La biblioteca de #LA17: un asesino serial que colecciona dientes

Enfoques21/07/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Pablo Lo Presti presentó en #LA17 un thriller psicológico premiado, narrado desde la mente de un criminal que colecciona dientes.

Recomendación libro
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Un odontólogo espía a su expareja durante una noche de lluvia, regresa cubierto de barro a su departamento e intenta arrancarse un colmillo con una pinza. La escena reúne celos, obsesión, dolor físico y una relación perturbadora con los dientes. Miguel Kresnica, el protagonista, transforma cada percepción cotidiana en una amenaza para sí mismo o para quienes lo rodean.

La secuencia pertenece a El que no sabe morir soy yo, primera novela de David Muchnik, presentada por Pablo Lo Presti en su columna literaria de modo 17. El fragmento leído al aire expuso el tono del libro sin llegar a sus episodios más violentos. “Esa es una de las más tranquilas”, advirtió Lo Presti después de la lectura.

Kresnica lleva una vida exterior que podría parecer rutinaria, aunque esconde una conducta criminal sostenida en el tiempo. Ejerce como dentista y colecciona piezas dentales de sus víctimas, una práctica que vincula su profesión con los asesinatos. “Es un loco total”, sintetizó el columnista al describirlo, sin reducir la novela a una simple sucesión de crímenes.

El mayor trabajo literario aparece en la voz del protagonista, que conduce el relato desde su propia conciencia. Pensamientos, recuerdos, sensaciones corporales y asociaciones inesperadas ingresan en una corriente continua, sin la distancia tranquilizadora de un narrador externo. Lopresti destacó que “es un monólogo por momentos bastante hipnótico, perturbador”, capaz de llevar al lector hacia una mente imprevisible.


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El autor tampoco incorpora una explicación moral destinada a ordenar las acciones de Kresnica. La novela permite que el personaje hable desde su lógica, incluso cuando esa lógica resulta perversa, violenta o contradictoria. “No hay ningún intento ni de justificar ni de condenar a este personaje de parte del autor”, explicó Lopresti sobre una decisión que consideró central.

La brutalidad del argumento convive con pasajes poéticos y momentos de humor negro. Esa combinación evita que la narración permanezca siempre en una misma intensidad y permite introducir pausas en escenas especialmente tensas. El resultado produce lo que el especialista definió como “una ternura oscura”, una sensación incómoda que complejiza la relación del lector con el asesino.

La trama también incorpora una estructura afectiva enredada, atravesada por exparejas, amantes y relaciones que conectan a personajes aparentemente alejados. Kresnica inicia un vínculo con una mujer casada relacionada con uno de sus antiguos amantes. A ese circuito se suma una niña misteriosa que aparece en una plaza y comienza a acompañarlo en algunos recorridos, aunque su función queda preservada para evitar anticipar el núcleo del libro.

Las horas exactas funcionan como señales dentro del relato y ubican al lector en una noche que se vuelve cada vez más opresiva. El cuerpo ocupa otro lugar decisivo: faltan el aire y la saliva, la boca sangra y los dientes parecen trasladarse a cerraduras, manchas de humedad y objetos comunes. La mirada profesional del protagonista convierte la anatomía dental en un lenguaje para interpretar el deseo, la violencia y el deterioro.


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Muchnik comparte con su personaje la profesión de odontólogo, un dato que alimenta la curiosidad alrededor del nivel técnico de algunas descripciones. Esa coincidencia no supone un componente autobiográfico, sino el aprovechamiento literario de conocimientos específicos. Lopresti defendió la capacidad de la ficción para construir figuras extremas y recordó que esas criaturas nacen de la imaginación, no de una confesión personal.

La obra obtuvo un premio del Fondo Nacional de las Artes en 2024 y llegó a publicación durante 2025. El reconocimiento precedió a la circulación comercial de una historia que combina thriller psicológico, policial negro y exploración de la conciencia. El dato resulta significativo porque se trata del primer libro de ficción extensa publicado por el autor.

Ese debut dejó una expectativa particular sobre su futuro literario. Lo Presti consideró que Muchnik podría convertirse en una de las voces a seguir dentro del policial negro argentino, aunque su próximo trabajo también podría desplazarse hacia otros géneros. La potencia del comienzo reside tanto en la trama criminal como en la construcción de una voz difícil de abandonar después de la última página.

La música también interviene dentro de la escena leída en la radio. Kresnica escucha desde el exterior de una casa la canción “Dicha feliz”, de Virus, mientras confirma que su expareja está con otro hombre. La elección crea un contraste entre el título luminoso del tema y la experiencia de celos, lluvia, barro y humillación que atraviesa al personaje.

Lopresti recomendó buscar la novela en librerías y leerla como una experiencia narrativa antes que como un simple catálogo de atrocidades. El libro exige seguir la conciencia de alguien que altera los límites entre amor, posesión, dolor y muerte, sin ofrecer una salida moral inmediata. El próximo movimiento de Muchnik permitirá saber si esta voz inquietante fue el comienzo de una obra sostenida o una irrupción excepcional dentro del género negro argentino.

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