
El flujo hacia el país vecino cae en 2026 frente a una base muy alta del año anterior. El tipo de cambio y los precios cambiaron el incentivo.

El movimiento de argentinos hacia Chile dejó de mostrar el ritmo excepcional que había marcado el año anterior. Después de un período atravesado por el turismo de compras, con viajes cortos para aprovechar diferencias de precios en indumentaria, tecnología y otros productos, las estadísticas de 2026 empezaron a reflejar una baja sostenida en la cantidad de visitantes que cruzan la cordillera.
La comparación se explica, en parte, por el punto de partida. Durante 2025, el flujo hacia Chile fue muy elevado y estuvo impulsado por una combinación de tipo de cambio favorable, precios más convenientes en determinados rubros y una demanda acumulada de consumo. Ese escenario convirtió a los viajes de compras en una postal habitual para muchos argentinos, especialmente desde provincias cercanas a los pasos fronterizos.


Los datos difundidos por el Servicio Nacional de Turismo de Chile muestran una caída mensual de los viajes argentinos desde el comienzo de 2026. Según las cifras citadas, la baja fue de 28,6% en enero, 39,1% en febrero, 46,3% en marzo y 48,2% en abril, siempre en la comparación interanual. La tendencia marca un contraste fuerte con el año previo, cuando casi 2,9 millones de argentinos visitaron el país trasandino.
El retroceso no significa que Chile haya dejado de ser un destino relevante para los argentinos, sino que el fenómeno perdió el carácter extraordinario que había alcanzado. El viaje motivado por compras depende de una ecuación muy sensible: diferencia de precios, tipo de cambio, costo del traslado, disponibilidad de efectivo o crédito y percepción de conveniencia. Cuando alguno de esos factores se modifica, la demanda se enfría con rapidez.
La economista Laura Vernelli, de Equilibra, explicó que la caída debe leerse contra una base especialmente alta. “El turismo emisivo cae respecto a 2025 porque estás comparando con una base muy alta”, señaló en diálogo con BioBioChile. Su análisis apunta a que el boom anterior no respondía únicamente al atractivo turístico de Chile, sino a una oportunidad económica concreta para consumir más barato.
Vernelli también vinculó el fenómeno con la apreciación cambiaria registrada durante 2025. Según indicó, “durante todo 2025 hubo una apreciación cambiaria para el dólar que paga el turista y un encarecimiento para el turista extranjero en Argentina, que hizo que creciera mucho el turismo emisivo, sobre todo en las vacaciones de verano, y que cayera mucho el receptivo”. Ese diferencial favoreció las salidas de argentinos y redujo el atractivo de Argentina para visitantes extranjeros.
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Uno de los segmentos donde más se notó el cambio fue el de los viajes breves. Muchos cruces a Chile no respondían a vacaciones largas, sino a escapadas de uno o dos días para comprar en supermercados, malls, outlets o tiendas de tecnología. En ese sentido, las estadísticas de excursionistas muestran una señal clara: en abril de 2026, los argentinos que viajaron sin pernoctar cayeron 19,6% interanual, más que los turistas que permanecieron al menos una noche, que bajaron 13,2%.
La diferencia de precios también empezó a perder intensidad. En 2025, algunos productos llegaron a mostrarse casi 50% más baratos del otro lado de la cordillera, una brecha suficiente para justificar el gasto del traslado y el tiempo del viaje. Con una ecuación menos conveniente, el cruce dejó de ser una decisión automática para muchas familias que habían incorporado a Chile como destino de consumo.
El cambio de tendencia convive con un fenómeno inverso: creció la llegada de turistas chilenos a Argentina. En abril de 2026, se registraron 56.400 visitantes chilenos en el país, un 5,4% más que en el mismo mes del año anterior. La variación muestra que el intercambio turístico entre ambos países sigue activo, aunque con motivaciones y direcciones que se reacomodan según precios, ingresos y condiciones cambiarias.
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Desde el sector turístico argentino plantean que el vínculo con Chile continúa siendo estratégico. La presidenta de la Cámara Argentina de Turismo, Laura Teruel, sostuvo que “Chile siempre ha sido uno de nuestros principales mercados” y remarcó la importancia de seguir estimulando el intercambio bilateral. Para la entidad, ambos países pueden fortalecer tanto los viajes entre vecinos como la promoción conjunta ante mercados internacionales.
Teruel también destacó que Argentina y Chile tienen una oferta complementaria para visitantes de larga distancia. “Hablamos de dos destinos con muchísimo para ofrecer; tenemos que seguir consolidando el trabajo de instalación internacional conjunto”, señaló. Esa mirada busca ir más allá de la coyuntura cambiaria y construir una agenda turística regional que no dependa únicamente del consumo de oportunidad.
El descenso de argentinos en Chile, entonces, no aparece como un derrumbe aislado, sino como la normalización de un flujo que había crecido por condiciones excepcionales. El turismo de compras fue el motor del boom, pero su fuerza depende de una brecha que no siempre se sostiene. En 2026, con menos incentivo económico y una comparación exigente frente al año anterior, el movimiento empezó a corregirse.















