Ni alienígenas ni humanos confirmados: el ADN mantiene abierto el enigma de Paracas

Otros Temas30/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un nuevo análisis sobre las famosas momias peruanas no logró obtener material genético suficiente. La falta de resultados volvió a alimentar hipótesis opuestas.

Los restos hallados en Paracas, en Perú, volvieron a quedar en el centro de la discusión luego de que una nueva investigación genética.
Los restos hallados en Paracas, en Perú, volvieron a quedar en el centro de la discusión luego de que una nueva investigación genética.

Trescientas momias con cráneos extraordinariamente alargados siguen sin ofrecer una respuesta definitiva sobre su origen más de un siglo después de su descubrimiento. Los restos hallados en Paracas, en Perú, volvieron a quedar en el centro de la discusión luego de que una nueva investigación genética terminara sin resultados concluyentes, pese a utilizar técnicas especialmente diseñadas para rescatar ADN antiguo.

La expectativa de los investigadores apuntaba a resolver una controversia que atraviesa desde hace años a arqueólogos, genetistas y promotores de teorías alternativas. Sin embargo, el trabajo realizado sobre dientes extraídos de los cráneos apenas permitió confirmar una dificultad que ya había aparecido en estudios anteriores: el material genético disponible resulta extremadamente escaso.

Los restos analizados pertenecen a individuos que habitaron la región entre el 800 a. C. y el 100 a. C.. La explicación predominante dentro de la arqueología sostiene que las formas craneales responden a una práctica cultural ampliamente documentada en distintas sociedades andinas. Esa costumbre consistía en modificar progresivamente el cráneo de los bebés mediante vendas y tablillas para otorgarle una forma determinada asociada al prestigio o a la identidad grupal.

Esa interpretación cuenta además con antecedentes científicos recientes. Un estudio realizado en Sudamérica durante 2022 sobre 159 cráneos procedentes de las Cavernas de Paracas concluyó que el 98% presentaba señales compatibles con intervención humana intencional. Sin embargo, la persistencia de análisis genéticos incompletos permitió que las especulaciones siguieran circulando.

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La nueva investigación fue encabezada por Abigail McDowell, de la Universidad Liberty, en Virginia. El equipo eligió trabajar con dientes debido a que suelen conservar mejor el ADN que otras partes del cuerpo. La estructura dental funciona como una barrera natural contra el deterioro provocado por el paso de los siglos.

Para maximizar las posibilidades de éxito, los científicos recurrieron a dos procedimientos diferentes. Uno consistió en obtener material del interior de la raíz dental mediante una técnica poco invasiva. El otro implicó triturar completamente la pieza para intentar recuperar una mayor cantidad de ADN.

Los resultados mostraron diferencias importantes entre ambos métodos, aunque ninguno alcanzó el nivel requerido para una secuenciación confiable. La extracción menos agresiva recuperó 2,3 nanogramos por microlitro, mientras que la molienda total permitió alcanzar 14,1 ng/µl. Aun así, los laboratorios necesitan alrededor de 20 ng/µl para obtener lecturas genéticas claras.

McDowell explicó que “todas las pruebas resultaron satisfactorias, pero el ADN de la momia simplemente tenía muy poco material genético restante o estaba demasiado dañado por la edad”. Esa conclusión no aportó respuestas sobre el origen de los individuos estudiados, aunque sí confirmó los límites técnicos que enfrentan quienes investigan restos de tanta antigüedad.

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La falta de una resolución definitiva mantiene enfrentadas interpretaciones muy diferentes. La propia investigadora recordó que “algunos arqueólogos y genetistas atribuyeron la deformación a la práctica cultural de la venda craneal”, una explicación que domina en los ámbitos académicos. En paralelo, persisten grupos que consideran que los cráneos podrían corresponder a linajes no humanos o a supuestos visitantes extraterrestres.

Esa corriente alternativa fue impulsada durante años por divulgadores como David Childress y Brien Foerster, quienes sostuvieron que las modificaciones craneales observadas en distintas culturas habrían intentado reproducir la apariencia de antiguos seres extraordinarios. Las afirmaciones nunca lograron respaldo científico concluyente, aunque continúan alimentando el interés popular por los hallazgos de Paracas.

Lejos de cerrar la investigación, el equipo de la Universidad Liberty planea avanzar con un proceso de desmineralización destinado a liberar una mayor cantidad de ADN. Si obtienen muestras útiles, buscarán compararlas con material genético extraído previamente del cabello de las momias. Hasta que ese paso sea posible, el debate seguirá apoyado sobre una misma realidad: los análisis realizados hasta ahora no alcanzan para confirmar ninguna de las hipótesis en disputa.

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