
Cada vez más chacras quedan afuera del sistema que protege las exportaciones a Brasil
Actualidad22/06/2026
Sergio BustosLa sanidad de la fruta patagónica enfrenta una señal que empieza a inquietar más allá de los números de exportación. Mientras la producción regional continúa dependiendo de mercados exigentes como Brasil, cada vez son menos las hectáreas que permanecen dentro del sistema sanitario diseñado para evitar la presencia de carpocapsa, una de las plagas más sensibles para la actividad.

Los datos relevados por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) muestran que durante la campaña 2026 la superficie adherida al Sistema de Mitigación de Riesgo (SMR) alcanzó las 23.153 hectáreas, sobre un total de 32.866 hectáreas destinadas a peras y manzanas en el norte de la Patagonia. Aunque el porcentaje de cobertura todavía ronda el 70%, la tendencia de los últimos años comenzó a generar preocupación entre técnicos, organismos sanitarios y productores.
La principal inquietud no pasa únicamente por el acceso al mercado brasileño. Especialistas del sector advierten que una menor cobertura territorial puede debilitar la capacidad regional para controlar la carpocapsa, una plaga considerada cuarentenaria por las autoridades sanitarias de Brasil y cuya presencia puede provocar fuertes consecuencias económicas.


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En la última década, la superficie incorporada al sistema cayó desde 25.321 hectáreas en 2017 hasta los niveles actuales. La diferencia supera las 2.100 hectáreas, una reducción que no aparece como un fenómeno aislado sino como una tendencia sostenida. El retroceso más marcado se registró durante la campaña 2021, cuando cerca de 1.500 hectáreas abandonaron el esquema en una sola temporada.
La disminución también se refleja en la cantidad de actores involucrados. Los registros oficiales indican que los establecimientos adheridos pasaron de 1.965 a 1.712 unidades productivas en diez años. Esa retracción cercana al 13% expone dificultades estructurales que atraviesan distintas zonas productivas de la región y que terminan impactando sobre los programas sanitarios.
El Sistema de Mitigación de Riesgo funciona mediante un acuerdo entre el SENASA y el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento de Brasil. Su objetivo consiste en garantizar que la fruta exportada llegue libre de carpocapsa mediante controles de trazabilidad y monitoreo que abarcan desde la producción en chacra hasta el empaque final.
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Las consecuencias de una detección positiva pueden ser severas. Cuando las inspecciones brasileñas encuentran fruta afectada, los cargamentos pueden ser rechazados, devueltos o destruidos bajo cuarentena. Además del perjuicio económico inmediato, ese tipo de situaciones impacta sobre la reputación sanitaria de toda la región exportadora.
Sin embargo, los especialistas sostienen que el problema excede la lógica comercial. En distintos ámbitos técnicos coinciden en que "la situación aún no puede calificarse como crítica, pero sí como una tendencia preocupante que requiere atención inmediata". La advertencia apunta especialmente a la pérdida gradual de cobertura territorial y a la menor participación de productores dentro del sistema.
Otro aspecto que aparece en el centro del análisis son las llamadas áreas de manejo. La experiencia acumulada durante años muestra que el control sanitario pierde efectividad cuando algunos establecimientos aplican medidas preventivas y otros no. Los montes abandonados o con escaso manejo suelen transformarse en reservorios permanentes de la plaga, afectando incluso a quienes cumplen con todas las exigencias.
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Por esa razón, distintos equipos técnicos impulsan acciones para la próxima temporada. Entre ellas figuran la identificación de establecimientos sin Trampas con Captura Sostenida (TCS), el relevamiento de montes abandonados, la elaboración de mapas regionales de riesgo y un fortalecimiento de las inspecciones en zonas consideradas vulnerables. También proponen avanzar hacia un plan regional que establezca metas mínimas de cobertura y mecanismos permanentes de seguimiento.
La preocupación de fondo es que la reducción de hectáreas, productores y establecimientos adheridos termine generando condiciones favorables para una mayor presencia de carpocapsa en el mediano plazo. Si esa tendencia continúa, las consecuencias podrían alcanzar no sólo a las exportaciones hacia Brasil, sino también a la competitividad de una de las economías regionales más importantes de la Patagonia.





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