
El regreso de El Niño pone en juego la cosecha, los dólares del agro y los precios mundiales
Enfoques18/07/2026
REDACCIÓNEl fenómeno climático ya comenzó en el país y podría modificar la producción agrícola, el ingreso de divisas y la cotización internacional de varios alimentos.

La próxima campaña agrícola argentina comenzará bajo un escenario climático que también puede influir sobre la economía. Con El Niño ya instalado en el sur de Sudamérica y con probabilidades crecientes de intensificarse durante los próximos meses, especialistas anticipan un panorama capaz de alterar tanto el volumen de las exportaciones como la evolución de los precios internacionales de los principales granos.
Para el país, el resultado dependerá de un equilibrio delicado. Un aumento de las precipitaciones podría favorecer la producción y ampliar la oferta exportable, lo que significaría un mayor ingreso de divisas. Sin embargo, si las lluvias superan determinados niveles, también podrían aparecer pérdidas de rendimiento, dificultades logísticas y complicaciones durante la cosecha, reduciendo parte de ese beneficio.


El impacto tampoco será uniforme a escala global. Mientras Argentina, Uruguay y el sur de Brasil aparecen entre las regiones con mayores probabilidades de recibir precipitaciones por encima de los valores normales, otras zonas agrícolas enfrentarían un escenario completamente diferente. El norte de Sudamérica, Estados Unidos, Australia, Asia y el sur de África figuran entre las áreas donde podrían registrarse déficits hídricos y episodios de sequía.
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Esa distribución desigual tiene consecuencias que exceden al clima. Una menor producción en algunos de los principales países exportadores puede modificar la oferta internacional de soja, maíz y trigo, además de productos como azúcar y cacao, con impacto potencial sobre los mercados alimentarios y la inflación en distintas economías.
La confirmación del fenómeno también cambió el escenario de los pronósticos meteorológicos. José Luis Stella, climatólogo del Servicio Meteorológico Nacional, explicó que "ya estamos en El Niño", al describir un cambio en la circulación atmosférica que ya provoca lluvias y nevadas sobre la cordillera, además de mayor humedad y temperaturas más elevadas en el norte argentino.
Las proyecciones de los principales centros internacionales indican que desde la primavera aumentan las probabilidades de un episodio fuerte o muy fuerte. Según Stella, la anomalía térmica del océano podría superar los 2 grados centígrados y, si rebasa aproximadamente los 2,5 grados, alcanzaría la categoría de máxima intensidad prevista para este fenómeno.
No obstante, los especialistas remarcan que todavía existe margen de incertidumbre. Alfredo Elorriaga, consultor de GEA de la Bolsa de Comercio de Rosario, sostuvo que los modelos disponibles aún no permiten comparar de manera directa este episodio con los registrados en 1992, 1998 o 2016. "No podemos asegurar" que una anomalía superior implique automáticamente consecuencias más severas, aunque consideró probable que durante el verano se superen los dos grados de calentamiento.
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Dentro del territorio argentino, las diferencias regionales también serán importantes. Stella ubicó la señal más intensa en el norte del Litoral y el Nordeste, donde las lluvias podrían mantenerse por encima de los registros habituales desde la primavera hasta el otoño. Ese comportamiento obligará a seguir de cerca la evolución de los ríos y el riesgo de inundaciones, un patrón que también podría extenderse a Paraguay, el sur de Brasil y otros sectores de la cuenca del Plata.
En provincias como Buenos Aires, Córdoba y la denominada zona núcleo, además de Uruguay, también se esperan precipitaciones superiores al promedio, aunque con una señal menos marcada. El desempeño final de la campaña dependerá de cuánto logren aprovechar los cultivos ese aporte adicional de agua y de si las lluvias permanecen dentro de niveles favorables para la producción.
El fenómeno ya dejó de ser una hipótesis para transformarse en una variable que condicionará las decisiones del sector agropecuario y el seguimiento de la infraestructura durante los próximos meses. Para la economía argentina, el desenlace dependerá de cómo convivan un eventual incremento de la producción y de los precios internacionales con los riesgos que representan los excesos hídricos sobre la cosecha y la logística exportadora.














