La tropa oculta de Patricia Bullrich que frena la autonomía de Javier Milei en el Congreso

Política15/06/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El armado de segundas líneas en el Estado y el control de legisladores clave le permiten a la exministra fijar condiciones directas ante la Casa Rosada.

Patricia Bullrich y Javier Milei
Patricia Bullrich y Javier Milei

El control de casilleros estratégicos en la estructura del Estado nacional revela un entramado de lealtades políticas que excede la discusión pública tradicional. Figuras identificadas con la conducción de la exministra ocupan puestos técnicos de alta sensibilidad en áreas que van desde el control de armas hasta el espionaje civil. La presencia de nombres como Diego Kravetz en Inteligencia de Estado y Daniel Barberis en la cartera de Seguridad consolida una red de contención institucional autónoma. Esta capilaridad administrativa le otorga a la dirigencia un peso específico propio frente a las decisiones diarias de la Casa Rosada.

La designación de Pablo Walter al frente de la ANMaC y la incorporación de Juan Curuchet en el directorio del Banco Central confirman la penetración de este sector en la botonera financiera y regulatoria. A este esquema de inserción se suman operadores de trayectoria como el exdisputado Gerardo Milman y el concejal platense Juan Pablo Allan. Todo este despliegue de cuadros políticos funciona como un reaseguro territorial que la estructura central libertaria observa con desconfianza permanente. La supervivencia operativa de estas segundas líneas depende directamente del equilibrio de fuerzas en la cúpula del poder central.


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El soporte territorial del sector encuentra su principal caja de resonancia en los parlamentos de la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma. En el territorio bonaerense, la diputada Florencia Retamoso comanda una bancada integrada por Fernando Compagnoni, Abigail Gómez, Sofía Pomponio y Oriana Colugnatti. Este bloque coordina acciones directas con la senadora provincial Daniela Reich para consolidar un núcleo de resistencia legislativa en el principal distrito del país. Mientras tanto, en la Legislatura porteña, el legislador Juan Pablo Arenaza ejerce una fuerte influencia política desde la vicepresidencia tercera del cuerpo.

Los primeros cortocircuitos evidentes surgieron cuando la conducción bullrichista decidió desmarcarse de las directivas directas emanadas desde la Jefatura de Gabinete. Las críticas frontales hacia la protección oficial que recibió el vocero Manuel Adorni marcaron una distancia política insalvable para los sectores más puros del liberalismo. Pocos días después, el quiebre se profundizó al rechazar el pliego judicial de la magistrada María Verónica Michelli, una postulación que el propio presidente intentaba bloquear en las comisiones del Senado. Estas autonomías deliberadas encendieron las alarmas en el esquema de coordinación parlamentaria de la Casa Rosada.


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La conformación de la primera minoría en la Cámara de Diputados se logró gracias al traspaso sistemático de legisladores que respondían originalmente al PRO originario. El diputado Damián Arabia asumió la tarea de articular este traspaso masivo para garantizarle sustentabilidad al oficialismo nacional. En ese armado técnico conviven figuras del riñón íntimo como Sabrina Ajmechet y Patricia Vásquez, quienes aportan volumen discursivo en los debates en comisión. El aporte de este bloque de diputados modificó de raíz la correlación de fuerzas frente a la oposición dura.

El entramado en la Cámara Baja se completa con las bancadas de Laura Rodríguez Machado, María Luisa González Estevarena, Carlos Almena y Miriam Niveyro. En este escenario confuso, la diputada Silvana Giudici sintetiza una posición ambivalente al desempeñarse como secretaria parlamentaria del bloque libertario sin abandonar su terminal política original. Esta doble pertenencia institucional desibuja las fronteras tradicionales entre la tropa propia de la Casa Rosada y los aliados circunstanciales. El alineamiento de estos legisladores se negocia ley por ley, lejos de la disciplina partidaria automática.


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La expansión de este subbloque incorporó voluntades periféricas de origen federal como los santafesinos Alejandro Bongiovanni y Verónica Razzini. A este grupo se acoplaron los diputados radicales disidentes Luis Picat y Mariano Campero, cambiando la base de sustentación parlamentaria del oficialismo. La presencia de estos nombres le permite al Gobierno nacional sentarse a negociar con gobernadores desde una posición de mayor fortaleza relativa. Sin el concurso diario de estos votos, cualquier intento de reforma estructural naufraría de forma inmediata en el recinto.

La realidad en la Cámara de Senadores presenta una dinámica de alianzas volátiles e intermitentes que obliga a un monitoreo constante de los despachos. La jefatura del bloque oficialista debe articular consensos precarios con figuras de peso propio como Luis Juez, Carolina Losada, Francisco Paoltroni y Carmen Álvarez Rivero. Estas terminales legislativas no responden de manera orgánica a las directivas de Balcarce 50, sino que coordinan posiciones según sus propios intereses provinciales. Esta fragilidad numérica convierte a cada sesión ordinaria en un escenario de negociación extenuante para el oficialismo.


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El balance final demuestra que la estabilidad de las mayorías legislativas del oficialismo se encuentra supeditada a los límites de tolerancia de su principal aliada. El oficialismo nacional carece de una estructura partidaria propia con el volumen suficiente para prescindir del capital electoral y parlamentario aportado por la exministra de Seguridad. Una ruptura definitiva en los términos actuales paralizaría de inmediato el tratamiento de las reformas económicas pendientes en ambas cámaras. La subsistencia de la agenda gubernamental depende exclusivamente de un pacto de conveniencia mutua cuyo vencimiento permanece abierto.

Fuente: NA.

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