
El submarinista que bajó del ARA San Juan dijo que no tenía miedo de zarpar
Actualidad19/06/2026
REDACCIÓNJuan Gabriel Viana declaró en el juicio por el naufragio, defendió el estado operativo del submarino y repasó la última navegación hacia Ushuaia.

Juan Gabriel Viana fue parte de la última dotación del ARA San Juan, pero no estuvo a bordo durante el tramo final que terminó con la desaparición del submarino y sus 44 tripulantes. En el juicio oral por el naufragio, el actual capitán de corbeta explicó que desembarcó en Ushuaia por una comisión previamente acordada en un submarino de la Marina de Brasil. Su testimonio colocó bajo análisis el estado operativo de la nave, el nivel de preparación de la tripulación y las decisiones tomadas antes de la zarpada.
Viana declaró que, hasta llegar a la capital fueguina, pensaba completar toda la misión junto al resto de sus compañeros. Según relató, fue el entonces comandante de la Fuerza de Submarinos, Claudio Javier Villamide, quien le informó que debía dejar la unidad para cumplir el compromiso internacional. “Yo no pedí desembarcar”, recordó ante el tribunal, al explicar que su salida del submarino no respondió a una decisión personal frente a la misión.


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El testigo se desempeñaba en 2017 como teniente de fragata y jefe de Navegación del submarino. También cumplía funciones como jefe de Servicios y jefe de Detall General, con tareas vinculadas a la planificación de derrotas, cartas náuticas, logística y preparación previa de la unidad. Su lugar dentro de la tripulación le permitió describir desde adentro cómo se organizó la travesía entre Mar del Plata y Ushuaia.
La misión comenzó el 25 de octubre de 2017 con la salida desde la Base Naval de Mar del Plata. La primera etapa consistía en navegar hasta Ushuaia, luego realizar ejercicios con unidades de superficie cerca del estrecho de Magallanes, cumplir una patrulla de control de mar en el Atlántico Sur y regresar al puerto de origen. Viana participó de esa fase inicial, que concluyó con el arribo a Ushuaia el 4 de noviembre.
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Durante la audiencia, el submarinista sostuvo que el ARA San Juan navegó habitualmente entre los 40 y 60 metros de profundidad durante el trayecto hacia el sur. También indicó que hubo inmersiones puntuales de hasta 80 metros para realizar mediciones sobre propagación del sonido en el agua. Aclaró que esas profundidades estaban dentro de los límites vigentes, ya que desde noviembre de 2016 la unidad tenía una restricción máxima de 100 metros.
Uno de los puntos más relevantes de su declaración fue la evaluación sobre la seguridad de la nave. Viana afirmó que no percibió señales que le hicieran dudar de la condición operativa del submarino antes de zarpar. “No tenía miedo de salir en el submarino, consideraba y considero que el submarino estaba en condiciones de salir a navegar. No había algo que a mí me llame la atención o me haga preocupar con respecto a la seguridad del submarino, por eso zarpé sin ningún inconveniente, y estaba dispuesto a volver con el submarino desde Ushuaia a Mar del Plata”, expresó.
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El oficial también fue consultado por el nivel profesional de la dotación que permaneció embarcada. Su respuesta destacó la experiencia acumulada durante años de navegación, guardias y maniobras a bordo. “Mi opinión personal es que la tripulación tenía un nivel de profesionalismo muy alto”, dijo, antes de señalar que nunca escuchó comentarios de oficiales, suboficiales o del comandante Pedro Martín Fernández que pusieran en duda la posibilidad de cumplir la misión.
La declaración incluyó detalles sobre novedades técnicas registradas durante el tránsito hacia Ushuaia. Una estuvo vinculada con una tapa forro asociada a la escotilla de baterías de proa, que generó ruidos y vibraciones mientras el submarino navegaba sumergido. Luego comprobaron que la tapa había quedado mal cerrada y que el flujo de agua provocaba impactos sobre la estructura.
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La segunda situación mencionada involucró al sistema de snorkel, utilizado para tomar aire del exterior, alimentar los motores diésel y renovar el aire interno mientras el submarino navega a poca profundidad. Viana explicó que dos sensores estaban demasiado sensibles y provocaban el cierre automático de la válvula cabeza ante pequeñas salpicaduras. Según su testimonio, esos cierres intempestivos detuvieron en dos oportunidades los motores diésel, por lo que personal del Departamento de Electricidad ajustó el tiempo de respuesta de los sensores.
El testigo también habló sobre la patrulla de julio de 2017, aunque aclaró que no participó porque estaba de licencia por paternidad. Ese informe había registrado el ingreso de agua de mar al ventilador del tanque de baterías de proa durante una maniobra de snorkel, con una posible falta de estanqueidad de la válvula E-19. Viana sostuvo que su conocimiento provenía de conversaciones posteriores con integrantes de la dotación, entre ellos la teniente de navío Eliana Krawczyk, y dijo que no sabía de una solicitud de obra correctiva posterior para esa válvula.
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Otro tramo de la declaración reconstruyó un episodio ocurrido en el Canal Beagle, a la altura de Puerto Williams. Viana relató que una aeronave chilena sobrevoló la zona y lanzó sonoboyas al mar, un dato que fue informado al llegar a puerto. “En tránsito, al través de Puerto Williams, nos sobrevoló un avión y nos lanzó sonoboyas; esta información la brindamos ni bien llegamos al puerto. El comandante Fernández la elevó”, declaró.
Según explicó, las sonoboyas permiten detectar y registrar sonidos bajo el agua para identificar características acústicas de unidades navales. En ese marco, señaló que la maniobra buscaba obtener información técnica sobre el submarino argentino. “El objetivo de ellos era obtener la firma acústica del SUSJ. El procesamiento de esa información posteriormente se traduce en información de inteligencia”, sostuvo ante las partes.
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Viana también describió el clima interno de la tripulación antes de la última etapa de la misión. Señaló que había marinos conformes con el viaje a Ushuaia y otros que postergaban compromisos personales o familiares por la navegación. “Había muchos que estaban contentos y había otros que no, porque estaban con cuestiones familiares que estaban relegando por la navegación”, afirmó.
El debate oral se desarrolla ante el Tribunal Federal de Santa Cruz, con sede en Río Gallegos, y comenzó el 3 de marzo. Los jueces Mario Reynaldi, Luis Giménez y Enrique Baronetto, con participación remota de Guillermo Quadrini, escucharon durante más de tres meses a más de 90 testigos. En el proceso están siendo juzgados cuatro ex altos mandos navales acusados de presuntas negligencias en el ejercicio de sus funciones vinculadas con la zarpada del submarino.

















