Conductores con fallas de visión lateral duplican los choques en las calles

Actualidad08/06/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un informe médico propone exigir campimetrías obligatorias para renovar la licencia de conducir y retirar de la vía pública a quienes sufren de ceguera periférica.

Visión. Foto Magnific
Visión. Foto Magnific

Los siniestros viales registrados durante las horas de la noche duplican su frecuencia cuando los automovilistas de edad avanzada conducen con alteraciones en sus laterales. Las estadísticas de tránsito exponen que una porción de la población mayor protagoniza colisiones debido a la pérdida silenciosa de su capacidad de reacción periférica. Una propuesta médica busca modificar las exigencias del registro vehicular para frenar este patrón de incidentes graves en la vía pública.

El examen tradicional para renovar la licencia de conducir evalúa principalmente la capacidad de distinguir letras a la distancia en un cartel fijo. Los especialistas advierten que este filtro administrativo resulta insuficiente para determinar si una persona se encuentra realmente apta para salir a la calle. El oftalmólogo Omar López Mato cuestionó la laxitud del sistema regulatorio actual al asegurar que “tener buena agudeza visual no debería ser condición suficiente para aprobar el registro de conducir”.


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Los relevamientos en centros de salud revelan que el 55% de los pacientes mayores de 60 años que sufrieron algún accidente vial presentaba defectos del campo visual. Esta distorsión en el consultorio se agrava por un factor perceptivo que invalida la autoevaluación de los propios automovilistas. El experto de la Cámara de Medicina Oftalmológica remarcó que “la mitad de las personas en las que se detecta un defecto del campo visual no es consciente de su limitación”.

El origen de estas cegueras temporales o permanentes responde a un abanico amplio de patologías vasculares, neurológicas, tumorales y metabólicas. El glaucoma lidera las estadísticas de daño campimétrico, registrando una incidencia del 2% en mayores de 40 años que trepa bruscamente al 14% al trasponer los 60 años. El desprendimiento de retina, la diabetes, las secuelas de accidentes cerebrovasculares y la trombosis venosa retiniana destruyen el entorno visual sin alterar la nitidez del centro del ojo.


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Las consecuencias de los episodios médicos graves también repercuten de forma severa en la idoneidad de los conductores que regresan a las calles tras una internación. Entre las personas que sobreviven a un accidente vascular cerebral, entre el 20% y el 60% manifiesta secuelas campimétricas específicas como cuadrantanopsias y hemianopsias. Asimismo, las alteraciones visuales se presentan en el 25% de los cuadros por tumores cerebrales y alcanzan un 80% de los casos en pacientes con tumores hipofisarios.

La amplitud normal del ojo humano permite registrar los movimientos de peatones, ciclistas y espejos retrovisores en un rango de 180 grados combinados. La visión de cada ojo se extiende de forma independiente unos 90 grados hacia el lado temporal, 70 hacia abajo, 60 hacia el lado nasal y 55 en la región superior. El profesional de la salud graficó la fragilidad de esta estructura biológica al señalar que “toda esta área puede compararse a una isla de visión en un mar de ceguera”.


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Los parámetros de las leyes sanitarias nacionales fijan la ceguera legal en una agudeza menor a 1/10 o un campo de visión reducido por debajo de los 20 grados. La falta de aparatología obligatoria en los centros de emisión de licencias impide conocer si los aspirantes cumplen con el piso mínimo que impone la normativa argentina. Frente a este vacío de control, el especialista lanzó un interrogante directo: “Si no medimos el campo visual, que puede estar alterado en una de cada cinco personas, ¿cómo podemos saber si reúne esta condición?”.

El diagnóstico médico de esta afección mutó desde comparaciones básicas en el consultorio hasta plataformas de alta velocidad de procesamiento. El instrumental histórico tuvo su máxima referencia en la cúpula diseñada por el Dr. Goldmann, un dispositivo físico que se utilizó durante décadas en los laboratorios oftalmológicos. Los centros médicos modernos reemplazaron este método clásico por analizadores computarizados y sistemas con antiparras que ejecutan mediciones detalladas en pocos minutos.


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La propuesta de la entidad médica consiste en exigir un certificado oficial extendido por un especialista para todas las personas que superen los 65 años. El documento médico deberá respaldarse de forma obligatoria en una campimetría computarizada antes de convalidar la firma del registro. La aplicación efectiva de este filtro sanitario determinará si los municipios logran retirar de la vía pública a los conductores en riesgo antes de que protagonicen un siniestro evitable.

Fuente: NA.

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