
Los pingüinos de Magallanes cavan cuevas en Río Negro para agrandar sus colonias
Turismo30/05/2026
REDACCIÓNEl desplazamiento biológico hacia el norte patagónico expone la capacidad de adaptación de la especie en acantilados que sufren una fuerte pérdida de vegetación por el pisoteo.

Las altas temperaturas estivales de la costa rionegrina dejaron de ser un impedimento para el asentamiento de las colonias marinas que históricamente elegían las aguas frías del sur. En el norte de la Patagonia, los ejemplares consiguen subsistir a las jornadas térmicas más extremas mediante el diseño de refugios subterráneos profundos. Los animales soportan los veranos de 40 grados refugiándose en sus cuevas, una estrategia arquitectónica natural que transforma el comportamiento habitual de estas aves migratorias.
Este cambio de localización geográfica genera una alteración directa sobre la fisonomía de las restingas y playas continentales. Al comparar los registros fotográficos de los últimos años, el equipo científico del Centro Nacional Patagónico del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Cenpat-Conicet) identificó una modificación drástica en el entorno ambiental. Antes de que llegaran los pingüinos los islotes eran mucho más vegetados y ahora están cada vez más secos, un proceso de degradación del suelo directamente vinculado a las excavaciones de cuevas y al pisoteo constante.


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El desgaste provocado por la densidad de fauna ya cuenta con antecedentes documentados en los archipiélagos de Tierra del Fuego, donde el uso intensivo del territorio deriva primero en la estabilización de los nidos y luego en el abandono definitivo del área. En el caso específico del Parque Nacional Islote Lobos, la población de estas aves se multiplicó por más de 500 durante las últimas dos décadas, pasando de apenas 22 parejas en el año 2002 a unas 12.000 en la actualidad. Las colonias de Río Negro se consolidan hoy como las más septentrionales del continente americano.
La expansión en la provincia vecina contrasta con la realidad de los apostaderos históricos ubicados en Chubut, la principal provincia receptora del recurso turístico faunístico. La reducción de ejemplares en zonas tradicionales, como Punta Tombo, no representa un peligro de extinción, sino que coincide con un desplazamiento de la especie hacia el norte patagónico. El análisis pormenorizado de la geografía costera regional determinó que, mientras la reserva mítica exhibe un amesetamiento, asentamientos menores como El Pedral o la Estancia San Lorenzo muestran tasas altas de expansión.
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Los biólogos descartan que las variaciones numéricas respondan a una mortandad masiva o a una crisis terminal de la fauna marítima local. El relevamiento de campo general permitió registrar 1,34 millones de parejas activas a lo largo de toda la costa de la Argentina. “Queremos dejar en claro que no es que la especie esté en peligro, ni que esté bajando. Tenemos una población estable”, enfatizó Jésica Hombre, la bióloga e investigadora que lideró el proyecto científico de monitoreo integral que abarcó 65 colonias diferentes.
La clave de esta adaptabilidad radica en que las colonias no funcionan como compartimentos estancos o grupos aislados en sus respectivas playas. “Esta especie tiene una dinámica metapoblacional. Esto quiere decir que no es solamente una población, sino que se van moviendo entre colonias”, describió Hombre al explicar el comportamiento en red que poseen estos animales. Los ejemplares operan bajo una estructura de conexiones fluidas, abandonando los territorios degradados para instalarse en islotes con mejores recursos físicos.
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A la par de la erosión del suelo por causas biológicas, las mesas de trabajo analizan las variables que ocurren mar adentro y que escapan al control de las reservas terrestres. Las alteraciones en las rutas de navegación de los cardúmenes por la presión de la pesca comercial, el impacto del turismo costero y los efectos globales del cambio climático sobre las corrientes modifican la ruta del alimento básico. Esta escasez intermitente de recursos obliga a las parejas reproductoras a buscar nidos más estratégicos cerca de las nuevas áreas de alimentación.
Para determinar si los animales que nacen en Río Negro regresan al mismo punto al alcanzar la madurez reproductiva, los científicos comenzaron a implementar técnicas de marcado digital. Los especialistas empezaron a implantar chips intradérmicos en los ejemplares rionegrinos, una herramienta que reemplaza los viejos métodos ópticos de identificación de superficie. La lectura automatizada de estos dispositivos permitirá conocer los patrones de movimiento exactos cada vez que las aves ingresan a la costa para mudar el plumaje.
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El mapa reproductivo del pingüino de Magallanes continuará mutando a medida que los nuevos asentamientos del norte alcancen su techo de saturación ambiental por la pérdida de arbustos protectores. Las bases de datos unificadas entre Chubut y Río Negro servirán para diseñar nuevas pautas de manejo turístico e industrial en las áreas del golfo. La respuesta final sobre la estabilidad definitiva del ecosistema costero dependerá de los resultados que arrojen los monitoreos de largo plazo en las zonas de acantilados.








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