionarlo en el centro de la escena política.
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El círculo íntimo del jefe de Gobierno porteño consideró que las declaraciones familiares fueron lo suficientemente explícitas como para evitar que el propio ex presidente deba exponerse a una desmentida pública. Los estrategas consideran que el descontento de un sector de los votantes intermedios con el programa económico de la Casa Rosada no se canalizará hacia las filas del kirchnerismo de forma automática. Esta lectura abre una ventana de oportunidad para ensayar una tercera vía competitiva, similar al fenómeno que catapultó a las fuerzas libertarias en la antesala del recambio gubernamental.
La cohesión interna del espacio se pondrá a prueba en las próximas semanas cuando los bloques legislativos deban definir su postura frente a las leyes clave que impulsa el Ejecutivo en el Congreso. Los legisladores leales recuerdan que la pérdida de centralidad política los obligó el año pasado a alinearse de forma subordinada a las listas del Gobierno tanto en la Ciudad como en la Provincia de Buenos Aires. El desafío actual pasa por demostrar la capacidad de coordinar un perfil opositor responsable sin quedar asimilados al bloque de rechazo mayoritario.















