
Perder músculo durante el cáncer puede cambiar la tolerancia al tratamiento y la sobrevida
Actualidad26/06/2026
REDACCIÓNAgustina Senese advierte que el deterioro nutricional puede afectar tratamientos, internaciones, autonomía y calidad de vida en pacientes oncológicos.

La pérdida de masa muscular puede modificar el recorrido de un paciente oncológico incluso antes de que la balanza muestre un descenso evidente. El dato obliga a mirar el tratamiento del cáncer más allá de la cirugía, la quimioterapia, la radioterapia o las terapias dirigidas. La nutrición oncológica aparece como una parte del abordaje que incide en la tolerancia a las terapias, la funcionalidad diaria y la calidad de vida. Agustina Senese, especialista en alimentación oncológica, advierte que esperar a la pérdida de peso puede dejar al equipo de salud frente a un deterioro ya instalado.
El problema tiene una magnitud alta dentro de los tratamientos oncológicos. Según datos difundidos por la Asociación Civil Sostén, ocho de cada diez pacientes con cáncer presentan algún grado de malnutrición durante el proceso terapéutico. Cerca de uno de cada cinco desarrolla cuadros severos. La cifra muestra que el deterioro nutricional no aparece como una complicación marginal, sino como una condición frecuente que puede alterar el estado general del paciente. Senese remarca que esa evaluación debe comenzar desde las primeras etapas de la enfermedad.


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La especialista, licenciada en nutrición, jefa de Cuidados Paliativos del Hospital Argerich, coordinadora del área de Nutrición de la Asociación Civil Sostén y referente en nutrición oncológica, plantea una definición que cambia la mirada del tratamiento. “La nutrición no debería considerarse un complemento opcional, sino una parte integral del tratamiento”, afirmó. Su enfoque apunta a que el seguimiento alimentario no quede relegado al momento en que el paciente ya muestra adelgazamiento, debilidad o dificultades visibles para sostener sus rutinas.
La malnutrición oncológica no depende sólo de comer poco. El tumor puede alterar el metabolismo, los tratamientos pueden provocar síntomas digestivos y el diagnóstico puede afectar el estado emocional. Senese explica que intervienen factores biológicos, emocionales y sociales que se combinan durante la enfermedad. Náuseas, vómitos, diarrea, alteraciones del gusto o falta de apetito pueden reducir la ingesta, pero el proceso también puede comprometer reservas corporales aun cuando el paciente intente alimentarse.
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El peso corporal puede dar una señal incompleta y, en algunos casos, engañosa. Una persona puede mantener el mismo peso, incluso tener sobrepeso, y perder masa muscular de manera significativa. Por eso la evaluación no se limita a la balanza: también observa composición corporal, estado inflamatorio, ingesta alimentaria y funcionalidad. Senese lo resume con una meta concreta: “El objetivo no es solamente evitar que el paciente adelgace, sino preservar la mayor cantidad posible de masa muscular para sostener la autonomía y la calidad de vida”.
El cáncer puede alterar de manera profunda el funcionamiento del organismo. En muchos casos produce un estado inflamatorio que modifica el metabolismo y favorece el consumo de reservas, especialmente de masa muscular. Los tumores de esófago, estómago, páncreas, cabeza y cuello o algunos tumores intestinales integran los grupos de mayor riesgo nutricional. La especialista también marca especial atención en pacientes con enfermedad avanzada o procesos inflamatorios intensos, porque tienen más riesgo de caquexia.
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La caquexia ocupa un lugar especialmente delicado dentro de ese cuadro. Senese la describe como un síndrome complejo, con pérdida progresiva de masa muscular, que no se revierte simplemente comiendo más. Ese punto resulta central porque separa el deterioro nutricional de una idea simplificada de dieta, voluntad o cantidad de comida. En pacientes oncológicos, perder músculo puede impactar en la fuerza, la independencia, la tolerancia a los tratamientos y la posibilidad de atravesar mejor cada etapa clínica.
La intervención nutricional necesita anticiparse a los síntomas y adaptarse al momento del tratamiento. La especialista remarca que se trabaja sobre diarrea, constipación, mucositis, sequedad bucal, alteraciones del gusto y otras dificultades que pueden reducir la alimentación. “Esperar a que el paciente ya haya perdido peso o masa muscular suele ser llegar tarde”, señaló. Las estrategias pueden incluir cambios en textura o temperatura de los alimentos, comidas fraccionadas, preparaciones mejor toleradas y enriquecimiento nutricional de la dieta.
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La alimentación también debe ser posible para cada paciente, no sólo adecuada en términos técnicos. Senese plantea que el acompañamiento se construye según síntomas, tolerancia, preferencias y etapa terapéutica. “Lo importante es construir una alimentación que sea adecuada desde el punto de vista nutricional, pero también posible, tolerable y agradable para cada paciente”, explicó. Ese enfoque exige coordinación con el resto del equipo interdisciplinario, porque los problemas nutricionales suelen cruzarse con dolor, medicación, cansancio, emociones y cambios funcionales.
Los suplementos nutricionales aparecen cuando la alimentación habitual no alcanza para cubrir los requerimientos. La especialista aclara que primero se intenta optimizar la dieta cotidiana, pero en ciertos casos se necesitan productos formulados con energía, proteínas, vitaminas y minerales en volumen reducido. “No reemplazan necesariamente las comidas, sino que las complementan cuando existe riesgo nutricional o cuando las necesidades aumentan, como suele ocurrir en oncología”, indicó. La indicación debe ser individual, porque no todos los pacientes requieren el mismo apoyo.
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El acceso a esos recursos todavía marca diferencias entre pacientes. Senese reconoce un mayor consenso sobre la importancia del soporte nutricional, pero señala que persisten barreras de cobertura y disponibilidad según el sistema de salud y la situación de cada persona. Esa desigualdad puede influir en la continuidad del cuidado, justo cuando la detección temprana y el acompañamiento sostenido resultan más importantes. Para la especialista, la atención nutricional y los recursos necesarios deben integrar el tratamiento oncológico, no quedar sujetos a respuestas tardías.
El mensaje de fondo apunta a cambiar el momento de intervención. La pérdida de masa muscular, la fragilidad y las dificultades para comer pueden condicionar la respuesta terapéutica antes de que el deterioro sea evidente para el paciente o su familia. La nutrición oncológica busca llegar antes de esa caída, preservar fuerza, autonomía y tolerancia clínica, y acompañar el tratamiento desde el diagnóstico. El límite pendiente está en convertir esa mirada en una práctica accesible y sostenida para todos los pacientes.
Fuente: LA NACION.

















