
Manzano desembarca en Calingasta con un proyecto que todavía busca saber si hay minerales
Actualidad20/06/2026
REDACCIÓNLa iniciativa Peña III abrió una instancia de consulta pública en San Juan. Antes de cualquier definición productiva, la empresa apunta a una etapa donde el riesgo de no encontrar recursos sigue siendo alto.

La posibilidad de que exista un yacimiento económicamente aprovechable todavía es una incógnita en Peña III, el proyecto minero que la empresa Compañía Minera Aguilar, controlada por el empresario mendocino José Luis Manzano, busca poner en marcha en el departamento sanjuanino de Calingasta. La firma presentó la documentación requerida para avanzar con la fase más temprana de investigación sobre el terreno y quedó a la espera de la evaluación ambiental correspondiente.
La instancia actual no apunta a extraer minerales ni a desarrollar infraestructura de explotación. El objetivo consiste en reunir información básica que permita determinar si el área presenta indicios suficientes para justificar estudios más profundos. Por esa razón, el expediente ingresado ante el Ministerio de Minería se concentra en tareas preliminares y en la aprobación del Informe de Impacto Ambiental.


La presentación activó además un mecanismo de acceso público a la información. Los habitantes de Calingasta y del resto de San Juan podrán consultar durante cinco días el detalle de los trabajos previstos mediante soporte magnético dispuesto para ese fin. La medida forma parte del procedimiento establecido en el decreto 0007/2024.
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El proceso contempla también una etapa de participación ciudadana posterior a la consulta. El decreto de la Secretaría de Gestión Ambiental y Control Minero establece que “Las observaciones u objeciones debidamente fundadas que surjan de la consulta pública deberán presentarse por escrito ante Mesa de Entradas del Ministerio de Minería dentro del plazo de 3 días hábiles”. Ese esquema permite incorporar opiniones antes de una definición administrativa sobre el proyecto.
La fase de prospección suele ser una de las menos visibles dentro de la actividad minera, aunque resulta determinante para el futuro de cualquier emprendimiento. En esta etapa se recopilan datos geológicos y ambientales que permiten construir una primera evaluación sobre el potencial del área. Sin esa información, el avance hacia estudios más complejos carece de sustento técnico.
Entre las tareas previstas aparecen análisis de mapas geológicos ya existentes, revisión de antecedentes históricos y observación de imágenes satelitales. A esas herramientas se suman recorridas sobre el terreno para identificar formaciones rocosas y características geográficas que puedan aportar indicios sobre la presencia de minerales.
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La búsqueda incorpora además la recolección de pequeñas muestras de rocas, suelos o sedimentos para estudios químicos preliminares. También pueden utilizarse métodos de geofísica básica destinados a medir determinadas propiedades físicas del subsuelo desde la superficie o mediante observaciones aéreas. Se trata de actividades que apuntan a obtener señales iniciales antes de cualquier intervención de mayor escala.
Uno de los aspectos distintivos de esta etapa es el nivel de incertidumbre. La información oficial vinculada al proyecto remarca que el riesgo de no encontrar minerales de interés económico resulta muy elevado durante la prospección. Esa condición explica por qué las inversiones suelen ser considerablemente menores que las requeridas en fases posteriores.
El expediente presentado por la compañía combina precisamente dos elementos que suelen convivir en los comienzos de la actividad minera: una expectativa potencial de descubrimiento y la posibilidad concreta de que los resultados no confirmen la existencia de recursos aprovechables. Solo si los estudios arrojan datos favorables, Peña III podrá pasar a la etapa de exploración, donde las investigaciones adquieren una profundidad técnica mucho mayor y permiten definir con más precisión el verdadero alcance del proyecto.













