Advierten que se pierden 56 horas de sueño anuales a nivel global por el cambio climático

Actualidad15/07/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un estudio de Climate Central analizó 1338 ciudades y concluyó que las temperaturas nocturnas crecientes ya deterioran el descanso global.

Insomnio
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En el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se pierden anualmente unas 44 horas de sueño debido al impacto del calor, convirtiéndose en la zona más afectada del país. Este dato surge de un informe publicado por la organización Climate Central, que midió cómo el calentamiento global afecta el descanso de la población. La investigación subraya que aproximadamente el 9% de esa pérdida puede atribuirse directamente al cambio climático, una proporción que se alinea con el promedio mundial.

El estudio no se limitó a la Argentina, sino que abarcó 1338 ciudades de todo el mundo, revelando que el calor extremo promueve una sociedad globalmente insomne. A nivel planetario, se calculó una pérdida promedio de 56 horas de sueño al año si se compara con la media registrada durante el siglo XIX. Las regiones tropicales del planeta, junto con localidades de Irán, Kenia y Arabia Saudita, se identificaron como los lugares con la mayor afectación.


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Además del AMBA, otras cinco ciudades argentinas fueron incluidas en el reporte: San Miguel de Tucumán, Rosario, Córdoba, Salta y Mar del Plata. Para el conjunto de estas localidades, se estimó una pérdida promedio de 36 horas anuales durante el último lustro, correspondiente al período 2020-2025. Cristina Dahl, vicepresidenta de Ciencia de Climate Central, explicó que, si bien la pérdida en Argentina no es tan grande como en Brasil o Centroamérica, el fenómeno está muy presente.

El impacto del calor en el sueño tiene una base fisiológica clara, ya que el organismo necesita enfriarse para poder inducir el descanso. Cuando una persona se expone a temperaturas elevadas, el cuerpo reacciona aumentando el flujo sanguíneo hacia la piel en un intento por disipar el calor. Este proceso genera una tensión adicional en los órganos internos y, si la exposición es prolongada, puede derivar en un fallo orgánico grave.


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Pablo Luis López, director de la Unidad de Salud del Sueño del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco), detalló las consecuencias de la privación del sueño. Uno de los primeros procesos afectados es la regulación emocional, lo que vuelve a las personas más irritables y ansiosas. También se alteran las dinámicas de hambre y saciedad, generando un sobreesfuerzo constante en el organismo.

A largo plazo, una privación constante del sueño deteriora el sistema inmunológico, volviendo al cuerpo más vulnerable a enfermedades. Estudios recientes también asociaron la falta de descanso con alteraciones en el sistema linfático, encargado de desintoxicar el cerebro. Estas disfunciones se vinculan con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades degenerativas como el Alzheimer.


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La investigación identificó además a los grupos más vulnerables a este fenómeno, entre los que se encuentran los trabajadores por turnos y los empleados de industrias petroquímicas y siderúrgicas. También se ven especialmente afectadas las mujeres, los adultos mayores y los trabajadores de bajos ingresos. Estos últimos suelen vivir en islas de calor urbanas o en viviendas con ventilación deficiente.

El acceso a tecnologías de refrigeración marca una profunda desigualdad en la capacidad de adaptación al calor. El informe de Climate Central encontró que las personas en países de mayores ingresos experimentan una menor pérdida de sueño, probablemente por un mayor acceso al aire acondicionado. Otras políticas de adaptación urbana incluyen el arbolado para generar sombra, la instalación de bebederos públicos y la climatización del transporte.


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Otro metanálisis científico, publicado en 2026 en la National Library of Medicine de Estados Unidos, refuerza estos hallazgos al revelar que la exposición al calor deteriora la calidad del sueño de forma sistemática. Según ese trabajo, un 64% de los encuestados presentó quejas frecuentes por este motivo. Un 54% manifestó inquietud durante el descanso y un 45% afirmó que sus horas totales de sueño se habían reducido.

Fuente: LA NACION.

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