El misterio que esconde Sierra Grande bajo tierra vuelve a despertar interés científico

Mi Archivo24/05/2026Sergio BustosSergio Bustos

Mucho antes de que Punta Colorada quedara asociada al petróleo y a los grandes proyectos energéticos, Sierra Grande ya llamaba la atención de científicos de distintos países por otra razón completamente distinta. Bajo tierra, en los túneles de la vieja mina de hierro de Hiparsa, funcionó uno de los laboratorios más singulares de Sudamérica: un espacio construido para intentar detectar materia oscura, uno de los mayores enigmas del universo.

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El laboratorio se encuentra a gran profundidad.

A cientos de metros de profundidad, lejos de la radiación cósmica que llega desde el espacio, investigadores argentinos desarrollaron durante los años noventa experimentos considerados inéditos para la región. El laboratorio subterráneo de Sierra Grande se convirtió así en el primero de ultra bajo fondo de Sudamérica y en una referencia para estudios vinculados a física de partículas y astrofísica.

La historia volvió a cobrar fuerza a partir de distintos proyectos científicos que buscan recuperar ese espacio estratégico. Entre quienes impulsan la iniciativa aparece el astrofísico Xavier Bertou, investigador radicado en Bariloche y coordinador argentino del proyecto internacional ANDES, uno de los programas científicos más importantes del hemisferio sur en materia de detección de partículas.


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“La existencia de un nuevo tipo de materia, la materia oscura, es la mejor explicación que tenemos para entender lo que observamos en el Universo”, explicó Bertou al describir uno de los mayores desafíos actuales de la física moderna. El científico sostiene que gran parte del universo está compuesto por una materia invisible cuya presencia sólo puede inferirse por efectos gravitacionales.

El laboratorio rionegrino funcionó entre 1994 y 1997 en uno de los túneles de la mina de hierro, a unos 380 metros de profundidad. Allí se instaló un detector de germanio protegido con un blindaje especial de plomo arqueológico y materiales diseñados para aislarlo de la radioactividad natural del entorno.

Durante más de 1.100 días se recopilaron datos orientados a detectar señales compatibles con partículas candidatas a materia oscura. Los investigadores trabajaron además en estudios sobre axiones solares y en experimentos relacionados con rayos cósmicos, en colaboración con laboratorios internacionales.


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La ubicación geográfica de Sierra Grande aparece como uno de los factores más valiosos para la ciencia. Según explicó la Comisión Nacional de Energía Atómica, la latitud sur convierte al sitio en uno de los mejores lugares del mundo para intentar detectar determinadas modulaciones vinculadas a señales de materia oscura.

“Se está pensando ubicar en el nivel 380 un experimento a base de CCD para intentar observar una potencial modulación diaria de una señal de materia oscura”, señaló tiempo atrás la CNEA. El organismo remarcó que la posición geográfica de Sierra Grande ofrece condiciones excepcionales para ese tipo de estudios.

En paralelo, nuevas generaciones de científicos argentinos continúan trabajando sobre la temática. Uno de ellos es Nicolás Ávalos, estudiante del Instituto Balseiro, quien desarrolla un detector experimental que podría instalarse nuevamente en la mina rionegrina. El proyecto apunta a detectar posibles colisiones entre partículas de materia oscura y núcleos de silicio.


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“El objetivo del dispositivo es detectar la colisión de una presunta partícula de materia oscura”, explicó el joven investigador. Según detalló, el detector deberá funcionar bajo condiciones extremas de aislamiento, bajas temperaturas y vacío para minimizar cualquier interferencia externa.

La materia oscura sigue siendo uno de los mayores misterios de la ciencia moderna. Los investigadores estiman que todo aquello que puede verse en el universo representa apenas una pequeña parte de lo que realmente existe. El resto continúa siendo invisible y desconocido.

Mientras tanto, en las profundidades de Sierra Grande, un viejo laboratorio construido hace más de tres décadas vuelve a aparecer en los planes científicos internacionales. Allí, bajo toneladas de roca patagónica, la ciencia argentina intenta acercarse a respuestas que todavía nadie logró encontrar.

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El túnel conduce al laboratorio.
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